España es ya el quinto Estado de la UE con más privación material severa
Uno de cada diez hogares con menores de 16 años sufre carencia material y social severa, muy por encima de la media. En dos décadas, ha pasado del puesto 15 al 5 en el ranking europeo de pobreza, según el último informe de Funcas.
El “crecimiento económico y la creación de empleo” en el Estado español apenas están repercutiendo positivamente en el peso de la población que atraviesa mayores dificultades económicas. Así lo constata la última nota sobre privación material y social severa publicada por Funcas, basada en datos de Eurostat, que desmonta el relato triunfalista del Gobierno sobre la “recuperación”.
En 2025, la tasa de carencia material y social severa se situó en el 8,1% de la población, una cifra que, lejos de mejorar, constata que la aparente expansión de la economía no se traduce en una mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora. Esta métrica, que sustituye al antiguo indicador de carencia material severa, ya no solo mide la falta de bienes básicos, sino también en otros aspectos que suelen pasarse por alto, relacionados con la imposibilidad de participar en la vida social: no poder reunirse con amigos, no tener dinero para gastos propios o no poder reemplazar la ropa y el calzado.
Los hogares con niños, en niveles de privación material 1,5 puntos por encima de la media
La cara más cruel de esta realidad la sufren los hogares trabajadores con niños. Los indicadores de carencia en las familias con menores de 16 años son sistemáticamente superiores a la media: un 8,5% en carencia material (frente al 7,6% general) y un alarmante 10,7% en carencia material y social (frente al 8,1%). En la media del periodo 2015-2025, estos hogares han presentado niveles de privación material 1,5 puntos por encima de la media y 3 puntos más en la versión social. El sistema no solo es incapaz de proteger a la infancia, sino que la condena a la exclusión, mientras el discurso sigue insistiendo en la bonanza macroeconómica. El segmento de población de entre 30 y 64 años, el más activo laboralmente, se sitúa en la media (8% y 8,8%), lo que vuelve a dejar en evidencia que tener empleo ya no es garantía de salir de la pobreza, principalmente a causa de los precios del alquiler y de la vivienda en general.
Supera con holgura la media europea
Lejos de converger con la media de Europa, el Estado español se hunde cada vez más en el ranking de la miseria. En 2015, el país ocupaba el decimoquinto lugar de los 27 Estados miembros en tasa de privación material y social severa, con un 7,4%, por debajo de la media europea (9,7%). Diez años después, en 2025, escala hasta el quinto puesto, con un 8,1% que supera ampliamente la media de la UE (6,3%). La nota de Funcas señala que España es uno de los pocos países donde la carencia material y social severa ha crecido o permanecido estable en la última década, mientras que las mayores caídas se han dado en países de Europa del Este que partían de tasas iniciales mucho peores a finales de los años 90 y principios de los 2000 tras la caída del socialismo. El modelo económico español, basado en la precariedad, los bajos salarios y la especulación inmobiliaria, se revela incapaz de revertir una tendencia estructural que castiga a los sectores más desfavorecidos de la clase trabajadora.
Brecha socioeconómica generacional
El cambio metodológico introducido por Eurostat (que eleva el umbral de 4 a 7 carencias de una lista ampliada) sirve para identificar que la pobreza en el Estado español es cada vez más profunda y afecta a esferas antes impensables. La única excepción relativa se encuentra en los mayores de 65 años, cuya tasa de carencia material y social severa se sitúa en el 4,7%, por debajo de la media europea. Sin embargo, esto se debe principalmente a la protección de las pensiones públicas, una tendencia que apunta a una brecha socioeconómica generacional: más privación entre los menores que entre los mayores. El crecimiento nominal del PIB y la reducción del desempleo en los datos del INE y del Ministerio de Trabajo no sirven de consuelo para millones de personas que no pueden cubrir sus necesidades básicas ni participar de la vida social. El Gobierno dice que la economía crece, pero los datos promenorizados indican que es un crecimiento de suma cero.