La oposición de izquierdas ucraniana denuncia internacionalmente la represión que sufre por parte del gobierno de Zelensky
Representantes de la izquierda ucraniana mandan un SOS a Pedro Sánchez y a los partidos de izquierdas de todo el mundo ante la persecución que sufren en Ucrania por parte del gobierno de Kiev, y denuncian el silencio de la "Internacional Socialista".
Maxim Goldarb, militante de izquierdas ucraniano, ha enviado internacionalmente una carta abierta a los partidos socialdemócratas de todo el mundo. El artículo, que ha sido publicado en la web alemana NachDenkSeiten, denuncia “la situación de represión que enfrenta el movimiento socialista en Ucrania bajo el gobierno de Volodímir Zelensky”. En su mensaje, dirigido especialmente a Pedro Sánchez, presidente de la autoproclamada "Internacional Socialista", Goldarb expone “la detención, persecución y hasta el asesinato de líderes y periodistas de izquierda”, quienes, tras criticar la corrupción y el avance de la extrema derecha en el país, se han convertido en víctimas de una campaña de hostigamiento que dura ya casi tres años.
Goldarb recuerda un hecho que por lo general se desconoce en Europa: absolutamente todos los partidos de izquierda han sido ilegalizados en Ucrania desde el inicio de la guerra, incluídos los socialdemócratas más moderados. Además, las autoridades acusan sin pruebas a estos movimientos de “conspirar contra el gobierno”. Los partidos de izquierda ucranianos, particularmente la Unión de Fuerzas de Izquierda de Ucrania, fueron prohibidos únicamente "por abogar por la paz y una solución negociada", como asegura el propio Goldarb. Este bloque también denunció a los que consideró "los beneficiarios de la guerra en Ucrania": la oligarquía, el complejo militar-industrial y los altos funcionarios. Además, opusieron cierta resistencia al apogeo del neonazismo en el país.
El autor denuncia además que a los líderes de los movimientos que estaban implicados en actividades de este tipo y que no lograron salir del país se “les encarceló o asesinó”, mencionando casos concretos como la detención de los comunistas hermanos Kononovich y del periodista Jan Taksyur. Denuncia también la destrucción de sedes de partidos de izquierdas por grupos neonazis y critica el silencio de la "Internacional Socialista" y de líderes europeos, señalando que estos valores de "solidaridad" y "justicia" han sido olvidados por las figuras de izquierdas de referencia en Europa.
Goldarb recuerda el legado de Willy Brandt y Olof Palme en la histórica Internacional Socialista, líderes que, según él, “consolidaron este movimiento como defensor de la justicia social y de la paz mundial en el siglo XX”. Frente a esta tradición y a otras como la de “Engels, Liebknecht, Luxemburg, Kautsky, Vandervelde, Bauer, Adler y Bebel”, Goldarb cuestiona que la "Internacional" actual, liderada por el presidente español, “sea incapaz de responder ante la represión de la izquierda en Ucrania”. En su apelación final, el autor llama a una "solidaridad activa" y pide que se defienda a los perseguidos.