La huelga de hambre en el barrio ocupado de Prosfigiká alcanza los 110 días
Dos residentes continúan con la huelga de hambre indefinida iniciada en febrero, mientras la comunidad mantiene el pulso contra el plan de desalojo del Gobierno de Ática.
El conflicto social en torno a Prosfigiká, uno de los barrios residenciales autogestionados más grandes de Europa, ha entrado en una fase de extrema gravedad en Atenas. A fecha de hoy, la huelga de hambre de protesta iniciada por el miembro de la comunidad Aristotelis Chantzis ha alcanzado los 111 días consecutivos de ayuno político. Chantzis comenzó su acción el pasado 5 de febrero y, según los últimos informes emitidos por los médicos que lo atienden en la clínica autogestionada del barrio, su organismo se encuentra en "un estado de deterioro crítico con riesgo inminente de paro cardíaco o daños neuronales permanentes e irreparables". A este pulso se sumó el pasado 1 de mayo la ciudadana belga Suzon Doppagne, quien cumple hoy 26 días en huelga de hambre estricta. Ambos activistas han reiterado su determinación de continuar con la protesta hasta las últimas consecuencias si el Gobierno Regional de Ática no anula sus planes de desalojo.
Situación crítica
La situación médica de los huelguistas es alarmante. Según el último comunicado oficial emitido ayer, 25 de mayo, por el equipo de médicos solidarios que los monitoriza, Chantzis tuvo que ser trasladado de urgencia en ambulancia al Hospital Aiginiteio el pasado domingo 24, tras sufrir entumecimiento en la cabeza y visión borrosa. El examen neurológico reveló una ausencia total de reflejos tendinosos en las extremidades inferiores, un cuadro clínico consistente con la desnutrición severa. Tras realizársele una tomografía computarizada cerebral que no mostró patologías agudas, fue ingresado por orden médica en el Hospital Elpis para una evaluación más profunda.
Los análisis patológicos y de sangre en el Hospital Elpis revelaron niveles bajos de urea en suero, hiperuricemia, hipoglucemia sintomática y una transaminasemia de reciente aparición que indica una disfunción hepática grave a causa de la inanición prolongada. Para mayor complicación, Chantzis padece desde el 20 de mayo una infección viral en el sistema respiratorio superior que está acelerando drásticamente el deterioro de su salud.
Tras los exámenes, el activista regresó al barrio de Prosfigiká, donde permanece sumamente grave. Actualmente pesa 43,7 kg, habiendo perdido el 32,76% de su peso corporal inicial. Los médicos advierten que con cada 24 horas que pasan se incrementa el riesgo de sufrir daños irreversibles en órganos vitales o complicaciones cardiovasculares y metabólicas letales, dado que presenta diariamente anomalías electrocardiográficas que lo predisponen a arritmias fatales, además de hipotensión ortostática severa, taquicardias y un edema en las piernas que limita por completo su movilidad. Chantzis ya había sufrido un desmayo el 3 de abril y requirió intervención médica de emergencia el 15 de abril por un episodio de hipoglucemia severa.
Por su parte, Suzon Doppagne cumple hoy 26 días de ayuno bajo estricta vigilancia médica diaria. Presenta un cuadro de hipotensión ortostática, taquicardia al ponerse de pie e hipoglucemias recurrentes desde los primeros días. Doppagne registra actualmente un peso de 40,3 kg, lo que representa una pérdida del 16,25% de su masa corporal inicial, situándola también en un umbral de alto riesgo de complicaciones graves.

"Condenados a muerte"
Este drástico empeoramiento de la salud de los huelguistas coincide con una postura de absoluta intransigencia por parte del Gobierno de Kyriakos Mitsotakis. El pasado 14 de mayo, el portavoz del Gobierno, Pavlos Marinakis, fue interpelado abiertamente sobre si el Ejecutivo planeaba atender al llamamiento urgente realizado por Amnistía Internacional el 27 de abril. En dicha declaración, Amnistía Internacional acusaba directamente a la Región de Ática de violar derechos humanos fundamentales y constitucionalmente protegidos mediante sus planes de reforma urbana.
Sin embargo, Marinakis ratificó de forma explícita la decisión "inamovible" del Gobierno de proceder con el desalojo de la comunidad de Prosfigiká. Desde los portavoces del colectivo ocupado se ha denunciado que esta respuesta institucional equivale a firmar una "condena a muerte" deliberada en contra de los dos huelguistas de hambre. Las exigencias de la comunidad se mantienen firmes: la cancelación inmediata del contrato de la Región de Ática, la permanencia de todos los residentes en sus viviendas actuales y la concesión de garantías concretas para que la restauración del complejo corra a cargo de la empresa civil sin ánimo de lucro Residentes y Amigos de Prosfigika, utilizando fondos propios y sin recibir "ni un solo euro de dinero público".

Un conflicto histórico y de escala internacional
Esta prolongación de la huelga de hambre se produce pocas semanas después del principal punto álgido de la contestación social en las calles de la capital. El pasado 16 de mayo, coincidiendo con el centésimo primer día del ayuno de Chantzis, unas 3.000 personas de diversas edades y sectores sociales se concentraron en la plaza Syntagma de Atenas para marchar por el centro de la ciudad en defensa de la comunidad. Esta manifestación central formó parte de una campaña de apoyo que se ha extendido internacionalmente bajo la etiqueta digital #saveprosfygika, registrando acciones solidarias en más de 29 ciudades de países como México, Colombia, Estados Unidos, Turquía y Alemania.
El origen de esta crisis se remonta a junio de 2025, fecha en la que el Gobierno Regional de Ática aprobó un contrato programático dotado con 15 millones de euros procedentes de fondos de la Comisión Europea. El plan oficial prevé la rehabilitación de cuatro de los ocho bloques del barrio. Sin embargo, los portavoces de la comunidad autogestionada, en la que residen unas 400 personas de 28 nacionalidades distintas, incluyendo a medio centenar de menores, ancianos y refugiados, denuncian que el proyecto estatal es una maniobra de gentrificación encubierta. Argumentan que el plan real persigue la mercantilización de una zona muy cotizada en el centro de Atenas, situada estratégicamente junto al Tribunal Supremo y frente al estadio de fútbol del Panathinaikos, sin ofrecer alternativas reales de alojamiento para los actuales vecinos del complejo.
La desconfianza del colectivo hacia las promesas institucionales emitidas por el Gobierno regional es absoluta. Los residentes insisten en que el Estado carece de credibilidad debido a los recientes escándalos de fraude agrario con fondos de la Unión Europea y la gestión del trágico accidente ferroviario de 2023. Además, el vecindario observa con recelo los desalojos policiales efectuados en los últimos años en barrios combativos cercanos como Exarchia.
El barrio de Prosfigiká cuenta con una singular relevancia histórica y arquitectónica que intensifica la resistencia vecinal. Construido en la década de 1930 para acoger a los refugiados griegos expulsados de Anatolia tras el desmoronamiento del Imperio otomano, el recinto fue un destacado bastión de la guerrilla antifascista del Ejército Popular de Liberación Nacional (EAM-ELAS) durante la Segunda Guerra Mundial. La posterior ocupación y formalización del colectivo en 2012 permitió levantar 22 estructuras sociales autogestionadas, tales como un comedor social que reparte un centenar de comidas diarias, una escuela infantil y un piso de acogida para mujeres víctimas de violencia machista.