Más de 80 personas mueren tras 26 días a la deriva en un cayuco rescatado en Gran Canaria
Solo hay 44 supervivientes de una expedición procedente de Gambia que trasladaba a cerca de 130 migrantes; los que lograron llegar con vida estaban en estado severo de deshidratación y desorientación.
Una nueva tragedia de proporciones devastadoras ha vuelto a golpear la Ruta Canaria de la migración atlántica. Durante la madrugada de este jueves, efectivos de Salvamento Marítimo lograron rescatar una embarcación tipo cayuco a unos 120 kilómetros al sur de la isla de Gran Canaria. En la nave, que llevaba 26 días navegando a la deriva desde que partió de las costas de Gambia, solo permanecían con vida 44 de las 128 personas que habían iniciado la travesía. De acuerdo con las informaciones facilitadas por los servicios de emergencia y rescate, más de 80 migrantes murieron a lo largo del prolongado y agónico trayecto marítimo debido a la deshidratación, la falta de alimentos y las duras condiciones del océano. La operación de auxilio concluyó con el desembarco de los supervivientes en el muelle de Arguineguín, en el municipio grancanario de Mogán.
La embarcación fue avistada inicialmente en la tarde del miércoles por uno de los aviones de reconocimiento de Salvamento Marítimo. Ante la gravedad de la situación y la distancia a la costa, el centro coordinador movilizó a la embarcación Guardamar Urania, la cual alcanzó la posición del cayuco hacia la medianoche. Las condiciones meteorológicas en la zona del rescate se caracterizaban por un fuerte oleaje que complicó de forma notable las maniobras de abordaje y aseguramiento. Debido al continuo impacto de las olas contra el casco de la frágil nave y la acumulación de gran cantidad de agua en el fondo de la misma, los marineros de Salvamento Marítimo contabilizaron de forma directa al menos cinco cadáveres a bordo. Sin embargo, la urgencia vital por evacuar a los supervivientes y el riesgo inminente de naufragio obligaron a las fuerzas de rescate a dejar los cuerpos en la embarcación.
Fuentes de la tripulación de la Guardamar Urania trasladaron a la agencia EFE el estremecedor estado psicológico y físico en el que hallaron a las personas auxiliadas, señalando que “eran auténticos cadáveres en vida, como zombies”, de los cuales la mayoría sufría alucinaciones por beber agua de mar e incluso algunos reaccionaban de forma violenta debido al desvarío ocasionado por la extrema deshidratación.
Dada la extrema gravedad de algunos de los náufragos, durante la travesía de retorno hacia la isla de Gran Canaria, Salvamento Marítimo tuvo que activar de forma urgente un helicóptero medicalizado para proceder a la evacuación aérea de tres de los supervivientes cuyos signos vitales eran críticos. Estos tres pacientes fueron trasladados directamente a los centros hospitalarios de Las Palmas de Gran Canaria. El resto de la expedición llegó al muelle de Arguineguín aproximadamente a las 3:30 horas de la madrugada del jueves. Según relataron los equipos de la Cruz Roja encargados del dispositivo de respuesta inmediata, el deterioro físico de los migrantes era tal que muchos de ellos se desplomaban exhaustos sobre las mesas mientras los agentes de la Policía Nacional trataban de identificarlos. El Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (112) del Gobierno de Canarias precisó que seis de los asistidos requirieron ingreso hospitalario inmediato aquejados de severos cuadros de deshidratación, desorientación y traumatismos diversos producidos por los golpes sufridos en el interior del casco.
La ONG Caminando Fronteras confirmó que las marcas e inscripciones localizadas en el casco del cayuco rescatado coinciden plenamente con los datos registrados por la Guardia Civil sobre una embarcación que zarpó el pasado 7 de agosto desde las costas de Gambia con 127 personas a bordo, entre las que figuraban cuatro mujeres y una bebé. Este dato coincide con el testimonio recabado a los supervivientes por parte de los voluntarios de la Cruz Roja a su llegada a tierra firme, en los que los rescatados declararon haber salido al Atlántico con más de una centena de ocupantes y presenciado el paulatino fallecimiento de la inmensa mayoría de sus compañeros durante las casi cuatro semanas en altamar. Las primeras identificaciones provisionales revelan que los 44 supervivientes son todos procedentes de Gambia y Malí, habiéndose confirmado la muerte durante el viaje de la totalidad de las mujeres y de la bebé.
La Ruta Canaria y la situación en el Sahel
Esta tragedia pone de manifiesto una vez más la extrema peligrosidad de la denominada Ruta Canaria, considerada por los organismos internacionales y las agencias de migración de las Naciones Unidas como una de las trayectorias de migración irregular más mortíferas del mundo. El trayecto directo marítimo que separa la costa de Gambia del archipiélago canario abarca una distancia superior a los 1.500 kilómetros a través de mar abierto. Cuando los cayucos, embarcaciones tradicionales de madera diseñadas originalmente para la pesca de bajura, quedan a la deriva por fallos mecánicos en sus motores fuera de borda o por el agotamiento del combustible, las corrientes oceánicas del Atlántico oriental y los vientos alisios arrastran a las naves mar adentro, alejándolas de las rutas comerciales de navegación.
El incremento de las salidas desde puntos tan alejados del archipiélago como Gambia, Senegal o Mauritania responde a un deterioro sistemático de las condiciones de vida en la región del África occidental y del Sahel. En el caso de Malí, país de origen de parte de los náufragos, el recrudecimiento del conflicto bélico interno, la inestabilidad política tras los recientes cambios de régimen y la presencia de grupos armados han forzado el desplazamiento de miles de personas hacia países vecinos como Senegal o Gambia, desde donde buscan una vía de escape hacia Europa. Paralelamente, Gambia atraviesa una profunda crisis económica marcada por el desempleo juvenil masivo, la inflación en los alimentos de primera necesidad y el colapso de las industrias pesqueras locales, afectadas por la sobreexplotación de los caladeros. Esta conjunción de factores impulsa a cientos de jóvenes a arriesgar sus vidas en travesías transoceánicas de alto riesgo en busca de oportunidades de subsistencia.