Guardia Revolucionaria iraní: “Estamos listos para una guerra prolongada”
Mohebbi afirma que la guerra con EEUU e Israel “no ha terminado”, y que un nuevo ataque traería “nuevas armas” y un “cambio en la geografía del conflicto”. Sostiene que Washington “no ha perdido una guerra, ha perdido un sistema”.
La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) ha lanzado este lunes un contundente mensaje que combina la advertencia militar con un balance estratégico de la guerra defensiva que libra Irán ante Estados Unidos, Israel y sus aliados desde finales de febrero. En una entrevista extensa publicada por Tehran Times, su portavoz, el general de brigada Hossein Mohebbi, ha afirmado que Irán está preparado para una guerra prolongada y que el conflicto “no ha terminado”: desde su punto de vista, lo ocurrido hasta ahora no es una guerra concluida seguida de otra nueva, sino distintas fases de la misma confrontación. “Desde nuestro punto de vista, es la misma guerra”, ha dicho Mohebbi, que ha advertido de que un nuevo ataque de EEUU o Israel traería cambios sustanciales en la geografía del conflicto, las armas empleadas y los objetivos golpeados. “Sin duda cambiaremos la geografía de la guerra”, ha señalado, y ha añadido que Teherán introduciría nuevas capacidades militares con las que “el mundo se sorprenderá”.
El portavoz ha estructurado su intervención como un inventario de los reveses que, a su juicio, ha sufrido Washington desde el inicio de las hostilidades. Ha puesto el estrecho de Ormuz como ejemplo central: EEUU entró en la región presentando su presencia militar como “garantía de la libertad de navegación”, pero, pese a contar con la mayor marina del mundo, no ha logrado reabrir la vía marítima. “Una potencia que se presentaba como garante de la seguridad marítima se ha convertido en un obstáculo para la seguridad”, ha argumentado Mohebbi, que atribuye la situación a las violaciones repetidas de acuerdos por parte de Washington.
En cuanto a las bases militares estadounidenses en Asia Occidental, el portavoz sostiene que los misiles y drones iraníes han golpeado instalaciones construidas durante décadas alrededor del Golfo Pérsico y al este y oeste de Irán, dejando a muchas de ellas inutilizables y obligando a EEUU a replegar personal y equipos a posiciones más lejanas. Menciona el caso de las instalaciones en Jordania y otras ubicaciones, y afirma que los buques de guerra estadounidenses se han visto empujados fuera del Golfo, con la Quinta Flota desplazada unos 400 kilómetros. Al parecer, buena parte de los recursos militares de EEUU se habrían desviado hacia la protección de sus propias bases y efectivos, en lugar de cumplir su misión regional.
Mohebbi también ha cuestionado la superioridad tecnológica y de inteligencia de Washington. Asegura que Irán pudo identificar y monitorizar instalaciones de inteligencia estadounidenses en el Golfo y el norte de Irak antes de atacarlas, y presenta este hecho como una señal de que la infraestructura de espionaje de EEUU “no está fuera del alcance” de Teherán. Sobre el plano militar, cita sistemas como el caza F-35, las baterías Patriot, misiles ofensivos, aviones de reabastecimiento en vuelo, submarinos y drones, y sostiene que la confrontación ha demostrado que esas tecnologías, consideradas casi exclusivas de EEUU, pueden ser contestadas. El mensaje que deja la experiencia de combate, dice, tiene dos destinatarios: para los rivales de Washington, que la tecnología estadounidense “no está necesariamente fuera de alcance”; para sus aliados, que puede cuestionarse la capacidad de EEUU de proteger a sus propias fuerzas e instalaciones, “y mucho menos a los países aliados”.
En su diagnóstico de fondo, Mohebbi sostiene que Washington subestimó la capacidad de resistencia de Irán. Asegura que EEUU esperaba una rendición iraní en cuestión de días, una expectativa que atribuye en parte a las evaluaciones transmitidas por Israel, y afirma que funcionarios israelíes llegaron a decir al presidente estadounidense que Irán podía ser forzado a capitular en tres o cinco días, un resultado comparable al de la Guerra de los Seis Días. Ese cálculo se demostró catastróficamente erróneo, recuerda Mohebbi.
“América no solo ha perdido una guerra; ha perdido un sistema”
El portavoz del IRGC resume las consecuencias del conflicto en tres dimensiones: la superioridad militar, la capacidad de proporcionar seguridad a los aliados y la legitimidad política y moral. A su juicio, los reveses militares han desafiado la percepción de invulnerabilidad de EEUU, los ataques contra bases han erosionado su imagen de proveedor fiable de “seguridad” y los ataques contra objetivos civiles en Irán han dañado su prestigio internacional. “América no solo ha perdido una guerra; ha perdido un sistema”, ha sentenciado, argumentando que emerge un nuevo orden regional e internacional en el que Washington ya no determinará por sí solo la arquitectura de seguridad de Asia Occidental, y que los Estados de la región han entendido que EEUU no puede garantizar su seguridad contra Irán ni sin Irán.
Sobre la posibilidad de comunicación directa entre el IRGC y Washington, Mohebbi ha rechazado categóricamente cualquier canal, formal o informal, y ha subrayado que la Guardia Revolucionaria tiene un papel militar y defensivo, mientras la diplomacia corresponde al Ministerio de Asuntos Exteriores. En cuanto a los grupos de resistencia en Yemen y Líbano, ha rechazado que sean “proxies” iraníes y ha insistido en que toman sus propias decisiones políticas y militares. También ha distinguido entre los vecinos de la región y la presencia militar estadounidense: los ataques contra ubicaciones en Bahréin, Qatar y Arabia Saudí, dice, se dirigieron contra instalaciones militares de EEUU, no contra esos países. “Nunca atacaremos a nuestros vecinos”, ha afirmado. La advertencia final es la más directa de todas: Irán tiene armas estratégicas que aún no ha empleado y objetivos que sus adversarios no han calculado. “El mundo se sorprenderá”.