Los resultados de las elecciones municipales y regionales en el Reino Unido han certificado una debacle histórica para el Partido Laborista, que ha perdido el poder en Gales tras 27 años de hegemonía y ha sufrido un retroceso masivo en sus feudos municipales de Inglaterra. Según los datos definitivos del Parlamento de Gales, la socialdemocracia regionalista galesa Plaid Cymru ha logrado una victoria sin precedentes con 43 escaños, mientras que la formación fascista Reform UK ha irrumpido con 34 diputados, reduciendo al laborismo a una fuerza marginal de apenas 9 representantes. La caída ha provocado la dimisión inmediata de Eluned Morgan como líder del partido en Gales, al tiempo que en Escocia el Partido Nacional Escocés (SNP) se encamina a su quinto mandato consecutivo, desplazando a los laboristas a la cuarta posición.

En Inglaterra, los electores han castigado al partido de Starmer haciéndole perder 1.080 concejales, mientras que los fascistas del Reform UK, liderada por Nigel Farage, han tomado el control de diez ayuntamientos y ha obtenido más de 1.400 ediles en zonas históricamente dominadas por el bipartidismo. El análisis de la BBC sobre la proyección del voto en el reino sitúa a Reform UK como la fuerza principal con un 26% de los sufragios, seguida por el Partido Verde con un 18%, dejando a laboristas y conservadores empatados en la tercera posición con un 17%. Estos datos confirman la disolución de la hegemonía tradicional de los dos grandes partidos y reflejan, en palabras de Farage, un "cambio histórico en la política británica".

La presión interna contra Keir Starmer ha escalado tras conocerse el desplome, con 22 diputados laboristas exigiendo públicamente un calendario para salir del cargo. Los sindicatos que sostienen financieramente al partido, incluyendo a Unite, han solicitado una "reunión urgente" con el primer ministro, denunciando una "desconexión total entre el Gobierno laborista y la clase trabajadora". Sharon Graham, líder de Unite, ha afirmado que "el destino está escrito" para el actual ejecutivo, mientras que el bloque de sindicatos reclama un giro drástico en la "estrategia política y la política económica" para frenar la transferencia de votos hacia formaciones que capitalizan el descontento social o la abstención.

Starmer declaró en una comparecencia en Londres que no piensa dimitir para "no sumergir al país en el caos". El primer ministro, que ya enfrentaba críticas por su deriva antimigratoria, sionista y estrechamente alineada con la patronal, además de la dimisión de su asesor por nombrar a un embajador vinculado al multimillonario pederasta Jeffrey Epstein, ha insistido en que responderá al mensaje de los votantes "sin moverse a la derecha ni a la izquierda", prometiendo un plan de "relanzamiento" de su mandato para la próxima semana. Sin embargo, voces del ala izquierda del partido y líderes regionales como Anas Sarwar han reiterado que Starmer "no ha ganado la batalla de los argumentos" y "debe abandonar el liderazgo".