China completa el imán superconductor más grande del mundo para su reactor de fusión
El imán de 582 toneladas del reactor BEST permitirá alcanzar 150 millones de grados y aspira a generar el primer kWh de fusión en 2030.
El Instituto de Física del Plasma de la Academia China de Ciencias (ASIPP) anunció el pasado 27 de junio que ha finalizado la construcción del imán superconductor toroidal (TF) más grande jamás construido, con 21 metros de longitud, 12 de ancho y 582 toneladas de peso. Este componente, enfriado con helio líquido a -269 °C y capaz de generar un campo magnético de 7 teslas —unas 140.000 veces el campo terrestre—, forma parte del reactor de fusión BEST (Burning-plasma Experimental Superconducting Tokamak), sucesor del famoso EAST. Su misión es confinar el plasma a temperaturas superiores a los 150 millones de grados Celsius, diez veces más caliente que el núcleo del Sol, y almacena 120 gigajulios de energía magnética.
Según la hoja de ruta china, el objetivo es demostrar la generación del primer kilovatio-hora de energía de fusión antes de 2030. Pekín no construye este imán para el proyecto internacional ITER, sino para su propio programa nacional, que incluye el EAST (en operación desde 2006), el BEST (en construcción, previsto para finales de 2027) y el CFETR, un prototipo de reactor comercial planeado para 2045-2050. El proyecto está alineado con el XIV Plan Quinquenal (2021-2025) y la estrategia de neutralidad de carbono para 2060, en línea con los objetivos de autosuficiencia tecnológica establecidos por el Partido Comunista Chino, especialmente después de las restricciones occidentales a la exportación de tecnología.
El imán ha superado recientemente la aceptación formal de un comité de expertos interno, y la noticia ha sido replicada por medios chinos como CGTN, Global Times y China Daily, e internacionales como India Today. Los medios occidentales no le han prestado demasiada atención.
Los orígenes soviéticos del programa
Para comprender el recorrido histórico de este proyecto hay que remontarse siete décadas atrás, concretamente a la Unión Soviética de los años 1950, cuando los físicos Andrei Sajarov e Igor Tamm concibieron el tokamak —un acrónimo ruso para “cámara toroidal con bobinas magnéticas”— como una forma de confinar plasma con campos magnéticos en forma de rosca, imitando las reacciones del Sol. Los primeros tokamaks soviéticos, como el T-1 y el T-3, sorprendieron al mundo en 1968 al alcanzar temperaturas de 10 millones de grados, desatando una “fiebre del tokamak” que eclipsó a otros diseños. En las décadas siguientes, Estados Unidos construyó el TFTR en Princeton y Europa puso en marcha el JET en el Reino Unido, que en 1997 logró 16 megavatios de potencia durante medio segundo —un récord que demostró que la fusión era físicamente posible, pero no rentable: consumía más energía de la que generaba.
China, que llegó tarde a esta carrera, se propuso superar a sus competidores. En 2006, el instituto ASIPP de Hefei puso en marcha el EAST, el primer tokamak superconductor del mundo, diseñado no para generar electricidad, sino para resolver el problema más espinoso: mantener el plasma estable durante largos periodos. Los récords se acumularon: 120 millones de grados durante 101 segundos en 2021, y 403 segundos en modo de alto confinamiento en 2023. En 2025 el EAST alcanzó 100 millones de grados Celsius durante 1066 segundos, marcando un nuevo récord mundial.
BEST, el reactor que albergará el imán ahora completado, no es un prototipo experimental sino el primer intento serio de un tokamak que genere más energía de la que consume (Q > 1), y supone la primera vez en la historia que un país afronta en solitario la ingeniería de un reactor de tamaño casi comercial, sin esperar al proyecto internacional ITER, cuya construcción en Francia comenzó en 2010 con retrasos y sobrecostes.