Democratic Socialists of America supera los 120.000 miembros
El DSA, en la órbita demócrata, se convierte en la mayor organización de izquierdas de la historia de EEUU impulsada por el auge del anticapitalismo.
Democratic Socialists of America (DSA) ha superado los 120.000 miembros, convirtiéndose en “la mayor organización socialista de la historia de Estados Unidos”, en palabras de la propia organización. La cifra, anunciada el pasado 4 de julio, supera el pico de afiliación del Partido Socialista de Eugene Debs en 1912. El hito es tan solo un síntoma más del significativo y silenciado repunte de las ideas socialistas, comunistas y anticapitalistas en el país, especialmente entre la juventud, aunque por el momento adopten una forma política mayormente reformista y parlamentarista ligado al espacio demócrata.
DSA, fundado en 1982, pasó de ser un grupo marginal de unos pocos miles de miembros a superar los 100.000 este año, impulsado por las campañas presidenciales de Bernie Sanders en 2016 y 2020, en medio de un contexto histórico marcado por las protestas contra la violencia policial racista, la oleada movilizatoria propalestina en las universidades y las nuevas formas de sindicalismo. El DSA, que ha capitalizado parte de esta corriente, cuenta con presencia en los 50 estados y ha logrado victorias electorales como la alcaldía de Nueva York con Zohran Mamdani.
On July 4, 2026, Democratic Socialists of America passed 120,000 members, making us the largest socialist organization in United States history and surpassing the Socialist Party of America under Eugene Debs, which reached its peak dues-paying membership in 1912.
— DSA (@DemSocialists) July 5, 2026
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De hecho, el crecimiento de DSA se ha acelerado en el último año, en gran medida debido a la campaña de Zohran Mamdani, ya que su número de afiliados se ha duplicado en apenas 18 meses. En enero de 2025, la organización contaba con menos de 60.000 miembros; para alcanzar en este mes de julio los 120.000. A pesar del éxito en Nueva York, DSA ha abierto y planea abrir nuevas oficinas por todo el territorio estadounidense, muestra de su rápido crecimiento.


El DSA no es un partido político al uso, sino una organización que opera dentro del Partido Demócrata. Su estrategia, heredada del fundador Michael Harrington, consiste en actuar desde el interior del partido del régimen y tratar de “impulsarlo hacia posiciones más progresistas”. Esta estrategia genera críticas desde sectores marxistas externos, que tildan a la organización de “oportunista”, la acusan de rechazar los objetivos revolucionarios y comprometer la independencia de la clase trabajadora. Las contradicciones se extienden también al interior del DSA, entre el ala más reformista y más radical. Los sectores más reformistas apuestan por la vía electoralista y los acuerdos con los demócratas, mientras que las corrientes marxistas más radicales defienden posiciones revolucionarias más intransigentes.
Estas tensiones internas se articulan a través de múltiples caucus o facciones, agrupaciones de militantes con afinidades ideológicas que compiten abiertamente en debates y elecciones internas. En el ala más reformista o “derechista” se sitúan el Socialist Majority Caucus (SMC) y Groundwork, que apuestan por el crecimiento cuantitativo de la organización y el trabajo posibilista dentro del Partido Demócrata, priorizando campañas electorales y el llamado “Green New Deal”. En el “centro-izquierda”, se encuentra el influyente Bread and Roses (B&R) que promueve una “vía democrática al socialismo”, combinando la organización sindical de base con una visión internacional que no se alinea automáticamente con los enemigos de EEUU. En el ala más radical o “izquierda” se encuentran caucus como el Marxist Unity Group (MUG), que busca transformar el DSA en un partido socialista independiente con una ruptura clara con el Partido Demócrata; Red Star y Springs of Revolution, de orientación abiertamente marxista-leninista y antiimperialista; el Reform & Revolution (R&R), que combina reformas con una perspectiva anticapitalista; y el Libertarian Socialist Caucus (LSC), que agrupa a anarquistas y socialistas libertarios que apuestan por la “construcción de poder desde abajo” (sindicatos militantes, cooperativas, ayuda mutua) y desconfían de las estructuras centralizadas. Otros caucus como el Communist Caucus se centran en el trabajo de base en cuestiones de vivienda y la “reconstrucción de la clase trabajadora”. La composición del Comité Político Nacional (NPC) refleja esta diversidad ideológica, con representación de varias de estas corrientes. El debate interno es abierto y a veces intenso, lo que algunos ven como una “fortaleza democrática” y otros como “fuente de divisiones”.
Esta pugna ideológica manifiesta en el nuevo programa Workers Deserve More!, aprobado en junio de este año, que reclama la abolición del Senado, del Tribunal Supremo y de la presidencia, sustituyéndolos por un ejecutivo y un poder judicial subordinados al Congreso; la abolición de las “fuerzas carcelarias del Estado capitalista”; retirar la financiación al Departamento de Guerra; la amnistía universal para inmigrantes; y la expropiación de las grandes corporaciones. El ascenso de la DSA y el aumento del prestigio del socialismo y del comunismo en la sociedad estadounidense han provocado una escalada de retórica y medidas anticomunistas. Recientemente, en su discurso del 4 de julio con motivo del 250 aniversario de la independencia, el presidente Donald Trump atacó al comunismo y lo equiparó a “una amenaza para la identidad estadounidense”. “Nuestros guerreros no lucharon contra el comunismo en campos de batalla de todo el mundo para que esa amenaza vuelva a levantar su fea cabeza aquí, en Estados Unidos. Es como un cáncer: hay que extirparlo”, declaró. “Puedes ser leal a Karl Marx o puedes ser leal a América. Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas”, dijo Trump en una intervención ampliamente difundida en medios y redes sociales.
Trump:
— Clash Report (@clashreport) July 4, 2026
You can be loyal to Karl Marx or you can be loyal to America.
You can be a communist or you can be a patriot. You cannot be both. pic.twitter.com/4HosNoBcjR
La escalada en la retórica pública anticomunista se intensifica a las puertas de las elecciones de mitad de mandato (midterm), mientras el DSA continúa su expansión organizativa como un síntoma del descontento social con el sistema político bipartidista y la creciente desigualdad socioeconómica, en máximos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
La clase dirigente de EEUU, que en las últimas décadas presumía de “haber enterrado para siempre al comunismo”, ahora se ve obligada afirmar que “sigue siendo una amenaza”, volviendo a desplegar discursos anticomunistas preventivos ante el auge doméstico de las ideas socialistas y su potencial articulación política.