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Encapuchados disparan balines a un niño marroquí de 8 años en Ceuta

La víctima, que sobrevivió junto a su familia tras cruzar a nado en julio, recibió el disparo cerca del ojo y casi pierde la visión; sus padres temen denunciar por miedo a perder su custodia.

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Imagen de Ali tras el disparo en su campamento improvisado en Ceuta. Foto: lasexta.com
Imagen de Ali tras el disparo en su campamento improvisado en Ceuta. Foto: lasexta.com

La violencia racista en Ceuta han alcanzado un punto crítico tras registrarse graves ataques contra la población migrante en situación de vulnerabilidad que malvive en campamentos improvisados. Durante la noche del lunes, un niño marroquí de ocho años, identificado como Ali, resultó herido en la cabeza tras ser alcanzado por el disparo de un rifle de perdigones disparado por varios individuos que circulaban encapuchados a bordo de una moto. Los hechos ocurrieron en el asentamiento informal de la barriada de El Príncipe. La cadena de televisión laSexta ha confirmado en exclusiva este suceso, que representa un episodio más de los pogromos racistas de la zona durante las últimas semanas.

Según la información recabada sobre el terreno por los equipos de televisión y los datos acreditados en el parte médico al que ha tenido acceso laSexta, el menor presentaba una brecha de varios centímetros de longitud localizada en la región craneal, muy próxima a su ojo derecho. El impacto del proyectil estuvo a punto de causar daños irreversibles en la visión del pequeño. Tras ser auxiliado por sus familiares en el propio campamento, Ali fue trasladado de urgencia hasta un hospital.

La trayectoria vital del pequeño Ali sintetiza el drama humanitario que atraviesan decenas de familias tras cruzar la frontera. El menor llegó a territorio español el pasado 30 de julio tras atravesar a nado el espigón fronterizo que separa Marruecos de Ceuta. Desde su llegada a la ciudad, el niño malvive junto a sus padres y su hermano menor, de tan solo tres años de edad, en una pequeña tienda de campaña instalada de forma precaria en el barrio de El Príncipe.

A pesar de la extrema gravedad de lo sucedido, la familia no ha formalizado una denuncia. Los padres de Ali han manifestado a los periodistas que el motivo principal de esta omisión es “el temor profundo a que la intervención de los servicios sociales suponga la separación de la unidad familiar y la pérdida de la tutela de sus dos hijos”. En sus declaraciones, la madre relató los angustiosos momentos vividos durante el ataque nocturno. Al escuchar los primeros disparos contra la tela del refugio, salió para suplicar a los agresores que cesaran la violencia al haber niños pequeños en el interior. Lejos de detenerse, los atacantes, que huyeron a gran velocidad en una moto, la amenazaron expresamente de muerte a ella y a sus hijos antes de desaparecer entre las callejuelas del barrio.

Este incidente no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de un patrón delictivo continuado. Existen al menos dos denuncias previas interpuestas en los primeros días de septiembre por agresiones de idéntica naturaleza. El primer antecedente se registró el pasado 1 de septiembre, cuando un ciudadano migrante resultó herido por disparos de balines de plástico efectuados con pistolas de aire comprimido por individuos que se desplazaban también en moto cerca de El Príncipe. Apenas 24 horas después, el 2 de septiembre, se formalizó una segunda denuncia por un ataque similar perpetrado en la barriada de Loma Colmenar. En esta ocasión, la víctima fue un ciudadano ceutí, y los investigadores contemplan la hipótesis de que fuera confundido con un migrante debido a la coincidencia en las pautas de actuación de los agresores.