La capital india ha sido escenario de una de las mayores movilizaciones antigubernamentales de los últimos años, liderada por el movimiento juvenil denominado Partido Cockroach Janta (CJP). Lo que comenzó el pasado mes de mayo como una iniciativa satírica en redes sociales impulsada por Abhijeet Dipke, un joven indio de 30 años recién graduado en Estados Unidos tras unas polémicas declaraciones del presidente del Tribunal Supremo de la India que comparó a los desempleados con “parásitos” y “cucarachas”, ha desembocado en una masiva ola de indignación contra el Gobierno del primer ministro Narendra Modi. Con el lema “Un partido político para la gente que el sistema se olvidó de contar”, la organización ha logrado movilizar a más de 20.000 personas en las calles céntricas de Nueva Delhi para exigir la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, y soluciones inmediatas ante la crisis del mercado laboral y el reiterado fraude en las pruebas académicas.

El núcleo del descontento radica en la precariedad del sistema educativo y la falta de oportunidades laborales para la juventud. En la India, casi el 40% de los titulados universitarios menores de 25 años se encuentran en situación de desempleo. A esta problemática se suma la continua filtración de los exámenes de acceso a la carrera de medicina, conocidos como NEET, en los que más de dos millones de aspirantes compiten anualmente por tan solo 130.000 plazas. Este escándalo ha obligado a repetir pruebas de forma masiva, ha llevado al endeudamiento extremo de familias que destinan sus ahorros a academias privadas de preparación y se ha relacionado con decenas de suicidios en los últimos años. 

Pese a que el gasto en clases particulares supera actualmente al presupuesto estatal destinado a la educación superior, el Ejecutivo del partido fascista gobernante Bharatiya Janata Party (BJP) no ha asumido responsabilidades directas, provocando una rápida adhesión al CJP, cuya cuenta oficial de Instagram alcanzó más de 22 millones de seguidores en tan solo dos semanas, superando al propio BJP.

El fundador del movimiento satírico, Abhijeet Dipke (segundo por la derecha), con un retrato de Mahatma Gandhi y B.R. Ambedkar durante una manifestación en junio en Nueva Deli. Foto: Vijay Pandey-EFE
El fundador del movimiento satírico, Abhijeet Dipke (segundo por la derecha), con un retrato de Mahatma Gandhi y B.R. Ambedkar durante una manifestación en junio en Nueva Deli. Foto: Vijay Pandey-EFE

De las redes a la calle

El salto de la movilización digital a las calles se materializó a principios de junio con una primera manifestación en Nueva Delhi. Hacia finales de dicho mes, las protestas se intensificaron con la incorporación de Sonam Wangchuk, un destacado ingeniero y activista educativo del estado de Ladakh que el año pasado fue detenido y encarcelado bajo la legislación antiterrorista. Wangchuk inició una huelga de hambre en solidaridad con los estudiantes, comprometiéndose a no ingerir alimentos hasta que el ministro de Educación dimitiera. Al cumplir 18 días de ayuno, el tribunal de Delhi ordenó supervisar diariamente la salud de Wangchuk, hasta que el domingo por la mañana, en el vigésimo día de huelga, la policía de la capital se lo llevó por la fuerza a un hospital público, una medida que la esposa del activista denunció como una “detención ilegal”.

Desde la cama del hospital, Wangchuk hizo un llamamiento a los simpatizantes del CJP para marchar hacia el Parlamento durante la jornada del lunes. Miles de personas, en su mayoría estudiantes acompañados por sus padres, acudieron a la cita desde primera hora de la mañana para sumarse a los cientos de manifestantes que habían acampado en la zona durante la noche. Pese a que la policía de Nueva Delhi denegó el permiso para avanzar hacia la sede parlamentaria, bloqueó accesos, cortó conexiones a internet y acorraló a la multitud en un perímetro acotado a 1,6 kilómetros del edificio institucional, la concentración superó las 20.000 personas por la tarde. El intento de los manifestantes por avanzar desencadenó cargas policiales con porras y el uso de gas lacrimógeno, dejando a varios manifestantes heridos.

Pese a que el Gobierno de Modi accedió a mantener un breve encuentro de diez minutos con representantes del CJP el lunes por la mañana donde se expusieron tres demandas principales, los portavoces del movimiento confirmaron que la administración no asumió ningún compromiso formal. El ministro Pradhan ha evitado hacer declaraciones públicas sobre los disturbios. A última hora del lunes, mientras la Policía intentaba desalojar el campamento de protesta en la capital, la directiva del CJP reafirmó su postura a través de una publicación en la red social X declarando que “¡Esta protesta pacífica no va a terminar!” y asegurando que no se retirarán del lugar mientras el ministro de Educación permanezca en su cargo.