La República Popular China ha consolidado su posición como la principal potencia manufacturera del planeta al concentrar aproximadamente el 28% de la producción industrial global, según los últimos datos del Banco Mundial difundidos por la firma de análisis financiero The Kobeissi Letter. Esta cifra representa más del triple de la cuota ostentada por el país asiático en 2004 y supera de forma combinada la producción manufacturera acumulada de las tres economías que le siguen en el ranking, es decir, Estados Unidos, Japón y Alemania. Durante las últimas dos décadas, el valor añadido manufacturero de China ha experimentado un crecimiento cercano al 700%, al pasar de unos 625.000 millones de dólares a 4,66 billones de dólares. En contraste, la cuota relativa de Estados Unidos se ha reducido desde un quinto del total mundial hasta situarse en el 17%, con un valor de 2,5 billones de dólares, lo que evidencia una brecha industrial creciente entre ambas superpotencias.

El reordenamiento del mapa industrial no se limita a la rivalidad entre Washington y Pekín, sino que refleja un cambio estructural profundo en la economía internacional. Los indicadores del Banco Mundial muestran que la participación agregada de la Eurozona en la manufactura global ha descendido hasta situarse en el 15%, mientras que la cuota de Japón ha caído de forma más pronunciada hasta ubicarse en torno al 5%. Mientras las economías occidentales han reorientado progresivamente sus estructuras productivas hacia los sectores de servicios, finanzas y tecnología, China ha concentrado la manufactura pesada y la producción en masa de bienes que abarcan desde la electrónica de consumo y la maquinaria industrial hasta los vehículos eléctricos, escalando de manera constante en la cadena de valor hacia productos más ‘complejos’.

Esta divergencia se ha acentuado a pesar de la estrategia proteccionista impulsada por la administración del presidente estadounidense Donald Trump, quien tras su anuncio arancelario de abril reiteró su compromiso de “revitalizar la industria nacional” mediante impuestos a la importación aplicados a docenas de países. Si bien el Gobierno estadounidense sostiene que la actividad fabril en el país ha alcanzado su nivel más alto en cuatro años, apoyándose en los planes de expansión de firmas como AstraZeneca y GlobalFoundries, las métricas independientes muestran un panorama distinto. El Índice de Relocalización elaborado por la consultora internacional Kearney se mantuvo en terreno negativo en 2025, lo que pone de manifiesto las dificultades de la industria estadounidense para recortar la distancia que la separa de la capacidad productiva china.