El preso político comunista Lucio García Blanco sale en libertad tras más de 30 años de prisión
El militante del PCE(r), de 75 años y afectado por una demencia neurodegenerativa incurable, abandona el centro penitenciario de Villabona sin haber cedido ante las presiones del Estado.
Lucio García Blanco, obrero asturiano y militante comunista desde hace cinco décadas, recuperó la libertad este domingo 26 de abril tras extinguir su condena en la cárcel de Villabona (Asturies). A sus 75 años, García Blanco abandona el sistema penitenciario con un cuadro de salud extremadamente grave, diagnosticado con demencia senil, Alzheimer y trastorno adaptativo, además de lesiones crónicas de espalda derivadas de las torturas sufridas durante sus seis detenciones policiales. Según ha denunciado el Socorro Rojo Internacional (SRI) en la página presos.org, el Estado español ha mantenido al militante en prisión hasta el último momento, denegándole sistemáticamente la libertad condicional por su negativa a aceptar el chantaje del arrepentimiento o la firma de condiciones que vulneraban su dignidad como preso político.
La trayectoria de García Blanco está marcada por una resistencia ininterrumpida frente a la represión. A lo largo de su vida, ha realizado 23 huelgas de hambre, una de las cuales, en 1981, le dejó en estado comatoso a las puertas de la muerte tras 47 días de ayuno en demanda de condiciones dignas para los presos políticos comunistas. Su abogada recurrió el pasado diciembre la denegación de su libertad, alegando que su enfermedad neurodegenerativa afectaba gravemente su capacidad de comprensión y que su permanencia en prisión comprometía su vida. No obstante, el Gobierno español mantuvo el régimen de reclusión, llegando a prohibir visitas de amigos un mes antes de su salida bajo la excusa de "problemas de drogas" de otros presos en el centro, una medida que sus compañeros califican de "criminal".
La biografía del militante muestra la persecución del Estado contra los militantes del PCE(r) y la aplicación de leyes excepcionales. Detenido por primera vez en 1977, García Blanco denunció torturas brutales durante 240 horas a manos de agentes como "Manolito Ribera" o el "Guapo", que incluyeron métodos como la bañera y golpes constantes en la cabeza y los pies. Posteriormente, en 1978, fue sometido a simulacros de ejecución mediante la "Ley de Fugas" tras 13 días de incomunicación. A pesar de ser condenado por hechos como "cortar un pino" para protestar por la libertad de los presos políticos o por "colaboración en grado de intención" —al preparar un número de la revista Resistencia—, el sistema judicial le impuso décadas de privación de libertad bajo la doctrina del "todo es GRAPO".
"Con la cabeza alta"
El caso de García Blanco evidencia la persistencia de los mecanismos de castigo contra la disidencia política en el Estado español, incluso cuando esta se manifiesta en sujetos con facultades cognitivas mermadas. En sus propios testimonios, el militante recordó cómo el juez Baltasar Garzón le impidió la presencia de su abogado tras haber sido torturado durante 168 horas, ignorando las pruebas físicas de los malos tratos. A pesar de este historial de violencia institucional, las organizaciones solidarias de su entorno recuerdan que el Estado no ha logrado que el obrero avilesino reniegue de sus ideas o de su condición de preso político, saliendo de prisión "con la cabeza alta".
La liberación de Lucio García Blanco se produce en un contexto de denuncia sobre el trato que reciben los presos gravemente enfermos dentro de las cárceles españolas. Su caso ha sido el centro de numerosas campañas antirrepresivas que señalaban la contradicción entre la legislación penitenciaria —que teóricamente contempla la libertad para enfermos incurables— y la práctica política del Ministerio del Interior. A su salida de Villabona, el veterano comunista ha sido recibido por colectivos solidarios que reivindican su figura como un ejemplo de resistencia obrera que ha atravesado medio siglo de lucha desde la clandestinidad y el presidio. En estos momentos, la presa política María José Baños está padeciendo una situación similar.