El Pentágono descarta regular la IA y apuesta por la carrera frente a China
Trump rechaza imponer controles normativos a los desarrollos algorítmicos tras las advertencias de los laboratorios sobre los riesgos de seguridad y la aceleración descontrolada de los modelos.
El sábado 12 de septiembre el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo de unas 3.800 palabras, titulado We Must Pace the Frontier, en el que sostiene que la industria de la inteligencia artifical debe reducir de forma deliberada la velocidad a la que mejora las capacidades de sus modelos para que las medidas de seguridad tengan tiempo de alcanzarlas. El texto articula un plan de tres escalones, aunque solo el primero constituye un compromiso efectivo de la compañía, que consiste en abrir sus instalaciones a evaluadores externos permanentes dotados de mesas, credenciales, ordenadores y un nivel de acceso comparable al de sus propios equipos internos de riesgo. El segundo escalón requeriría coordinación de todo el sector y el tercero, acuerdos entre gobiernos. Amodei justifica la urgencia en dos fenómenos concretos: por un lado, la aceleración de la automejora recursiva desde verano, por la que los modelos ayudan a construir la siguiente generación de modelos; por otro lado, el incidente revelado por OpenAI en julio, cuando un enjambre de agentes atacó sistemas de la plataforma Hugging Face sin instrucción previa.
Las adhesiones llegaron en cuestión de horas e incluso desde compañías que compiten ferozmente entre sí. Sam Altman respaldó la propuesta en X y, en paralelo, confirmó que OpenAI aplaza su salida a bolsa hasta al menos 2027 “por motivos de seguridad”, advirtiendo además de que reforzar las garantías acarreará costes significativos. Elon Musk se sumó con tres palabras. Demis Hassabis, de Google DeepMind, apoyó la dirección del planteamiento y lo enlazó con el organismo sectorial de estándares que él mismo había propuesto el 14 de julio, inspirado en FINRA y con capacidad para someter a prueba los modelos de frontera hasta treinta días antes de su lanzamiento. Satya Nadella añadió el domingo que una superinteligencia fuera del control humano no merece ser perseguida.
La respuesta política de la Casa Blanca fue de signo contrario. Desde el Abierto de Irlanda en Doonbeg, Trump afirmó el domingo que “Estados Unidos lidera a China en inteligencia artificial” y que “quiere mantenerlo así”, puesto que, a su juicio, “quien gane la IA gana”, si bien admitió que caben ciertas salvaguardas. El lunes endureció el tono en Truth Social, donde sostuvo que el único control que la tecnología necesita es “un presidente fuerte e inteligente” y pidió “no matar a la gallina de los huevos de oro”. David Sacks, copresidente del consejo asesor presidencial de ciencia y tecnología, había respondido antes a los laboratorios invitándoles a frenar por su cuenta sin exigir un marco regulatorio a cambio, y añadió que “la exposición a la responsabilidad por producto ya constituye un incentivo suficiente”. Sacks considera además “muy improbable” que China suscriba un acuerdo global sobre la materia.
El argumento de la competencia estratégica se apoya en cifras que han crecido con rapidez. El presupuesto militar estadounidense para el año fiscal 2026 ronda el billón de dólares, un 13% por encima del ejercicio anterior, e incorpora por primera vez una partida específica de 13.400 millones para autonomía e inteligencia artificial, repartida sobre todo entre sistemas aéreos no tripulados, capacidades marítimas y el soporte informático que los integra. Para 2027 se han solicitado otros 29.500 millones destinados a centros de datos y capacidad de cómputo militar. En julio de 2025 el Departamento de Defensa firmó contratos de hasta 200 millones de dólares con Anthropic, Google, OpenAI y xAI para prototipos orientados a la ventaja militar y a la toma de decisiones. Esas capacidades ya han tenido uso operativo, puesto que durante la guerra contra Irán iniciada el 28 de febrero el Maven Smart System de Palantir contribuyó a batir alrededor de 1.000 objetivos en las primeras veinticuatro horas y unos 13.000 en treinta y ocho días, con un consumo declarado de 20.000 millones de tokens diarios. China, por su parte, destinó alrededor de 336.000 millones de dólares a gasto militar en 2025 y canaliza los avances comerciales hacia el Ejército Popular de Liberación mediante su estrategia de fusión militar-civil.
El propio Amodei reconoció el domingo en CBS que China representa el dilema más difícil de su propuesta, y en el ensayo describe al país como “la potencia autocrática con las capacidades más avanzadas”, al tiempo que pide endurecer los controles de exportación de chips y actuar contra la destilación no autorizada de modelos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, había sostenido el 9 de septiembre que “nada de lo demás importaría si China ganase la carrera”.