En un escenario de extrema tensión geopolítica en Oriente Medio, las fuerzas armadas de Irán anunciaron el cierre oficial y hasta nuevo aviso del estrecho de Ormuz. La medida fue ratificada a través de un comunicado oficial recogido por la cadena de televisión estatal iraní IRIB, en el cual Teherán justificó el bloqueo argumentando la existencia de “una grave brecha de seguridad provocada por la intervención ilegal de potencias extranjeras”. Según el informe difundido por las autoridades de Teherán, la Guardia Revolucionaria interceptó y efectuó un disparo de advertencia contra un buque comercial que habría puesto en peligro la seguridad marítima al apagar sus sistemas de posicionamiento y hacer caso omiso a las instrucciones de corregir su rumbo dentro de la ruta designada. La comandancia iraní advirtió explícitamente al Gobierno del presidente estadounidense Donald Trump y a sus aliados en la región que “cualquier agresión militar posterior contra su territorio recibirá una respuesta contundente”.

Esta declaración se produce en un momento de alta fragilidad diplomática y tras una semana marcada por intensificados cruces de bombardeos entre ambos países. La decisión de cerrar el paso marítimo coincidió además con el vencimiento de un ultimátum emitido por fuentes oficiales de Washington, el cual exigía a Irán anunciar públicamente la “apertura libre, segura y sin restricciones” del estrecho. Ante este panorama, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baqaei, compareció para rechazar enérgicamente las declaraciones del portavoz de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas, Stéphane Dujarric, quien había calificado la situación actual como “una nueva confrontación militar en el golfo Pérsico”. 

Baqaei increpó formalmente a la vocería de la ONU y defendió que las acciones de su país “no constituyen ataques aislados, sino que representan la continuación del derecho inherente a la legítima defensa contemplado en el derecho internacional, en respuesta a una flagrante agresión militar iniciada por Estados Unidos y el régimen sionista el pasado 28 de febrero”.

Por su parte, los ataques de las fuerzas armadas estadounidenses se intensificaron drásticamente en la zona. El Comando Central del Ejército de los Estados Unidos informó a través de sus canales oficiales sobre la ejecución de una nueva ofensiva militar a gran escala iniciada la tarde a las 17:00 hora local. Esta campaña de bombardeos selectivos fue ordenada directamente por el presidente Donald Trump con la finalidad de mermar la capacidad combativa de Irán. Los balances de combate provistos por las autoridades militares norteamericanas cifraron en aproximadamente 140 los objetivos militares iraníes neutralizados mediante el uso de municiones de precisión lanzadas desde aviones de combate terrestres y navales, aeronaves no tripuladas y buques de guerra. Los sectores bombardeados incluyeron infraestructura de misiles, hangares de drones, capacidades navales operativas, depósitos de municiones de la Guardia Revolucionaria, redes de comunicación interna y puestos de vigilancia ubicados en la línea costera.

A pesar de las severas advertencias de bloqueo emitidas desde Teherán, el Gobierno estadounidense sostuvo firmemente que la navegación comercial en la región “no se ha interrumpido”. El presidente Donald Trump aseguró en una entrevista concedida a la cadena de televisión NBC que “el paso marítimo permanece abierto al libre tránsito” y afirmó que las hostilidades se reanudaron debido a que Irán “violó de forma unilateral un acuerdo bilateral perfecto”. La comandancia del Comando Central estadounidense ratificó la situación a través de una declaración pública emitida en la red social X, donde sentenció de manera tajante que “la República Islámica de Irán no ejerce el control efectivo sobre el estrecho de Ormuz”.