Una minoría de la plantilla de Tubos Reunidos vota romper la huelga
El 25% de los trabajadores de la planta de Amurrio respalda la vuelta al trabajo en una asamblea impulsada por la dirección, UGT y CCOO, pero la mayoría del comité no se rinde.
La planta de Tubos Reunidos en Amurrio (Araba) vivió este jueves una jornada de fractura interna tras la celebración de una asamblea donde 232 trabajadores, apenas una cuarta parte de la plantilla total de más de 800 personas, votaron a favor de suspender la huelga indefinida. La reunión, que contó con el rechazo frontal de la mayoría del comité de empresa (ELA, LAB y ESK), se produjo en un clima de tensión y bajo el despliegue de la Ertzaintza, que escoltó a los asistentes ante las protestas del resto de los operarios en huelga. Según informan elDiario.es y Naiz, esta votación carece de carácter vinculante, ya que la mayoría del comité de empresa no reconoce la legitimidad de la reunión y mantiene la convocatoria de huelga vigente como respuesta al concurso de acreedores voluntario presentado por la empresa. ELA, LAB y ESK señalan que se trata de una maniobra "orquestada por la dirección" para desmovilizar la resistencia obrera frente al concurso de acreedores presentado por la compañía el pasado 4 de mayo.
La presión para que la plantilla abandone la lucha no solo ha provenido de la patronal, sino que ha sido respaldada de forma explícita por el Gobierno Vasco. El consejero de Industria, Mikel Jauregi, ha exigido "paz social" como condición indispensable para la supervivencia de la empresa, llegando a comparar la situación financiera con una hipoteca impagable para justificar la necesidad de atraer capital privado. En la misma línea, el vicelehendakari segundo y consejero de Economía y Trabajo, Mikel Torres, afirmó que "parte del futuro de Tubos Reunidos se juega en la asamblea" y llamó a "remar juntos", trasladando la responsabilidad de la viabilidad del proyecto a los propios trabajadores.
Desde la mayoría del comité de empresa, las críticas a la legitimidad del proceso son tajantes. El sindicato ESK ha denunciado que la huelga es una "acción de autodefensa" frente a las pretensiones de la dirección de hacer a la plantilla "pagadora de su mala gestión". Por su parte, ELA subrayó que la asamblea no altera la convocatoria legal de huelga ni los acuerdos adoptados por la representación legitimada, censurando además la "ausencia de cualquier crítica a la gestión realizada por la dirección" por parte de los promotores de la votación. El sindicato acusó a la empresa de negarse a responder preguntas concretas de los trabajadores mientras utiliza el concurso de acreedores como amenaza de despido colectivo.
Tras el resultado de la votación, el representante de UGT, Aitor González, confirmó que los trabajadores que apoyan romper la huelga solicitarán individualmente su reincorporación y han pedido a la dirección que flete autobuses para acceder a la fábrica esquivando los piquetes, en lo que apunta a una clásica maniobra de esquirolaje. Esta maniobra de la minoría, respaldada por la logística empresarial y el aparato represivo del Estado, busca desactivar la lucha obrera.
Mientras las instituciones, UGT y CCOO insisten en la claudicación para atraer inversores, la mayoría de los trabajadores se reafirma en que la planta es viable y que la lucha es "un derecho fundamental" para evitar el desmantelamiento industrial de Aiaraldea.