Letonia abre el procedimiento que permitiría expulsar al periodista Leonid Ragozin por sus análisis sobre la guerra
El ministro del Interior pide declarar “persona non grata” al reportero ruso por análisis y opiniones “contrarios a los intereses del Estado”, en una medida administrativa sin acusación penal.
El Gobierno de Letonia ha iniciado el procedimiento para incluir al periodista ruso Leonid Ragozin en su lista de personas non gratae. Este 6 de octubre, la ministra de Exteriores, Baiba Braže, anunció en la red social X que, tras recibir información de “las autoridades competentes” y consultar al primer ministro y al ministro del Interior, había decidido iniciar el proceso para añadir a otro ciudadano ruso a la lista letona de “personas no deseadas”. Aunque la ministra no identificó al afectado, el medio letón Delfi informó, citando fuentes no oficiales, de que se trataba de Leonid Ragozin, periodista ruso residente en Letonia desde 2014. La noticia fue posteriormente recogida por The Moscow Times, The Insider y otros medios internacionales. El ministro letón del Interior, Jānis Dombrava, había pedido el pasado 30 de septiembre que Ragozin fuera declarado persona non grata, alegando que sus opiniones eran “abiertamente contrarias a los intereses del Estado letón”. Según Dombrava, sus actuaciones “podían contribuir a orientar a la opinión pública occidental en una dirección favorable a Rusia”.
Ragozin es un periodista ruso especializado en Rusia, Ucrania y el espacio postsoviético. Trabajó como productor y periodista para el servicio ruso de la BBC, fue corresponsal y posteriormente editor internacional de Russian Newsweek, y ha colaborado con medios como The Guardian, Politico, Al Jazeera, The American Conservative, The Washington Post, Bloomberg y The Kyiv Post. También ha participado en la elaboración de guías de viaje de Lonely Planet. Vive en Letonia desde 2014, después de la que Crimea pasara a formar parte de Rusia, reside en Riga y obtuvo inicialmente un permiso de residencia temporal tras adquirir una propiedad. Su perfil profesional es el de un periodista independiente y comentarista de asuntos internacionales, no el de un funcionario ruso ni el de un empleado reconocido del Estado ruso. Las acusaciones letonas, por tanto, se refieren a sus opiniones y publicaciones, no a una imputación pública de espionaje o pertenencia formal a ninguna estructura estatal rusa.
Las autoridades letonas basan su acusación en meros posicionamientos políticos y analíticos: atribuir parte de la responsabilidad de la guerra a Occidente (Dombrava sostiene que Ragozin ha culpado a los países occidentales de la conducta agresiva de Rusia); criticar las sanciones contra Rusia, que el ministro acusa de “presentar como ineficaces o contraproducentes”; “justificar aspectos de la política exterior rusa”, ya que el Gobierno de Letonia considera que algunos de sus análisis “reproducen argumentos favorables a Moscú”; y “desacreditar a Ucrania y a sus dirigentes”, pues Dombrava afirma que Ragozin ha difundido mensajes que “cuestionan a Ucrania, a su liderazgo político y a sus fuerzas armadas”, y que “pueden debilitar el apoyo occidental a Kiev”.
El expediente político parece haberse intensificado a raíz de intervenciones públicas y artículos recientes, más que por un único hecho aislado. Entre los episodios citados por la prensa figura su participación en un pódcast presentado por Aaron Maté, asociado al medio The Grayzone, donde Ragozin afirmó que Rusia se consideraba permanentemente “la parte débil” o “la víctima” frente a la presión occidental y que esa percepción la había llevado a responder con “fuerza bruta”. Sus detractores consideran que esta opinión personal “desplaza la responsabilidad de la invasión rusa hacia Occidente”; algunos de sus defensores argumentan que se trata de un análisis objetivo de la lógica estratégica del Kremlin, no necesariamente como una aprobación moral o política de la guerra.
En una columna publicada el pasado agosto, Ragozin sostuvo que, ante la perspectiva de otro invierno muy duro, Ucrania debía contemplar “compromisos dolorosos” en la mesa de negociación para evitar una “catástrofe nacional”. También calificó de “desafiante” la retórica del presidente ucraniano Volodimir Zelensky. En otros artículos recientes ha criticado al liderazgo ucraniano y a sus aliados europeos, y ha defendido la necesidad de reactivar negociaciones con Moscú. En un artículo para The American Conservative, argumentó que muchos ciudadanos rusos perciben a los países occidentales como una amenaza mayor que su propio Gobierno. Esta tesis, a menudo ignorada en Occidente, ha sido presentada por sus críticos como “una forma de normalizar o blanquear la narrativa oficial rusa”. El caso no es completamente nuevo: en 2022, el entonces ministro letón de Defensa, Artis Pabriks, calificó a Ragozin de “posible agente de influencia rusa” después de su participación en un programa de LTV7 sobre la guerra de Ucrania. Según Delfi, LTV indicó que no había observado en sus declaraciones una repetición de propaganda rusa ni una glorificación de la guerra. En 2020, las autoridades letonas rechazaron su solicitud de permiso de residencia permanente “porque había pasado fuera de Letonia más tiempo del permitido”, debido a sus viajes profesionales.
En Letonia, la designación de una persona como no deseada puede implicar la prohibición de entrada o permanencia en el país. El Ministerio de Exteriores ya ha utilizado la Ley de Inmigración en decisiones recientes de este tipo. En un caso oficial publicado en septiembre de 2026, la prohibición se estableció por tiempo indefinido. La medida es administrativa y migratoria, pero tiene una evidente dimensión política, aunque no equivalga por sí sola a una condena penal ni demuestre que la persona haya cometido espionaje. En el caso Ragozin, las justificaciones difundidas públicamente por las autoridades letonas se centran exclusivamente en sus opiniones, publicaciones y el posible efecto sobre la opinión pública europea. La decisión final, sus fundamentos completos, la duración de la prohibición y las posibles vías de recurso permanecen abiertas..
Letonia ha endurecido su política hacia ciudadanos rusos, periodistas, comentaristas y figuras culturales percibidos como “favorables a Moscú” desde el inicio de la guerra a gran escala en Ucrania en 2022. La sensibilidad letona es especialmente elevada por su frontera con Rusia, su historia dentro de la Unión Soviética, la existencia de una importante población rusófona y la percepción de que Moscú “utiliza medios, redes sociales y mensajes políticos como instrumentos de influencia”.