La juventud alemana contra el servicio militar y el rearme
Las protestas estudiantiles y antimilitaristas desafían los planes militarización de Merz y su reforma que abre la puerta a reinstaurar el servicio militar obligatorio.
El viernes 2 de octubre de 2026, la explanada ante la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, fue el lugar de una concentración jóvenes que portaban pancartas contra la guerra y el servicio militar mientras en las pantallas se leía «Unzwingbar – Kein Bock auf Krieg und Wehrpflicht», expresión que puede traducirse como «Imparable, no tenemos ganas de guerra ni de servicio militar obligatorio». Las estimaciones de los organizadores situaron la asistencia por encima de 20.000 personas, cifra que la policía berlinesa redujo inicialmente a 3.000 participantes en las primeras horas pero que observadores independientes describieron como una plaza del 18 de Marzo ocupada y con extensión hacia la Straße des 17. Juni, lo que parece indicar que la primera cifra es de mayor veracidad y permite situar el acto entre las concentraciones contra el servicio militar con más asistentes en la historia reciente de Alemania. Un mes antes, el 25 de septiembre, alrededor de 45.000 estudiantes habían secundado huelgas escolares en más de cien ciudades y pueblos del país, según datos de los convocantes, en la tercera jornada de movilización desde que la reforma legislativa de diciembre de 2025 produjera una respuesta en centros educativos de todo el territorio.
La militarización alemana
Estas protestas, se ubican en un contexto concreto, en el que la última legislatura de Merz ha tendido hacia una tendencia militarista de manera muy acelerada. El gasto en defensa de Alemania representaba el 1,25 % del producto interior bruto en 2018, el 1,36 % en 2019 y el 1,56 % en 2020, cifras que se mantuvieron durante la década anterior y que situaban al país por debajo del umbral del 2 % que la OTAN reclamaba desde 2014. A partir de 2022, año de la intensificación de la guerra de Ucrania, la tendencia cambió y el porcentaje llegó al 1,5 % en 2022, el 1,6 % en 2023, el 2,1 % en 2024 y el 2,4 % en 2025, último dato de la serie. Las proyecciones para 2026, elaboradas por organismos especializados en presupuestos de defensa, estiman un gasto de 112.100 millones de dólares, equivalentes al 2,8 % del PIB alemán, lo que colocaría al país por delante del Reino Unido en términos absolutos y como segundo contribuyente militar de la OTAN después de Estados Unidos. Fuentes parlamentarias alemanas citadas por la agencia Central News Agency elevan la cifra reportada a la Alianza Atlántica hasta los 124.700 millones de euros para 2026, un aumento interanual del 25,5 % respecto a los aproximadamente 99.300 millones de euros de 2025.
Este aumento del gasto no ha tenido una correspondencia equivalente en el personal militar en activo, lo que ha producido una diferencia entre los objetivos de la OTAN y la capacidad de la Bundeswehr. A finales de 2025, la Bundeswehr contaba con aproximadamente 184.200 militares en servicio activo, una cifra que suponía un incremento de unos 3.000 efectivos respecto al año anterior y que el ministro de Defensa, Boris Pistorius, presentó como un resultado de reclutamiento que no se registraba en quince años. La cifra se sitúa lejos del objetivo de 260.000 soldados activos y 200.000 reservistas para mediados de la década de 2030, acuerdo de capacidades en el seno de la OTAN que, según Pistorius, requerirá hasta 60.000 efectivos adicionales en las ramas de las fuerzas armadas. El informe anual del Ministerio de Defensa de 2025 indica que la Bundeswehr mantiene una escasez de personal que condiciona el cumplimiento de los compromisos operativos ante la Alianza Atlántica y la Unión Europea.
La reforma del servicio militar
La respuesta legislativa del gobierno de Merz a esa falta de efectivos se concretó el 5 de diciembre de 2025, cuando el Bundestag aprobó la Ley de Modernización del Servicio Militar, norma que, con una base de voluntariedad, introduce mecanismos que sectores juveniles interpretan como el paso previo a una reintroducción del servicio militar obligatorio. La ley establece que desde el 1 de enero de 2026 todos los ciudadanos de 18 años recibirán un cuestionario para evaluar su motivación y aptitud para el servicio en la Bundeswehr, con respuesta obligatoria para los hombres y voluntaria para las mujeres. Además, desde el 1 de julio de 2027, todos los varones nacidos en 2008 o después quedarán sujetos a una evaluación médica obligatoria, con independencia de si han manifestado interés en alistarse, disposición que ya se ha aplicado de forma anticipada y que ha producido rechazo en ciudades como Kiel y Flensburgo, donde jóvenes que habían declarado su falta de interés por la carrera militar recibieron citaciones para exámenes físicos. El texto legal contempla que el Bundestag, a petición del Gobierno Federal, active una «conscripción sobre demanda» si la situación de seguridad se deteriora o si el número de voluntarios no cubre las necesidades de tropa, mecanismo que otorga al ejecutivo la posibilidad de reintroducir el servicio obligatorio sin una nueva reforma legislativa. El objetivo declarado por Merz es dotar a Alemania de fuerzas armadas para la defensa colectiva de la OTAN y para el apoyo militar a Ucrania, línea confirmada en cumbres aliadas y traducida en compromisos de ayuda militar a Kiev por al menos 70.000 millones de euros anuales durante 2026 y 2027.
