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Las “fábricas verdes” se multiplican por diez desde 2017

China pasó de receptor a mayor inversor mundial en plantas solares, eólicas, gigafactorías y de vehículos eléctricos, según una base de datos de la Universidad Johns Hopkins que registra cada planta extranjera levantada en el siglo XXI.

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Foro de inversores China-Gran Bretaña en Londres, Gran Bretaña, el 24 de marzo de 2026. (Xinhua/Li Ying)
Foro de inversores China-Gran Bretaña en Londres, Gran Bretaña, el 24 de marzo de 2026. (Xinhua/Li Ying)

La inversión directa extranjera en fabricación de tecnología de nueva generación —solar, eólica, baterías y vehículo eléctrico— se multiplicó por diez desde 2017, al pasar de representar en torno al 2% de todos los flujos de inversión directa extranjera a cerca del 20% entre 2017 y 2025, según la base de datos Cleantech Manufacturing Foreign Direct Investment (CMFDI) elaborada por el Net Zero Industrial Policy Lab de la Universidad Johns Hopkins. El estudio, firmado por Praveena Bandara, Ishana Ratan, Tim Sahay, Kevin Gallagher, Xiaokang Xue, Mathias Larsen y Bentley Allan, y presentado el 22 de septiembre de 2026, recoge inversiones greenfield en plantas de solar, eólica, baterías y vehículo eléctrico entre 2000 y 2025. El dato central que subraya la investigación es que el gran movimiento de la última década ya no consiste en que los productos chinos inunden los mercados, sino en que las plantas de fabricación chinas se levantan fuera de China. Y no solo las chinas: la base de datos rastrea cada planta extranjera de solar, eólica, vehículos eléctricos y baterías construida en el siglo XXI, lo que permite ver que la deslocalización de la producción de tecnología de nueva generación es un fenómeno global, no exclusivamente chino.

Hasta 2017, la CMFDI se concentraba en economías avanzadas y los flujos se dirigían sobre todo a la eólica, con inversores de Dinamarca, Alemania y Francia. La solar superó a la eólica hacia 2013 en número de proyectos y volumen de inversión, en paralelo al ascenso de China: entró en la solar en 2003 como destino de inversiones japonesas y una década después emergió como inversor en la misma tecnología. A partir de 2017 se produjo una primera oleada de inversión hacia mercados emergentes —Hungría, Marruecos, Tailandia, Indonesia, Malasia y Eslovaquia—, impulsada sobre todo por proyectos de baterías y vehículo eléctrico. Tras 2022, una segunda oleada atrajo altas cuotas de inversión solar y de vehículo eléctrico hacia Omán, Etiopía, Turquía e India. El estudio constata que China “se ha convertido tanto en el mayor receptor como en la mayor fuente de CMFDI”, con inversiones salientes superiores al total combinado de los países avanzados de la muestra. Vietnam sigue una trayectoria similar, aunque a menor ritmo y escala, e India también ha aumentado su inversión saliente. Japón y Corea se sitúan cerca de China en inversión neta saliente, mientras EEUU destaca desde 2021 como gran destino receptor de capital. El investigador Albert Pinto, del Net Zero Industrial Policy Lab, resumió el hallazgo en la red social X el 25 de septiembre señalando que el fenómeno relevante no es la presencia de vehículos eléctricos chinos en todos los mercados, sino la presencia de sus fábricas en todo el mundo, y que la base de datos permite comprobar que no se trata solo de empresas chinas expandiéndose al exterior.

El análisis econométrico, basado en un modelo de regresión Poisson Pseudo-Maximum Likelihood (PPML) con datos agregados por país y año, identifica los factores que atraen y empujan estas inversiones. En el lado de la atracción, los inversores se sienten motivados por mercados grandes y en crecimiento, una base manufacturera consolidada y la abundancia de minerales de transición. Las economías más grandes atraen más proyectos y más capital —en torno a un 117% y un 176% más que la economía media—, mientras que las economías en crecimiento atraen alrededor de un 25% más de proyectos. Los países con una base manufacturera superior a la media reciben cerca de un 29% más de proyectos y un 96% más de capital, y los exportadores de minerales en bruto atraen alrededor de un 23% más de proyectos y un 42% más de capital. En el lado del empuje, los inversores salen de sus países por los altos costes laborales —un país inversor con un coste laboral unitario una desviación estándar por encima de la media registra en torno a un 150% más de proyectos en el exterior— y por la saturación de sus mercados domésticos: un aumento de una desviación estándar en la capacidad instalada en origen se asocia con un 81% más de proyectos y un 169% más de capital en el extranjero. El estudio concluye que “los inversores están más motivados por el tamaño de la base potencial de clientes”, mientras que la abundancia de minerales, una capacidad manufacturera por encima de la media y una mano de obra más barata también influyen en la decisión empresarial. Pinto resume ese hallazgo señalando que la mayor palanca de un país para atraer plantas extranjeras es un gran mercado interior, no la mano de obra barata.

El estudio también analiza el impacto en los países receptores mediante un marco de proyecciones locales. La finalización de un proyecto de inversión extranjera se asocia con un aumento de las exportaciones de la cadena de valor: en el caso del vehículo eléctrico, en torno a un 25% en el año de finalización, hasta un 30% un año después y alrededor del 10% tres años después; las baterías alcanzan un pico del 20% en el primer año; la solar crece de forma sostenida hasta un 10% en el tercer año; la eólica apenas muestra efecto. En despliegue doméstico, la solar destaca con un aumento de la capacidad instalada que alcanza en torno a un 60% cinco años después de la finalización del proyecto. El texto señala que “la finalización de un proyecto de inversión extranjera no se corresponde con un aumento de las importaciones de componentes para la mayoría de las tecnologías”, lo que “apunta a un aumento de la producción doméstica en lugar de un simple paso de mercancías”. El estudio menciona el caso del Estado español: “Una única planta de propiedad conjunta chino-europea convertirá a España en uno de los principales países fabricantes de baterías del mundo por capacidad. La inversión conjunta de Stellantis y CATL de 4.100 millones de euros en una planta de baterías de 50 GWh es una vía de transferencia tecnológica sino-europea”. También cita Indonesia como “el mayor destino para extranjeros que construyen fábricas de baterías, vehículo eléctrico y solar en el archipiélago”, con empresas conjuntas como condición para acceder al mercado. El estudio concluye que “la experiencia de China, que pasó de ser un destino neto a ser el mayor proveedor de CMFDI, sugiere que puede ser posible utilizar la CMFDI para construir industrias domésticas fuertes que puedan salir al mundo”.