Trump y Xi pactan una tregua comercial bajo la amenaza de una guerra por Taiwán
China condiciona la “alianza de estabilidad estratégica” a la “línea roja” sobre la isla, mientras EEUU logra compras masivas de tecnología, energía y productos agroalimentarios.
Los presidentes de las dos mayores potencias económicas del mundo, Xi Jinping y Donald Trump, acordaron este jueves en Pekín un nuevo marco de relaciones bautizado como "estabilidad estratégica constructiva" para los próximos tres años. Tras nueve años sin la visita de un mandatario estadounidense a la capital china, la cumbre en el Gran Salón del Pueblo buscó rebajar la tensión tras la guerra arancelaria del año pasado con una batería de acuerdos comerciales y gestos simbólicos, como la visita conjunta al Templo del Cielo. Según la agencia oficial Xinhua y el diario China Daily, Xi Jinping propuso superar la "trampa de Tucídides" —el conflicto inevitable entre una potencia emergente y una establecida— mediante "la cooperación", aunque condicionó cualquier avance en esta materia a que Washington respete la soberanía china sobre Taiwán.
El líder chino fue tajante al señalar que la cuestión de Taiwán es "el tema más importante" y el "primer denominador común" que determinará la paz o el enfrentamiento entre ambas potencias. Durante las más de dos horas de reunión a puerta cerrada, Xi advirtió a Trump de que si este asunto se "maneja mal", los dos países podrían entrar en "colisión e incluso en conflicto", calificando la independencia de la isla y la paz en el estrecho de Taiwán como "conceptos irreconciliables como el fuego y el agua". Según el comunicado facilitado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de China, el mandatario asiático subrayó que el respeto a esta "línea roja" es la base política sobre la que se asienta toda la relación bilateral y la situación global.
En el plano económico, la administración Trump utilizó la cumbre para impulsar el retorno de capitales y pedidos hacia la industria estadounidense, logrando el compromiso de compra de 200 aviones Boeing y un aumento significativo en la importación de soja, ternera y energía (gas licuado y petróleo). Trump, que viajó acompañado de una delegación de la guardia pretoriana del capital tecnológico y financiero como Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), Jensen Huang (Nvidia) y Larry Fink (BlackRock), entre otros, describió a Xi como un "gran líder" y afirmó con su habitual grandilocuencia que "la relación entre China y EEUU va a ser mejor que nunca". Los equipos económicos de ambos países, que ya habían mantenido contactos previos en Corea del Sur, reportaron resultados "equilibrados" que incluyen la creación de un foro permanente para gestionar flujos comerciales en sectores no sensibles.
"Irán nunca podrá tener un arma nuclear"
En el ámbito geopolítico, la Casa Blanca informó de que ambas partes coincidieron en que "Irán nunca podrá tener un arma nuclear" y en "la necesidad de mantener abierto el Estrecho de Ormuz para garantizar el flujo energético mundial", en medio de la fuerte inestabilidad desatada por los ataques de Washington y Tel Aviv en Asia Occidental. Por su parte, la lectura oficial china omitió mencionar explícitamente a Teherán, centrándose en la "oposición a la militarización del estrecho" en general, y en el interés de Pekín por diversificar sus fuentes de crudo con la compra directa a EEUU para reducir su dependencia de zonas de guerra. Además, China ya declaró anteriormente su oposición a las guerras de agresión que atentan contra la soberanía de los países. Esta divergencia en los comunicados muestra que persisten de intereses estratégicos contradictorios pese al tono de cordialidad personal exhibido por los mandatarios durante el banquete de Estado.
Xi Jinping: "El gran renacer de China y hacer a América grande de nuevo pueden ir de la mano"
La cumbre, que concluye este viernes, deja unas declaraciones de tregua táctica donde la transferencia de recursos y los pedidos industriales sirven de contrapeso a las profundas disputas tecnológicas y militares. Xi Jinping aprovechó el brindis final para intentar conciliar los eslóganes nacionales de ambos países, afirmando que el "gran renacer de la nación china" y el objetivo de "hacer a América grande de nuevo" pueden "ir de la mano".
Diferentes analistas internacionales consultados por agencias internacionales advierten de que, bajo la pompa diplomática y las compras multimillonarias, la rivalidad estructural por la hegemonía tecnológica y el control de los minerales estratégicos sigue intacta, supeditada a una tensión que se puede decantar en varias direcciones, según las decisiones que Washington tome respecto al rearme de Taiwán.