La huelga indefinida se consolida como una herramienta de lucha importante de la clase trabajadora catalana frente a un escenario donde la mayoría de los conflictos se cierran sin pacto. De las 126 huelgas registradas en 2025, 11 superaron los 28 días de duración, de acuerdo con los datos del Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya recogidos en un artículo publicado por La Directa. El registro oficial indica que el 60% de los paros terminan simplemente porque expira el plazo de la convocatoria, mientras que apenas un 15% culmina con una negociación entre las partes. En este contexto, las cajas de resistencia de sindicatos como CGT, CNT e IAC se han vuelto imprescindibles para sostener conflictos laborales en sectores con salarios bajos y contratos inestables.

Un ejemplo de victoria mediante la acción directa es la huelga de más de 90 días en el Centro Integral Lluís Companys, gestionado por la Cruz Roja. La plantilla, afiliada mayoritariamente a la CGT, logró una subida salarial del 30% tras denunciar que realizaban tareas sanitarias bajo un convenio de acción social con retribuciones muy inferiores. Además del incremento, el acuerdo obliga al Govern catalán a internalizar el servicio en el CatSalut el próximo año. Marina Tort, educadora del centro, explica al citado medio que la caja de resistencia sindical cubrió una parte de sus ingresos —por encima del salario mínimo— permitiendo mantener la lucha contra la incertidumbre de un paro indefinido.

En el sector de la arqueología, las trabajadoras de la empresa Aixa-Can Mansana cumplieron ocho meses en huelga desde agosto de 2024. La sección sindical de la CNT buscaba instaurar un modelo laboral estable en un sector con condiciones "nefastas" y convenios obsoletos. Aunque el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) desestimó el intento de la empresa de ilegalizar la protesta, la dirección muestra "muy poca predisposición" a negociar. Daniel Ortensi, representante sindical, destaca que la movilización ha forzado a la patronal a abrirse a un nuevo convenio ante el aumento de la afiliación en sindicatos de clase como CNT, CGT y La Intersindical.

El sector público también protagoniza conflictos de larga duración contra la degradación de los servicios. En el Ayuntamiento de Barcelona, las plantillas de bibliotecas, servicios sociales, escuelas infantiles y centros de feminismos mantienen una huelga indefinida contra un convenio que Miquel Rubio, delegado de la Intersindical, califica de "recortes". Rubio denuncia que el Gobierno municipal del PSC encabezado por Jaume Collboni ha intentado "desacreditar a las trabajadoras" en sectores fuertemente feminizados que exigen la reducción de la jornada a 35 horas y el refuerzo de personal para evitar el colapso de unos servicios donde, en algunos centros, el 50% de la plantilla está de baja médica.

La efectividad de estas luchas depende de la solidaridad colectiva frente a la precariedad impuesta. Mireia Herrera, del sindicato IAC, sostiene ante La Directa que las organizaciones sindicales deben ser un "espacio de seguridad" para quienes arriesgan su sustento en la lucha. Esta tendencia de resistencia se extiende también al sector educativo, donde el profesorado del País Valencià ha convocado una huelga indefinida a partir de este 11 de mayo.