Las Fuerzas Democráticas Sirias se disuelven y se integran en el Ejército sirio
El comandante Mazloum Abdi anuncia la disolución de las milicias kurdas en el Estado sirio, un día después de que Washington retirara al régimen de Al Qaeda de la lista de países patrocinadores del terrorismo.
El comandante general de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), Mazloum Abdi, anunció la semana pasada desde el Palacio del Pueblo en Damasco la disolución oficial de la milicia kurdo-árabe como fuerza militar independiente y su integración completa en el Ejército y las estructuras de seguridad del Estado sirio. “Hoy anunciamos el fin de la misión de las Fuerzas Democráticas Sirias y anunciamos con plena responsabilidad su disolución como fuerza militar independiente”, declaró Abdi en un discurso televisado, tras “la finalización del proceso de integración de nuestras fuerzas en las brigadas del ejército sirio”. El líder militar kurdo destacó el paso “de los campos de batalla a los de la construcción” y “de la era de las armas a la era de la paz”, y subrayó que el presidente Ahmed al-Sharaa, más conocido por su nombre de guerra Muhammad Al Jolani, ha “reconocido el derecho a la educación en lengua kurda”.
La disolución de las SDF, que durante más de una década controlaron el noreste de Siria, rico en petróleo, y fueron el principal socio de Estados Unidos en la zona, completa un proceso de integración acordado el pasado 29 de enero con el régimen liderado por los herederos de Al Qaeda. Adelantó que las conocidas Unidades de Protección de la Mujer (YPJ) se integrarán en el Ministerio del Interior, y fuentes informadas reportan que la Presidencia siria se prepara para nombrar a Abdi como “asesor en asuntos kurdos”, mientras que Ilham Ahmed, copresidenta del Departamento de Relaciones Exteriores de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, se integraría en el Parlamento. El enviado de Washington para Siria, Tom Barrack, calificó el anuncio como un “hito histórico” y destacó el papel del presidente Donald Trump en el acuerdo.
La medida se produjo justo un día después de que Estados Unidos retirara oficialmente a Siria, gobernada por los herederos de Al Qaeda, de la lista de “países patrocinadores del terrorismo”, en la que estaba incluida desde 1979 bajo el mandato del presidente panarabista Hafez Al Assad. El secretario de Estado, Marco Rubio, formalizó la revocación tras el período de notificación al Congreso de 45 días y anunció también que eliminará a Hayat Tahrir al-Sham (HTS), sucesora del Frente Al Nusra, la rama siria de Al Qaeda y responsable del derrocamiento de Bashar Al Assad en diciembre de 2024, como organización terrorista global. Rubio justificó las decisiones “en reconocimiento a las acciones positivas emprendidas y a los compromisos asumidos por el Gobierno sirio bajo la presidencia de Ahmed al-Sharaa para desvincularse por completo de los actos de terrorismo internacional”, y alabó la adhesión de Siria a la autodenominada “Coalición Global para Derrotar al ISIS” y sus operaciones contra Hezbolá y algunos remanentes disidentes de Al Qaeda.
El anuncio de Abdi y la decisión de Washington muestran el realineamiento geopolítico en Siria tras la caída de Assad. Al Jolani, exlíder de HTS que encabezó la coalición de fuerzas salafistas y mercenarias que destruyeron el aparato de Estado encabezado por el Partido Baaz, fue recibido por Trump en la Casa Blanca en noviembre de 2025, inaugurando un nuevo período de relaciones diplomáticas normalizadas con el nuevo Gobierno sirio.
Con la salida de Siria, la lista negra de “patrocinadores del terrorismo” queda integrada, paradójicamente, por Irán, Corea del Norte y Cuba, países que nunca han apoyado y que de hecho se han opuesto a Al Qaeda e ISIS. Mientras tanto, Siria deja de formar parte de la lista de “países patrocinadores del terrorismo” precisamente porque han tomado el poder los herederos de Al Qaeda y antiguos aliados del ISIS. Ahora, con los salafistas gobernando en Damasco y el noreste del país “pacificado”, Washington deja la pista libre a la inversión extranjera, aunque persisten interrogantes sobre la implementación de los acuerdos y el futuro de los derechos kurdos y de otras minorías en la nueva Siria.