CoreWeave, al borde del impago: la deuda de los centros de datos de IA entra en crisis
El 63% de probabilidad de impago de la deuda de CoreWeave contagia a los centros de datos de Meta y Microsoft, mientras el FMI alerta de los riesgos de la burbuja de la IA.
La resaca de la fiebre financiera de la inteligencia artificial ha comenzado. Lo que hasta hace unos meses era una carrera acelerada por construir “la infraestructura del futuro” se ha convertido en el epicentro de una crisis financiera en ciernes. La primera gran grieta se llama CoreWeave, el mayor proveedor independiente de capacidad de cálculo para IA, participado por Nvidia. La compañía arrastra una deuda de aproximadamente 35.000 millones de dólares y solo en el último trimestre pagó 640 millones en intereses. Sus bonos no garantizados se han desplomado más del 23% desde junio, empujando su rendimiento por encima del 15%, niveles propios de la denominada deuda basura. El indicador más importante, sin embargo, está en sus seguros de impago (CDS), que se han disparado hasta superar los 1.190 puntos básicos, lo que implica una probabilidad cercana al 63% de que la empresa no pueda afrontar sus pagos en los próximos cinco años, el doble que hace tan solo un año.
El problema de CoreWeave es el problema de todo el sector: un modelo de negocio que exige invertir cantidades ingentes de dinero por adelantado para comprar procesadores, construir centros de datos y asegurar el suministro eléctrico, mientras los retornos dependen de mantener niveles de utilización muy elevados durante años. La empresa planea gastar entre 35.000 y 39.000 millones de dólares este año, pero solo dispone de 5.500 millones en efectivo. Su crecimiento de ingresos del 112% se ve lastrado por un aumento del 140% en sus gastos financieros, que ya representan el 25% de sus ingresos, y presenta un ratio de deuda sobre capital de 10,27. El temor se extiende a los gigantes tecnológicos: los CDS de Oracle han subido 26 puntos en una sesión hasta los 288 puntos básicos, y los de SoftBank se sitúan en 424. La consultora tecnológica Gartner ha sido la encargada de pinchar la burbuja al advertir de que más del 80% de los nuevos proveedores en la nube dejarán de operar de forma independiente antes de 2030, incapaces de amortizar las fuertes inversiones en chips antes de que los equipos queden obsoletos.
Además, la crisis no se limita a CoreWeave. Según Cinco Días, los inversores están huyendo de la deuda emitida por las sociedades instrumentales que financian los megaproyectos de centros de datos de Meta en Luisiana, Microsoft en Georgia u Oracle en Michigan. El Banco Internacional de Pagos (BIS) ha advertido del entramado financiero que se ha construido: sociedades instrumentales cuyos ingresos están garantizados por contratos a largo plazo con gigantes tecnológicos, que a su vez participan en el esquema financiero mediante avales cruzados. Nvidia es a la vez proveedor, accionista y cliente de CoreWeave, en un círculo vicioso. El resultado es una sobreacumulación de capital ficticio que busca desesperadamente refugios rentables en un contexto de estancamiento productivo. Las salidas a Bolsa se cancelan en cadena (Ignis en España, Firmus en Australia, PLTR en Filipinas, AirTrunk en Singapur), y solo en el Estado español las empresas cotizadas vinculadas a los centros de datos han perdido unos 13.000 millones de euros de precio bursátil en mes y medio.
La contradicción fundamental es temporal y material. Los centros de datos se financian con bonos a cinco y siete años, pero las máquinas que contienen caducan en tres o cuatro, justo cuando llega al mercado la siguiente generación de chips. Gartner calcula que los propietarios de centros de datos necesitarían generar 8,5 billones de dólares de ingresos hasta 2030 para cubrir la inversión anunciada, su financiación y una rentabilidad del 12%. Sin embargo, prevé que los ingresos atribuibles a esos centros no superen los 3,6 billones. “Los proveedores que posean infraestructura significativa ganarán menos de la mitad de los ingresos de la IA”, sentencia el informe.
A esto se suma la advertencia del Fondo Monetario Internacional (FMI). Su directora gerente, Kristalina Georgieva, señaló este fin de semana que el boom de la IA puede ser la principal fuente de apoyo, pero que “también hay un riesgo porque cuando se depende de un motor fundamental de crecimiento es como estar a la pata coja”. El FMI exige “ajustes fiscales urgentes” a los países ricos ante el alto nivel de deuda soberana, mientras la inflación mundial llegará al 4,7% en 2026 y el rendimiento medio de los bonos a diez años del G7 ha alcanzado su mayor nivel en casi dos décadas.
Mientras los fondos de pensiones y los pequeños ahorradores asumen el riesgo de los bonos basura de CoreWeave, los grandes capitales buscan desesperadamente nuevas vías de financiación, como el capital gestionado por las aseguradoras de vida.