Las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos y la República Islámica de Irán mantienen en el aire la ratificación de un acuerdo preliminar de paz, evidenciando profundas divergencias sobre las condiciones reales del documento. En la noche de ayer, el presidente estadounidense, Donald Trump, concluyó una reunión de emergencia en la Sala de Crisis de la Casa Blanca para realizar una "declaración final" sobre las negociaciones, poco después de recurrir a su plataforma Truth Social para anunciar de forma unilateral el levantamiento del bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz. Sin embargo, Teherán reaccionó de inmediato rechazando las afirmaciones del mandatario, a las que la agencia oficial de noticias iraní Fars calificó como "una mezcla de verdad y falsedad que busca retratar una victoria fabricada por parte de Washington".

En su declaración pública, emitida poco antes de las once de la mañana (hora de Washington), Trump afirmó que los navíos comerciales retenidos por el cerco militar estadounidense podrían iniciar su regreso "a casa", pero reiteró una serie de demandas estrictas que, según él, forman parte del pacto. El mandatario exigió que Irán se comprometa a no poseer jamás un arma nuclear, que el estrecho de Ormuz se abra de inmediato sin ningún tipo de peaje y que se complete la detonación de las minas submarinas restantes en la zona. Asimismo, Trump detalló que sus operarios, "en estrecha coordinación con China y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA)", desenterrarán y destruirán el material enriquecido que permanece bajo las montañas colapsadas hace once meses por el ataque de un bombardero B-2 estadounidense, asegurando tajantemente que "no se intercambiará dinero con Teherán hasta nuevo aviso".

Iran lo desmiente

La respuesta de las autoridades iraníes desautorizó por completo el relato de la Casa Blanca, asegurando que "todavía no se ha tomado una decisión oficial" y que las exigencias descritas por Trump son "el opuesto absoluto de lo que figura en el texto del borrador". Fuentes citadas por Fars negaron haber aceptado la apertura de Ormuz libre de aranceles, argumentando que el vital paso marítimo permanece bajo exclusiva soberanía iraní. Teherán también desmintió haber accedido a entregar su uranio enriquecido a Estados Unidos o a un tercer país, aclarando que los asuntos nucleares "ni siquiera están bajo discusión en esta fase". De igual forma, el gobierno iraní enfatizó que no procederá con ninguna tregua si no se ejecuta primero el pago inmediato de 12.000 millones de dólares procedentes de sus activos congelados en el extranjero, los cuales ascienden en su totalidad a unos 24.000 millones. En consonancia con esta postura de fuerza, Mohammad Bagher Ghalibaf, principal negociador y presidente del parlamento de Irán, declaró a través de la red social X que la República Islámica consigue concesiones "no mediante el diálogo, sino mediante misiles", advirtiendo que "no confiarán en palabras sino únicamente en hechos verificables".

De acuerdo con diplomáticos y funcionarios bajo condición de anonimato citados por The New York Times que participan en los esfuerzos de mediación liderados por Pakistán y Qatar, el verdadero borrador en discusión establece un cese de hostilidades por un periodo inicial de sesenta días para dar paso a negociaciones formales sobre sanciones y el futuro del programa atómico. El documento incluiría una cláusula para la creación de un fondo internacional de inversión y reconstrucción para Irán valorado en 300.000 millones de dólares, una iniciativa vinculada a propuestas previas de los asesores inmobiliarios Steve Witkoff y Jared Kushner que facilitaría la entrada de corporaciones energéticas estadounidenses en proyectos conjuntos dentro de Irán. A cambio de detener las sanciones de Washington, el borrador estipula que Irán suspendería temporalmente su programa nuclear y sometería a inspección su inventario actual de unas 970 libras de uranio altamente enriquecido y diez toneladas de material de bajo nivel.

Escalada genocida en el Mediterráneo

La presión sobre los negociadores para consolidar este marco jurídico ha aumentado tras el ataque estadounidense de este lunes, al que Teherán ha respondido a lo largo de la semana. A todo ello se suma la escalada de bombardeos y limpieza étnica israelíes en Líbano y la continuación del genocidio en Gaza. Fuentes oficiales en Teherán señalaron al cierre de la jornada que la desconfianza hacia la Casa Blanca sigue siendo "absoluta", expresando su temor a que Trump utilice los resultados de la reunión para romper las negociaciones y reiniciar los bombardeos aprovechando el cierre de los mercados financieros del fin de semana, algo que Israel estaría apoyando con fuerza, según medios como Al Jazeera y Middle East Eye.