La policía carga contra docentes en huelga para despejar la salida de Ayuso de un acto
Agentes de la UIP emplean porras y pelotas de goma al aire para dispersar a un millar de manifestantes que rodeaban el Palacio de Santoña; la presidenta madrileña califica a los docentes de “violentos” y “untados por los sindicatos”.
Un millar de docentes, según estimaciones de CCOO, se concentraron este lunes frente a la Consejería de Educación en la calle Alcalá y, posteriormente, se desplazaron al Palacio de Santoña, sede de la Cámara de Comercio, donde la presidenta de la comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso participaba en el foro “La Longevidad tiene nombre de mujer”. Los manifestantes rodearon el edificio y cortaron los accesos en el cuarto día de la huelga indefinida de la educación pública no universitaria, bloqueando las salidas.
La Policía Nacional desplegó un dispositivo antidisturbios, cerró los accesos y, hacia las 14:00, autorizó el uso de la “fuerza mínima indispensable”: cargas con porras y disparos de pelotas de goma al aire. Ayuso salió hacia las 14:10 en su coche oficial, escoltada, entre gritos de “huelga indefinida”, “Ayuso escucha, la pública está en lucha” y “somos docentes, no delincuentes”.
Los testimonios de los manifestantes, recogidos por El Plural y elDiario.es, describen un señor mayor en el suelo sin haber hecho nada, una joven con una posible fractura de tibia y personas tiradas en el suelo con agentes encima. Un profesor mostró marcas de porrazos, y periodistas denunciaron empujones. No hay cifras oficiales consolidadas de heridos o detenidos en este incidente concreto, a diferencia de las cargas del pasado 14 de octubre en el campus de la Complutense, que se saldaron con cinco detenidos y heridos entre los manifestantes.
La jornada había comenzado con el corte de la vía de servicio de la A-3 a la altura de Moratalaz con pupitres escolares en hora punta, y con la cancelación por “motivos de seguridad” de una visita de la consejera Mercedes Zarzalejo a un instituto de Vallecas ante unos 300 concentrados.

Lejos de reconocer las reivindicaciones de los docentes (subida salarial de 600 euros al mes, reducción de periodos lectivos, bajada de ratios, más recursos para atención a la diversidad y climatización de aulas), la presidenta madrileña arremetió contra los manifestantes. Ayuso calificó a los concentrados de “coro rociero”, “violentos”, “gente que no respeta”, “untada por los sindicatos”, y afirmó que “la educación de los hijos de todos está en manos de gente así de violenta que no respeta ni siquiera el derecho de los niños a ir al colegio”. La presidenta acusó al presidente Pedro Sánchez y a la Delegación del Gobierno de “fomentar toda la violencia” en las calles de Madrid, de “mandar escraches y acosar”, y vinculó las protestas con los disturbios en Francia y con las próximas elecciones. El Gobierno regional, a través de Zarzalejo y sus portavoces, insistió en calificar la huelga de “política”, “electoralista” e “incomprensible”, y defendió que las reivindicaciones son “inalcanzables” a pesar de que el seguimiento del cuarto día fue del 13,2% según la Comunidad y del 50% según los sindicatos.
Los sindicatos convocantes (CCOO, UGT, STEM, CGT, CNT, Solidaridad Obrera y plataformas como Menos Lectivas y Queremos FP) exigen una negociación real y denunciuan una actuación policial que consideran represiva. Las consignas de la jornada, como “más pupitres y menos fondos buitre” y “Zarzalejo, dimisión”, ponen de manifiesto el malestar de un sector que denuncia la precariedad y la desinversión de la educación pública madrileña. La huelga, que afecta a unos 65.000 docentes y a más de 666.000 alumnos, se sitúa en un ambiente preelectoral de fuerte competencia política. Mientras el Gobierno de Ayuso utiliza el aparato policial para despejar el paso de la presidenta y criminaliza a los huelguistas, los docentes anuncian una escalada de movilizaciones que podría converger con la huelga general del 11 de noviembre.