Cincuenta años de las torturas que dejaron en evidencia al Estado español
La militante de la ORT Amparo Arangoa fue salvajemente apaleada a manos de los torturadores de la Guardia Civil; sus imágenes dieron la vuelta al mundo, pero no sirvieron para castigar a los responsables.
El 21 de abril de 1976, la Guardia Civil detuvo a la trabajadora leitzarra y líder sindical de la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) Amparo Arangoa a la salida de la fábrica de papel Sarrio, un arresto que cumplió ayer 50 años como símbolo de la represión contra los movimientos obreros y revolucionarios en Euskal Herria. Tras ser trasladada al cuartel de Tolosa (Gipuzkoa), Arangoa sufrió un calvario de tres días de torturas sistemáticas por parte de agentes bajo el mando del capitán Jesús Muñecas Aguilar, quienes la dejaron en estado crítico.
En el parte médico del hospital Virgen del Camino de Iruñea (Nafarroa), donde fue ingresada de urgencia tras la intervención de las propias esposas de los guardias civiles y el médico local, la joven presentaba "hematomas muy extensos y profundos en muslos y glúteos", además de bloqueos renal e intestinal derivados de la violencia física recibida, según recordaba un reportaje del semanario euskaldun Argia.
La efeméride de estas cinco décadas pone el foco en la publicación de las fotografías de su cuerpo totalmente amoratado en la revista Zeruko Argia, un hito informativo que desarticuló la retórica oficialista que negaba la existencia de la tortura en el Estado español. Javier Yaben, autor de las imágenes, y el abogado Patxi Zabaleta lograron burlar la vigilancia policial en la habitación del hospital para captar el rastro de la violencia de las fuerzas represivas. Las fotos, que circularon internacionalmente a través de medios como The Times o la Bienal de Venecia, forzaron al entonces ministro de la Gobernación, Manuel Fraga, a calificar los hechos cínicamente como "unos azotes en el trasero" durante una entrevista en la televisión venezolana, según recogen las fuentes documentales de la época.
El capitán Jesús Muñecas, el rostro de la impunidad
El aparato jurídico y militar del Estado garantizó durante medio siglo la impunidad de los torturadores, una constante que la fundación Euskal Memoria cifra en al menos 9.633 casos de tortura documentados en Euskal Herria en este periodo. La familia Arangoa interpuso una denuncia que el juzgado de Iruñea rechazó para derivarla a la jurisdicción militar, donde quedó sepultada definitivamente. El principal responsable de los hechos, el capitán Jesús Muñecas, un mando con fama de "siniestro torturador", no solo evitó la cárcel por este crimen, sino que promocionó en su carrera. Muñecas, quien años después participaría activamente en el intento de golpe de Estado del 23-F junto a Antonio Tejero, recibió incluso un destino con mayor mando en el famoso cuartel de Intxaurrondo de Donostia tras el escándalo de las fotografías. Años después, la jueza argentina María Servini le acusó de haber participado en las torturas infligidas a Andoni Arrizabalaga en 1968 en Zarautz (Gipuzkoa), pero no fue condenado y sigue en libertad cobrando la pensión máxima.
Por tanto, el aniversario recuerda que el caso de Amparo Arangoa, fallecida en 1991 viendo impunes a sus torturadores y sin poder olvidar el tormento al que fue sometida, fue otra más entre los miles que han conocido las largas noches de las comisarías españolas. El caso de Arangoa fue diferente porque la víctima era una mujer, el material gráfico no dejaba lugar a dudas y se difundió internacionalmente. Txomin Olaetxea, compañero de militancia de Arangoa en la ORT, subrayaba que la lucha sindical en las papeleras y la presión del Consejo de Trabajadores de Navarra fueron respondidas con esta violencia que las instituciones han intentado tapar.