El año 2024 se convirtió en el primer año natural completo cuya temperatura media superó los 1,5 grados sobre la referencia preindustrial de 1850 a 1900, con un valor en torno a 1,55 grados según la síntesis de la Organización Meteorológica Mundial. El 2025 quedó como el tercero más cálido de toda la serie instrumental, con alrededor de 1,47 grados, de modo que el trienio 2023-2025 promedió por primera vez más de 1,5 grados y los once años más cálidos jamás medidos coinciden con los once últimos. Descontada la variabilidad natural, el calentamiento de base se sitúa cerca de 1,4 grados, de los cuales unos 1,36 son atribuibles con certeza a la actividad humana, y avanza a un ritmo próximo a 0,27 grados por década.

Esa tendencia se sostiene sobre una acumulación de gases sin precedentes, ya que la concentración de dióxido de carbono alcanzó las 423,9 partes por millón en 2024 —un 52 % por encima del nivel preindustrial y el valor más alto en al menos 800.000 años—, con un salto interanual de 3,5 partes por millón que constituye el mayor registrado desde el inicio de las mediciones en 1957. A su vez, el metano llegó a 1.942 partes por mil millones, un 166 % sobre el nivel preindustrial, y el óxido nitroso a 338, un 25 % por encima, mientras cerca de la mitad de cada tonelada emitida permanece en la atmósfera y los sumideros terrestres y oceánicos presentan síntomas de saturación, reduciendo la eficiencia de absorción.

Con todo lo anterior, el "presupuesto" de carbono restante para conservar una probabilidad razonable de no rebasar 1,5 grados (objetivo declarado en varios acuerdos climáticos) se estima entre 130 y 170 gigatoneladas de dióxido de carbono, esto es, entre tres y cuatro años al ritmo de emisión actual, que se mantiene en torno a 57,7 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente anuales tras crecer un 2,3 % en 2024. Los presupuestos correspondientes a 1,7 y a 2 grados se reducen ya a unas 525 y 1.055 gigatoneladas, equivalentes a doce y a veinticinco años respectivamente. Con las emisiones de origen fósil marcando de nuevo un máximo histórico en 2025, la comunidad científica que elabora el balance global de carbono ha concluido que mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados ha dejado de ser siquiera una opción posible.

El marco de los límites planetarios ofrece una perspectiva más amplia de la gravedad de la situación. La actualización de 2025 elaborada por el Instituto de Potsdam confirma que se han rebasado siete de los nueve límites que mantienen la Tierra en un estado estable, uno más que el año anterior, con la incorporación de la acidificación oceánica y con solo el agotamiento del ozono estratosférico y la carga de aerosoles todavía dentro de la zona segura. El límite climático se expresa mediante dos variables que lo desbordan holgadamente, puesto que el dióxido de carbono ronda las 424 partes por millón frente a un umbral de 350, y el forzamiento radiactivo antropógeno (indicador que mide cuánta energía adicional se retiene en el sistema atmosférico en comparación con la era preindustrial) alcanza los 2,97 vatios por metro cuadrado, cerca del doble del límite de 1,5.

A ello se añaden una fijación de nitrógeno cercana a 165 teragramos anuales, más del doble de lo admisible, y una aplicación de fósforo próxima a 18,2, el triple, además de una apropiación humana de la producción vegetal del planeta que ha crecido desde aproximadamente el 15,7 % en 1950 hasta el 23,5 % en 2020. El diagnóstico agregado sitúa al sistema en el extremo superior de la zona de peligro, aproximándose ya a la de alto riesgo.

El océano y el hielo

El océano, que absorbe alrededor del 91 % del calor sobrante del sistema, registró en 2025 su mayor contenido calorífico jamás medido, un factor determinante en la subida del nivel del mar, que acumula unos 228 milímetros desde 1900 y cuyo ritmo casi se ha duplicado, desde 2,1 milímetros anuales entre 1993 y 2002 hasta 4,1 entre 2016 y 2025. La química marina acompaña ese deterioro, pues la saturación de aragonito en la superficie ha descendido hasta 2,84, por debajo del límite de 2,86, y el pH superficial ha caído cerca de 0,1 unidades, lo que equivale a un incremento de la acidez de entre el 30 % y el 40 % desde el inicio de la era industrial.

En la criosfera, Groenlandia encadena veintinueve años consecutivos de pérdida neta y ha cedido del orden de seis billones de toneladas de hielo en cinco décadas —más de 700 por cada habitante del planeta—, con un ritmo que se ha multiplicado desde las 60 gigatoneladas anuales de los años ochenta hasta las 242 de la década de 2010; la Antártida, por su parte, perdió unas 4.876 gigatoneladas entre 1979 y 2024, el 84 % de ellas en el sector occidental. El hielo marino ártico alcanzó en 2025 el máximo invernal más bajo de todo el registro satelital, con 13,8 millones de kilómetros cuadrados, y el antártico marcó su tercer mínimo más reducido, con 2,1 millones.

Los puntos de no retorno

El informe Global Tipping Points de 2025, firmado por 160 científicos de 87 instituciones en 23 países, sostiene que el primero de estos umbrales ya se ha cruzado. Con un calentamiento que supera ya los 1,4 grados consolidados se ha rebasado el punto de inflexión térmico de los arrecifes de coral de aguas cálidas, estimado en torno a 1,2, lo que ha alimentado el cuarto episodio mundial de blanqueamiento —el más extenso jamás documentado, con cerca del 84 % de los arrecifes afectados en más de ochenta países, frente al 16 % del primer gran episodio de 1997 y 1998—. La estabilización en 1,5 grados haría prácticamente segura, con una probabilidad superior al 99 %, la pérdida funcional de un ecosistema del que dependen cerca de mil millones de personas.

Los demás elementos se aproximan a sus propios umbrales, de manera que la selva amazónica afronta un riesgo de transición hacia la sabana entre 1,5 y 2 grados, la circulación de retorno meridional del Atlántico podría desbaratarse por debajo de 2 grados —con la posibilidad de que suceda dentro de la vida de las generaciones actuales— y los casquetes de Groenlandia y de la Antártida occidental podrían haber superado ya el punto a partir del cual su desintegración parcial resulta irreversible, todo ello sabiendo que cada décima de grado adicional incrementa la probabilidad de activarlos.

La trayectoria proyectada

El Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2025 estima que las políticas actualmente en vigor conducen a un calentamiento cercano a 2,8 grados, y que el cumplimiento íntegro de los compromisos nacionales lo situaría entre 2,3 y 2,5, muy lejos de una meta de 1,5 que exigiría recortar las emisiones globales un 55 % respecto a 2019 antes de 2035, o de la de 2 grados, que requeriría un 35 %.

La cifra ha mejorado desde los 3 a 3,5 grados que se proyectaban al adoptarse el Acuerdo de París en 2015, pero apenas se ha movido en el último año, entre otras razones porque solo 60 de las partes, que suman el 63 % de las emisiones, habían presentado sus nuevas contribuciones para 2035, y porque las trayectorias centrales rebasan igualmente 1,5 grados por varias décimas. A este ritmo, ese umbral de largo plazo podría alcanzarse antes de que termine la presente década, con más de un decenio de adelanto sobre lo que se preveía cuando se firmó el propio acuerdo.