La “Revolución de los Flamencos” se extiende por Albania
El movimiento contra el resort de lujo vinculado al yerno de Trump en la isla de Sazan cumple más de 100 días y se radicaliza tras la irrupción estudiantil y las demandas por el aumento del coste de vida, dejando numerosos disturbios, destrozos y 98 procesados.
Las protestas en Albania, conocidas como la “Revolución de los Flamencos”, han entrado en una fase de radicalización tras tres días consecutivos de enfrentamientos en Tirana y otras ciudades. El movimiento, que comenzó a finales de mayo de este año contra la construcción de un resort turístico de lujo vinculado a Affinity Partners (la firma de inversión de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump) en la isla deshabitada de Sazan y el ecosistema protegido de Vjosa-Narta, hábitat de los flamencos rosados, ha evolucionado de protesta ambiental a un vasto movimiento anticorrupción y anti-gubernamental que exige la dimisión del primer ministro Edi Rama, en el poder desde 2013.
Este miércoles, decenas de miles de estudiantes y jóvenes se sumaron a las concentraciones que durante más de cien días se habían mantenido sin grandes incidentes frente a la Oficina del Primer Ministro. Los enfrentamientos posteriores se saldaron con al menos 89 heridos, “61 de ellos agentes de policía”, y 55 detenidos, según la Policía de Estado y el Ministerio de Salud. Las autoridades han informado en menor medida sobre manifestantes heridos, que presumiblemente serán más que los reportados. De momento, la protesta se ha extendido a Shkodër, Korçë, Durrës, Vlorë y Elbasan, y estudiantes de secundaria se han sumado a las concentraciones.
Los manifestantes, donde se han producido varios episodios de enfrentamientos de alta intensidad con las fuerzas policiales y destrozos contra edificios gubernamentales, aulas y sucursales bancarias, señalan como detonante inmediato los costes elevados de los estudios, las malas condiciones en universidades y residencias, la falta de apoyo financiero y las escasas perspectivas laborales en uno de los países más pobres de Europa. Las quejas recurrentes incluyen el coste de la vida, la corrupción percibida (“solo encuentras trabajo si conoces a alguien que conoce a alguien”, resume una manifestante), la desigualdad que simboliza el proyecto de Kushner y la percepción de que las élites políticas albanesas viven desconectadas de las condiciones de vida de la población. Investigaciones periodísticas de OCCRP y Balkan Insight han señalado opacidad en la estructura societaria del proyecto, con empresas en paraísos fiscales, y cambios legislativos previos que facilitaron construcciones en zonas protegidas. El movimiento, que ha mantenido concentraciones diarias durante más de cien días con un fuerte componente juvenil, artístico y cívico, se ha extendido a la diáspora albanesa.
La respuesta del Gobierno ha sido de firmeza. El primer ministro Edi Rama declaró a Reuters: “Los gobiernos se cambian mediante elecciones democráticas. Tuvimos elecciones el año pasado, no una revolución”. Rama ofreció “diálogo” con los estudiantes sobre los costes de la educación, pero condenó los disturbios: “Atacar instituciones, destruir propiedad pública y amenazar la seguridad pública no tiene nada que ver con las demandas legítimas de los estudiantes”. El primer ministro acusó a la oposición de estar detrás de las reyertas y prometió que “quien tenga mano en este caos pagará”. Al igual que el Gobierno francés ante el movimiento de los liceos, la policía de Albania ha tratado de restar legitimidad a la protesta asegurando que “muchos de los encapuchados no son estudiantes de verdad, sino personas reclutadas”, y apeló a los padres a no permitir que menores participen en la primera línea de los enfrentamientos. El presidente Bajram Begaj condenó los incidentes y pidió calma: “La Constitución y la ley deben ser el límite para todos”. La ministra de Economía, Delina Ibrahimaj, calificó la “quema y destrucción de locales institucionales” como “actos inaceptables”.
La Unión Europea, cuya adhesión es el principal objetivo declarado de Albania para 2030, se ha mostrado “preocupada por la escalada violenta y por denuncias de uso excesivo de la fuerza policial”, y ha pedido una “respuesta proporcional” e “investigaciones”. El Partido Democrático, principal fuerza de oposición, respalda las protestas estudiantiles y pide un gobierno de transición para elecciones anticipadas.
El movimiento de los flamencos ha puesto de manifiesto la fractura entre un Gobierno que apuesta por el proceso de adhesión europea y una juventud trabajadora que emigra masivamente ante la falta de perspectivas. Esto, unido a la combinación de demandas ambientales, educativas y anticorrupción, ha generado un cóctel explosivo: la privatización de bienes comunes, la penetración de capital extranjero en zonas protegidas y la percepción de que las instituciones no responden a las necesidades de la mayoría ha terminado por agotar la paciencia de los sectores más golpeados por una crisis crónica.