Alemania presenta su primera estrategia bélica desde 1945 para “volver” a ser la primera potencia militar europea
El Ministerio de Defensa busca movilizar a 460.000 efectivos y agilizar el reclutamiento frente a la “amenaza inmediata de Rusia”, recibiendo el aplauso de Die Linke.
Por primera vez en su historia tras la Segunda Guerra Mundial, la República Federal Alemana ha diseñado y presentado una estrategia militar integral con el objetivo confeso de convertir a la Bundeswehr en la fuerza hegemónica convencional del continente europeo. El ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), justificó este giro belicoso bajo la premisa de un "orden internacional impredecible y peligroso", señalando directamente a Rusia como "la mayor y más inmediata amenaza" para lo que denominan como "seguridad transatlántica". Según el documento presentado en Berlín y citado por DW, gran parte del cual permanece bajo estricto secreto de Estado, el Gobierno asume que Moscú "se está preparando para un ataque contra territorio aliado", lo que, según ellos, "obliga" a las fuerzas armadas alemanas a una transformación radical hacia la "disuasión activa" y la preparación para la guerra.
El eje central de esta nueva doctrina es el incremento masivo y acelerado del personal militar, evocando una movilización general de la sociedad. El plan gubernamental proyecta alcanzar una fuerza operativa de 460.000 soldados a mediados de la próxima década, de los cuales 200.000 formarán parte de una reserva adiestrada destinada a servir de "nexo indisoluble" entre las fuerzas armadas y la sociedad civil. Para alcanzar estas cifras, Pistorius confía en un nuevo sistema de reclutamiento que combina "incentivos económicos" con la obligatoriedad de realizar exámenes médicos a todos los hombres jóvenes, además de un sistema que prohíbe a los varones a notificar a las autoridades militares si van a abandonar el país para tres meses o más. Aunque el secretario de Estado, Nils Hilmer, afirmó que la reinstauración del servicio militar obligatorio "no está actualmente en agenda", la estrategia deja abierta la puerta a su implantación inmediata si las cuotas de reclutamiento voluntario no satisfacen las exigencias de la OTAN de "asegurar el flanco oriental".
La estrategia se complementa con un "Perfil de capacidades" centrado en la defensa antiaérea —donde los sistemas Patriot juegan un rol fundamental como pilares de la fortaleza germana— y una "Agenda de desburocratización". Esta última medida busca eliminar las trabas administrativas internas para agilizar la movilización de tropas y la gestión industrial de recursos, estableciendo una fecha de caducidad automática para todas las normas internas que no resulten útiles en un escenario de conflicto inminente. El Ministerio de Defensa describe estos planes como "documentos vivos", una terminología que oculta la flexibilidad que emplean para adaptar el aparato represivo y militar del Estado a las cambiantes necesidades de la guerra imperialista en el Este y el control social en el interior, eliminando progresivamente los procedimientos de "control democrático".
Desde el ámbito político, las reacciones muestran el inquietante y previsible consenso de la clase política alemana en torno al rearme y los planes militares que miran hacia el Este. Ulrich Thoden, portavoz de "política de defensa" del grupo parlamentario de Die Linke (La Izquierda), calificó la estrategia de "lógica y necesaria", aunque matizó que "Alemania no debe aspirar a convertirse en una gran potencia militar". Sin embargo, la histórica reforma indica una dirección inequívoca: una transferencia masiva de recursos públicos hacia el complejo militar-industrial y la militarización de la población alemana para sostener la hegemonía de la OTAN, mientras crece la pauperización social y recortes en el salario indirecto para la clase trabajadora.
El mayor presupuesto militar desde 1945
Este giro doctrinal se sustenta en una inversión sin precedentes desde 1945. Según documentos internos revelados por POLITICO en octubre de 2025, el canciller Friedrich Merz planeaba inyectar 377.000 millones de euros en un programa de rearme que incluye 320 proyectos de armamento en tierra, mar, aire, espacio y ciberdefensa. Para financiar este arsenal, Berlín ha recurrido a un nuevo modelo presupuestario que excluye el gasto militar del freno constitucional a la deuda, priorizando el rearme sobre la estabilidad fiscal y los servicios públicos. Esta transferencia masiva de recursos públicos beneficiará fundamentalmente al complejo militar-industrial nacional; empresas como Rheinmetall ya han recibido adjudicaciones valoradas en 88.000 millones de euros para blindados Puma y Boxer, mientras que la bávara Diehl Defence proveerá sistemas de misiles por más de 4.200 millones.
La expansión armamentística también alcanza el ámbito extra-atmosférico, con 14.000 millones de euros destinados a satélites de vigilancia y comunicaciones para consolidar el poder tecnológico germano dentro de la alianza atlántica. No obstante, Alemania mantiene su dependencia de la industria de los Estados Unidos con la compra de cazas F-35 y misiles Tomahawk por 14.000 millones. Esta carrera armamentística, la mayor desde la caída del Tercer Reich, ha despertado advertencias sobre la recurrencia histórica de la inestabilidad en el continente cuando Berlín apuesta por el militarismo masivo como eje de su política exterior.