50 años de la matanza de Gasteiz
Este 3 de marzo se cumple medio siglo de la masacre contra el indomable "soviet de Vitoria" que Fraga quiso aplastar: la Policía Armada asesinó a cinco trabajadores e hirió a más de un centenar al desalojar una asamblea obrera en la iglesia de Zaramaga.
Gasteiz (Araba) amaneció el 3 de marzo de 1976 paralizada por la tercera jornada consecutiva de huelga general dentro de tres meses de intensa conflictividad laboral en la ciudad. Se levantaron barricadas en las calles y hubo un seguimiento masivo que bloqueaba la ciudad desde las primeras horas. Hacia las once de la mañana, cargas policiales con fuego real en la Avenida del Generalísimo dejan ya varios heridos de bala, entre ellos una mujer en su casa; la ciudad se colapsa por completo para el mediodía. Los trabajadores, organizados en asambleas independientes, resisten la presión de la patronal y las autoridades franquistas, que ven en esta movilización una amenaza directa al régimen.
A las cinco de la tarde, cerca de 4.000 personas llenan la iglesia de San Francisco de Asís en el barrio de Zaramaga para una asamblea determinante; la Policía Armada rodea el templo y da la orden de desalojo sin esperar respuesta. Irrumpen rompiendo cristales y lanzando botes de humo y gases lacrimógenos al interior; el pánico estalla, la gente se echa al suelo asfixiándose, mientras algunos rompen ventanas para escapar. “Tiraron botes de humo. Nos ahogábamos. Nos decían ‘Tapaos la boca y tumbaos’”, recuerdan algunos testigos. Otros optan por huir y reciben “palos” de los agentes. Y entonces, unos estruendos.
Fuera del templo, la Policía forma pasillos de porras y culatazos para los que salen medio asfixiados por el gas; luego abren fuego indiscriminado con pistolas y ráfagas de fusil contra quienes huyen o gritan desde las calles. Realizaron alrededor de mil disparos. Caen asesinados cinco jóvenes obreros: Pedro María Martínez Ocio (27 años, Forjas Alavesas), Francisco Aznar Clemente (17 años, panadero y estudiante), Romualdo Barroso Chaparro (19 años, trabajador de la empresa de maquinaria agrícola Agrator), José Castillo García (32 años, Grupo Arregui) y Bienvenido Pereda Moral (30 años, Grupos Diferenciales).

Los heridos, que se cuentan por más de cien, 41 de ellos de bala, saturan los hospitales, y otros intentan ser atendidos clandestinamente por miedo a las represalias, mientras las emisoras de FM captan la señal policial:
"Te puedes figurar, después de tirar más de mil tiros y romper la iglesia de San Francisco. Te puedes imaginar cómo está la calle y cómo está todo. ¡Muchas gracias, eh! ¡Buen servicio! Dile a Salinas, que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. Aquí ha habido una masacre. Cambio. De acuerdo, de acuerdo. Pero de verdad una masacre".









Grabaciones internas de mandos confirmaron que la masacre fue premeditada. Manuel Fraga, ministro de la Gobernación, justifica días después la represión como necesario para “recuperar el orden” ante lo que él veía como una sublevación inminente. Así lo describió en sus memorias: “En Vitoria se había constituido un soviet que había paralizado la ciudad y amenazaba con extenderse”. El dictamen del Parlamento Vasco de 2008 lo señala como responsable político junto a Rodolfo Martín Villa y Alfonso Osorio. Ninguno de ellos fue procesado por el crímen, y ni siquiera comparecieron ante la comisión investigadora, alegando "falta de potestad". Las víctimas también señalan a la burguesía local como corresponsable, por haber presionando para que se reabrieran fábricas.
El funeral por los cinco obreros asesinados se celebra dos días después, el 5 de marzo, en la Catedral Nueva de la ciudad, un auténtico acto de masas cargado de simbolismo y tensión, bajo estricta vigilancia policial. Miles de trabajadores desfilan en una enorme comitiva fúnebre portando los ataúdes a hombros desde diversos puntos de la ciudad hasta la catedral, donde el obispo oficia la misa acompañado de más de 50 sacerdotes, y se lee una homilía firmada colectivamente que denuncia con firmeza la represión policial, recordando que dos de las víctimas fueron asesinadas prácticamente a la sombra de un templo. El ambiente es de profunda indignación por la masacre, convirtiendo el funeral en un improvisado acto de protesta masiva, donde los asistentes alzan los puños o los dedos con señal de victoria.
La procesión posterior con los féretros a hombros hasta el Gobierno Civil genera un clima de confrontación, con insultos como "asesinos y cobardes" hacia la policía. En audios de la radio se escucha cómo los agentes hablan de "provocaciones que se están pasando" y los mandos piden "calma" para evitar un "chispazo", aunque testigos recuerdan que los policías "tienen ganas" contra la multitud, que les escupe e insulta. Este clima evidencia el protagonismo de la lucha obrera en plena Transición, precipitando tensiones políticas que imposibilitarian la continuación del régimen franquista tal cual estaba. Las demandas laborales de las comisiones representativas que se formaron en las luchas de fábricas en Gasteiz se cumplieron íntegramente.
De hecho, la huelga no se doblega, ni en Gasteiz, ni en Euskal Herria, ni en el Estado español, ni internacionalmente: las protestas solidarias propagan como un fuego. La clase obrera vuelve a enfrentar la feroz represión con valentía. "Si salís hoy, dispararemos a matar", amenazan los agentes a la puerta de las fábricas. Y los trabajadores no obedecen, salen a la lucha y vuelven a pagar el un alto precio, con el asesinato de dos obreros de la construcción por las balas de la policía: Juan Gabriel Rodrigo Knafo de 19 años en Tarragona (Catalunya) el 6 de marzo y Vicente Antón Ferrero en Basauri (Bizkaia) el 8 de marzo.







Dimensión internacional: Ecos de lucha y represión en Italia, querella Argentina
El 14 de marzo, en Roma (Italia), convocan movilizaciones ante la embajada española para denunciar la sanguinaria represión de Gasteiz, internacionalizando la causa. En los incidicentes se registran dos jóvenes heridos de bala por disparos de la Policía. Una de las balas alcanza a Mario Marotta, un viandante de 53 años que ni siquiera participaba en la manifestación, simplemente pasaba por allí junto a su pareja. Marotta tenía un hermano que era agente del Arma de Carabineros.
Años después, una querella en argentina imputa a Martín Villa por homicidio agravado como crimen de lesa humanidad por los crímenes del franquismo, incluida la matanza del 3 de marzo de 1976 en Gasteiz. La causa sigue formalmente abierta pero sin llevarle a juicio: la jueza Servini lo procesa en 2021 por varios homicidios agravados en contexto de crímenes de lesa humanidad, entre ellos tres de los cinco asesinatos del 3‑M y el de Germán Rodríguez en los Sanfermines del 78, pero ese procesamiento es revocado después por la Cámara de Apelaciones y la Casación confirmó en 2022 que quedaba anulado, de modo que continúa imputado y se siguen practicando diligencias, aunque hoy por hoy no hay un nuevo procesamiento firme ni juicio señalado, y en el Estado español también se han archivado intentos de investigarlo penalmente por esos hechos.
A cincuenta años exactos, la Asociación Martxoak 3, las víctimas y los movimientos sociales y políticos de Gasteiz mantienen viva la memoria y la lucha con actos en Zaramaga, eventos y marchas anuales, rompiendo el silencio oficial y la impunidad que dura décadas, recordando el ejemplo y el significado de la lucha de quienes lo dieron todo.