La respuesta estudiantil
La respuesta social a la ley adoptó la forma de un movimiento estudiantil de alcance nacional bajo la denominación «Schulstreik gegen Wehrpflicht», que pronto pasó del ámbito educativo a una plataforma de contestación contra la militarización de la sociedad alemana. En diciembre de 2025, durante la tramitación parlamentaria, se registraron protestas en aproximadamente noventa ciudades, con una participación estimada de 55.000 estudiantes según los organizadores, de los cuales 10.000 se concentraron en Berlín en una jornada. En la primavera y el verano de 2026 el movimiento mantuvo actividad, con jornadas de huelga que en mayo reunieron a más de 50.000 jóvenes en el país y que se repitieron hasta la escalada de finales de septiembre y principios de octubre. El 25 de septiembre, con el inicio del curso en varios estados federados, más de 45.000 estudiantes abandonaron las aulas en más de cien localidades, con concentraciones en Berlín, en el distrito de Wedding, con 2.400 participantes, Múnich con 700, Núremberg con 400, Stuttgart con 200 y Fráncfort con 180, mientras que en Hamburgo la cifra llegó a 6.000 estudiantes según la agencia DPA. Los días 2 y 3 de octubre de 2026 Berlín acogió dos actos consecutivos. El 2 de octubre, el colectivo Unzwingbar convocó una concentración y concierto ante la Puerta de Brandeburgo con actuaciones de K.I.Z, Disarstar, Apsilon y Dritte Wahl, que según los convocantes reunió a más de 20.000 personas. El 3 de octubre, una coalición de organizaciones pacifistas, partidos de izquierda y sindicatos convocó una manifestación bajo el lema «Zukunft statt Krieg», que reunió a varios miles de personas en Berlín y una protesta simultánea en Stuttgart.
Demandas y discurso
El discurso del movimiento estudiantil cuya proyección más visible se ha condensado en contra el servicio militar se articula en demandas que van más allá de la oposición a la conscripción y que incluyen una crítica de las prioridades presupuestarias, del modelo de seguridad nacional o hasta el modelo de sociedad. La exigencia concreta central es la retirada de la Ley de Modernización del Servicio Militar y la suspensión de los exámenes médicos de reclutamiento que ya se practican sobre jóvenes que no han manifestado interés en la carrera de las armas. Los estudiantes rechazan cualquier forma de servicio obligatorio, militar o civil, y piden la exclusión de la Bundeswehr de escuelas secundarias, institutos de formación profesional y universidades, espacios que, en palabras de la DFG-VK, deben “constituir un espacio seguro frente al ejército donde el estudio pueda desarrollarse sin la lógica castrense”. En el plano presupuestario, el movimiento contrapone las prioridades del gasto público y señala que, mientras el Gobierno Federal proyecta destinar casi 140.000 millones de euros al ámbito militar en el presupuesto de 2027, los sectores de educación, sanidad y acción climática mantienen recortes y carencias. Los eslóganes que aparecen en las manifestaciones condensan este programa en fórmulas como «Eure Kriege, ohne uns» (vuestras guerras, sin nosotros), «Bildung statt Waffen» (Educación en lugar de armas) y «Generation Widerstand statt Drohnenfutter» (Una generación de resistencia en lugar de servir de carne de cañón para los drones), esta última en referencia a la posible utilización de jóvenes alemanes en conflictos que son ajenos a su voluntad.
Actores y organizaciones
El entramado organizativo que ha hecho posible esta movilización combina estructuras de coordinación estudiantil con organizaciones pacifistas de trayectoria y plataformas de nuevo cuño. La iniciativa Schulstreik gegen Wehrpflicht constituye el núcleo del movimiento, con una red de comités locales y portavoces que, según diversas fuentes periodísticas, mantiene vínculos organizativos con la SDAJ (Sozialistische Deutsche Arbeiterjugend), organización juvenil socialista, que sus portavoces insisten en desmarcar de formaciones partidistas. La Deutsche Friedensgesellschaft – Vereinigte KriegsdienstgegnerInnen, DFG-VK, fundada en 1892, la cual aporta experiencia en asesoramiento a objetores de conciencia y capacidad de incidencia en debates parlamentarios, además de haber denunciado la presencia de la Bundeswehr en ferias de videojuegos y otros espacios de socialización juvenil, también se adscribe al movimiento.
La presencia de este movimiento juvenil en el corazón económico de Europa, junto a otros movimientos simultáneos en países como Francia, Grecia o el propio estado español, denota en parte una oposición manifiesta en contra de la estrategia que los gobiernos europeos han considerado en su proceso de rearme. La tensión entre las exigencias de la OTAN, que reclaman a Alemania aumentos presupuestarios y de personal, y la convicción política de una generación que rechaza la idea de servir bajo una bandera que no la representa, constituye una contradicción que los partidos alemanes han tendido a reprimir con violencia. Los sondeos publicados por medios alemanes en los últimos meses reflejan una brecha generacional en torno a la política de defensa, con los menores de 30 años mostrando niveles de apoyo a la conscripción inferiores a los de la población general. La trayectoria del movimiento hasta la fecha indica que su capacidad de convocatoria no ha disminuido a medida que se aproximaba la implementación de los exámenes médicos obligatorios, y nada indica que la aprobación parlamentaria de la reforma haya desactivado la protesta.