El jefe del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), Guennadi Ziuganov, ha utilizado la tribuna de la Duma Estatal para lanzar una advertencia al Kremlin quee evoca al pasado: si no se toman medidas económicas urgentes, el país podría encaminarse hacia un estallido social comparable a la revolución de 1917. Paradójicamente, el PCFR, un partido que se autodenomina como "comunista", no considera deseable que se produzca una salida socialista revolucionaria al sistema capitalista ruso; al contrario, propone medidas concretas para que no suceda. Así, Ziuganov busca reconducir el descontento popular al servicio de la estabilidad del Estado burgués de los oligarcas que destruyeron la URSS. El histórico dirigente Vladimir Lenin denunció este papel de garante de la estabilidad institucional como "socialchovinismo", cuando los partidos socialdemócratas europeos antepusieron la supervivencia de sus burguesías nacionales a la revolución proletaria. El PCFR no cuestiona la esencia del capitalismo ruso, sino su "mala gestión"; su objetivo no es destruir el Estado oligárquico, sino reformarlo para evitar su colapso.

Ziuganov culpó a las políticas económicas del gobierno de haber "tocado fondo" en el primer trimestre y enumeró problemas concretos —el desastre ambiental en Anapa, los retrasos en las ayudas a Daguestán y Chechenia, las restricciones a internet— como síntomas de un malestar que, si no se atiende, podría desembocar en una repetición de 1917. "Si no toman medidas financieras, económicas y de otro tipo de forma urgente, en otoño nos espera lo mismo que en 1917. No tenemos derecho a repetirlo", declaró. Ziuganov se sitúa así en la tradición que Lenin criticó en su época: aquel que, bajo folclore de banderas rojas, cumple la función de preservar el orden burgués amortiguando la lucha de clases.

El dirigente "comunista" aprovechó su intervención para lamentar que las advertencias del PCFR han sido sistemáticamente ignoradas mientras que las críticas de una bloguera —Viktoriya Bonya, figura mediática afincada en Mónaco— lograron una repercusión inmediata. "Ayer vi que hay una señora llamada Viktoriya Bonya. Desde Mónaco se dirigió directamente al presidente. Enumeró uno por uno todos los problemas que nosotros ya hemos planteado", se quejó Ziuganov.

La paradoja es reveladora: el Partido "Comunista", que se declara formalmente heredero de la Revolución de Octubre, juega papel de intérprete del malestar popular para la buena gobernanza del Estado burgués a través de las declaraciones de una influencer de lujo. Bonya, en su video "En nombre del pueblo", denunció el miedo de los rusos a expresar sus quejas, la contaminación de las costas, las inundaciones en el Cáucaso y las restricciones digitales, y advirtió de que "la paciencia del pueblo puede romperse como una cuerda tensa".

El Kremlin respondió rápidamente después de ignorar las advertencias de los aspirantes a la buena gestión del PCFR durante años. El portavoz Dmitri Peskov aseguró que el video de Bonya había sido visto y que "ningún aspecto escapa a nuestra atención". Ziuganov, por su parte, afirmó que su partido ha hecho "todo lo posible" para apoyar las estrategias de Vladimir Putin —una declaración que lo sitúa explícitamente en el marco de la colaboración de clases.

El dirigente del PCFR no considera positivo que se produzca una insurrección como la de 1917 ni a la organización de los soviets; llama a que el Kremlin tenga en cuenta el malestar para que el modelo capitalista ruso no estalle por acumulación de contradicciones. En este sentido, el PCFR cumple la misma función social que cumplieron los partidos socialdemócratas europeos en 1914: la de frenar la revolución desde dentro del sistema, canalizando la ira popular hacia reformas que no tocan los pilares de la explotación, revistiéndose con simbología y folclore de una época que millones de rusos siguen viendo con buenos ojos, como indica el prestigio récord del 67% que goza la figura de Lenin. Salta a la vista que la clase trabajadora de Rusia se encuentra hoy huérfana de referente político para llevar a cabo esa revolución que tanto temen en el PCFR y el Kremlin.