La manifestación contra la saturación turística celebrada este domingo en Palma (Illes Balears) congregó a 70.000 personas según fuentes de la organización. Ha sido la más numerosa de las tres convocadas hasta ahora por la plataforma Menys Turisme, Més Vida, y acabó con cargas de la Policía Nacional, varios heridos y momentos de gran tensión en el entorno de Ses Voltes.

Bajo el lema “Mallorca al límite”, decenas de miles de personas recorrieron el centro de la capital mallorquina para denunciar el crecimiento sin freno del turismo y sus efectos sobre el acceso a la vivienda, el colapso de los servicios públicos y la precarización laboral. La protesta, convocada por cerca de un centenar y medio de entidades sociales y culturales baleares, salió de la plaza de España poco después de las 19:00 horas y recorrió avenidas como Via Roma, la Rambla, la calle Unió y el Born antes de llegar a Ses Voltes.

Manifestación de este domingo en Palma. Foto: EFE
Manifestación de este domingo en Palma. Foto: EFE

Tensión y brutalidad policial

La tensión estalló cuando la Policía Nacional cerró los accesos a Ses Voltes con el recinto todavía medio vacío, donde estaba previsto leer el manifiesto final, impidiendo que buena parte de los asistentes pudiera escuchar la lectura.

La situación desembocó en varias cargas contra los manifestantes, con agentes haciendo uso de defensas extensibles y proyectiles de goma. El balance ha sido de varias personas heridas, algunas con heridas en la cabeza, y algunos turistas ajenos a los incidentes también resultaron afectados por los disparos de pelotas de goma. Uno de los afectados por los disparos es un fotoperiodista que cubría la manifestación.

Según la Organització Juvenil Socialista de Mallorca, las cargas han sido “completamente desproporcionadas respecto al transcurso de la manifestación”, y señalan que la movilización había transcurrido sin incidentes hasta que la dirección policial impidió el paso de los manifestantes a la lectura del manifiesto y comenzó a cargar de manera indiscriminada.

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Criminalización de la lucha contra el turismo

Parte de la gran afluencia de este año se atribuye también al malestar generado por un caso reciente de represión policial contra el activismo antiturístico. Hace dos semanas, la Guardia Civil detuvo a dos jóvenes de 28 años acusadas de causar daños a cinco inmobiliarias de Santa Maria del Camí, donde la noche del 31 de mayo un grupo de activistas había hecho pintadas en los escaparates y había repartido folletos. Se les imputan delitos por daños al patrimonio y organización criminal, y quedaron en libertad con cargos; la investigación continúa abierta a la espera de localizar a una tercera persona a la que las cámaras de seguridad también grabaron.

Diversas organizaciones sociales mallorquinas han denunciado la contundencia del despliegue policial y la acusación de organización criminal como “un intento de disciplinar a quien denuncia la turistificación”. La Guardia Civil y la Policía Nacional, por su parte, han emitido un comunicado conjunto en el que aseguran “disponer de los medios necesarios para garantizar el orden público” y “advierten de que quien cometa delitos contra intereses turísticos acabará detenido y a disposición judicial”.

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Tercer verano consecutivo de protestas

Es el tercer verano que miles de personas salen a las calles de Palma para protestar contra el modelo turístico de masas y para denunciar cómo este crecimiento desmesurado impacta en la oferta de vivienda disponible, en el colapso de los servicios, en la precarización laboral y, en general, en la calidad de vida de los habitantes de la isla. Los convocantes denuncian que el número de visitantes que recibe el archipiélago se ha duplicado en las últimas dos décadas hasta superar los 19 millones anuales, y que más de 105.000 viviendas están destinadas actualmente a uso turístico en las islas.