Más de 250 millones de desplazados por desastres ambientales desde 2015
Los últimos informes de los organismos internacionales advierten que la crisis ecológica actúa como un multiplicador de amenazas en regiones vulnerables y zonas de conflicto, afectando especialmente a los más pobres.
La migración forzada por el cambio climático se ha consolidado como un fenómeno creciente a nivel mundial que se manifiesta principalmente dentro de las fronteras de los propios países, aunque también genera flujos transfronterizos cuando se combina con factores como la pobreza, el conflicto y la vulnerabilidad institucional. Según los datos consolidados por el Portal de Datos sobre Migración y el Observatorio del Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés) en sus informes globales publicados entre 2025 y 2026, los desastres relacionados con el clima han causado alrededor de 250 millones de desplazamientos internos en la última década, lo que equivale a una media aproximada de 70.000 movimientos diarios a nivel global. Los registros oficiales indican que en el año 2023 se contabilizaron 26,4 millones de nuevos desplazamientos debido a amenazas climáticas como inundaciones, tormentas e incendios, una cifra que representó el 56% de los 46,9 millones de movimientos internos totales de ese periodo.
La evolución del fenómeno muestra variaciones significativas en los años posteriores. Los análisis del IDMC detallan que, tras alcanzar niveles sumamente elevados en 2024, los desplazamientos por desastres naturales se situaron en 29,9 millones durante el año 2025, dentro de un cómputo global de 62,2 millones de desplazamientos internos, un periodo en el cual las estadísticas por conflictos superaron por primera vez a las de los desastres. Sin embargo, el número de personas que continúan viviendo en situación de desplazamiento permanente debido a catástrofes ambientales ha mostrado una tendencia al alza, pasando de 9,8 millones a finales de 2024 a aproximadamente 13,6 millones al cierre de 2025. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) señala en su informe “No Escape” que el total global de personas desplazadas forzosamente supera los 120 millones, incluyendo a más de 41 millones de refugiados.
Los datos de esta organización revelan una alarmante intersección entre la crisis climática y la violencia armada, dado que tres de cada cuatro desplazados viven en países altamente impactados por el cambio climático, y la mitad de ellos subsiste en zonas donde los riesgos ambientales críticos coinciden con conflictos activos, como ocurre en los territorios de Etiopía, Haití, Myanmar, Somalia, Sudán y Siria.
La distribución geográfica del impacto demuestra que Asia es la región que lidera frecuentemente las estadísticas de movilidad forzada debido a la alta incidencia de monzones, inundaciones y tormentas que afectan a países como China, Filipinas, Bangladesh, India y Turquía. Por su parte, el África Subsahariana presenta un escenario de extrema fragilidad donde las sequías recurrentes en el Cuerno de África, particularmente en Somalia y Etiopía, destruyen los medios de subsistencia locales y exacerban las disputas por recursos esenciales como el agua y la tierra arable. En el continente americano, el fenómeno se concentra en los daños provocados por los huracanes en Estados Unidos y la región del Caribe, así como en las sequías prolongadas que afectan al denominado Triángulo Norte de Centroamérica, mientras que los pequeños Estados insulares en desarrollo y las comunidades árticas enfrentan ya una amenaza existencial directa debido a la erosión costera y al aumento del nivel del mar.
A pesar de que el derecho internacional actual no reconoce una categoría legal específica para la figura del “refugiado climático”, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y ACNUR coinciden en tipificar la degradación ambiental como “un motor clave de la movilidad humana que afecta de manera desproporcionada a las comunidades rurales, los pueblos indígenas, las mujeres y los niños de las naciones empobrecidas, quienes sufren las peores consecuencias habiendo emitido la menor cantidad de gases de efecto invernadero”.
Las proyecciones académicas estiman que para el año 2050 el cambio climático habrá desplazado a un mínimo de 200 millones de personas, con proyecciones extremas que superan los 1.000 millones bajo escenarios de alta incertidumbre. Asimismo, los canales oficiales de las Naciones Unidas advierten que para el año 2040 el número de países expuestos a riesgos climáticos severos pasará de 3 a 65, lo que provocará que los campamentos de refugiados tengan que soportar el doble de días con temperaturas consideradas peligrosas para la salud humana.
Frente a esta emergencia, ACNUR denuncia una grave brecha de financiación que limita la capacidad de adaptación, pues los Estados identificados como frágiles reciben apenas dos dólares por persona en fondos de ayuda climática en comparación con los 161 dólares destinados a los países denominados “estables”, lo que deja a los asentamientos humanitarios y a las zonas rurales periféricas en una situación de desprotección casi absoluta.