Alemania investiga a más de 400 policías por sus vínculos neonazis y un intento de golpe de Estado
Un inspector jefe de Hannover se sienta en el banquillo por su relación con la secta conspiradora “Reichsbürger”. El comisionado de la policía del Bundestag reconoce que la cifra de 407 expedientes abiertos “podría ser solo la punta del iceberg”.
La presencia del fascismo en los cuerpos policiales de Alemania ha dejado de ser una sospecha para convertirse en una crisis institucional de primer orden. En la actualidad, hay al menos 407 expedientes abiertos a agentes de policía sospechosos de apoyar teorías conspirativas, mantener conductas fascistas, defender ideas racistas, judeófobas e islamófobas o directamente pertenecer a grupos neonazis, según recoge RTVE. El caso más grave es el de un inspector jefe de Hannover, Michael Fritsch, que este mes se sentará en el banquillo por participar en el intento de golpe de Estado liderado por la organización neonazi Ciudadanos del Reich (Reichsbürger). Las investigaciones abarcan desde comentarios e imágenes en chats contra migrantes, judíos o personas con discapacidad hasta los vínculos de la pareja de una agente con grupos neonazis.
El exagente y actual comisionado para la policía del Bundestag, Uli Grötsch, ha sido el encargado de poner cifras a una realidad que las autoridades alemanas llevan años tratando de contener. En declaraciones a TVE, Grötsch ha sido tajante sobre la supuesta incompatibilidad entre el uniforme y la ideología fascista: “Los grupos de ultraderecha no tienen derecho a formar parte de la policía”. Sin embargo, tras 19 años en el cuerpo, Grötsch reconoce que la cifra de más de 400 investigados podría ser solo “la punta del iceberg” de un problema mucho mayor. “Ya es una cifra extremadamente alta. Lo que necesitamos hacer es hablar de ello y tomar medidas, para que semejante cifra de policías fascistas no sea posible en Alemania”, ha señalado, recordando que en todo el país hay 230.000 agentes que “cumplen con su juramento de defender la Constitución”.
Los datos oficiales confirman una tendencia al alza que el Gobierno alemán ya no puede ignorar. El Ministerio del Interior ya publicó en 2022 un informe en el que reconocía que se habían detectado posiciones “extremistas” en 327 policías durante los tres años anteriores. A esta infiltración en los aparatos del Estado se le suma el auge electoral de Alternativa por Alemania (AfD), que el pasado verano logró su primera alcaldía a tiempo completo en Raguhn-Jessnitz, un municipio de unos 9.000 habitantes en Sajonia-Anhalt. Además, en enero, un portal de investigación destapó una reunión secreta de la ultraderecha en la que se presentó un plan para expulsar a millones de inmigrantes del país y en la que participaron destacados cargos de AfD, hecho que evidencia la connivencia entre el proyecto reaccionario y las estructuras del poder de la República Federal.
Mientras tanto, miles de personas han salido a las calles de ciudades como Berlín, Múnich o Colonia en protesta contra el avance de la reacción y la complicidad de las instituciones.