84 años del asesinato de Olga Benário, la “comunista peligrosa y obstinada”
La agente de la Komintern en la revolución brasileña fue deportada a Alemania estando embarazada. Antes de gasearla, la Gestapo le dedicó un informe de más de 2.000 páginas, el más extenso sobre una sola persona.
Olga Gutmann Benário nació el 12 de febrero de 1908 en Múnich (Alemania), en el seno de una familia judía de clase media. Hija del abogado Leo Benário y Eugénie Gutmann Benário, ingresó en la Liga Juvenil Comunista de Alemania (KJVD) a la temprana edad de quince años. Su rápida politización la llevo a mudarse a Berlín con el militante comunista Otto Braun, tras choques ideológicos con su padre socialdemócrata. En 1928 encabezó el asalto a la prisión de Moabit para rescatar a su compañero, procesado por "traición a la patria". Huyeron juntos a la Unión Soviética, donde Olga estudió en la Escuela Internacional Lenin.
Al comprobar sus aptitudes como mujer de acción, la Internacional Comunista la envió a Brasil en 1934 con la misión de proteger al secretario general del Partido Comunista de Brasil y líder de la Aliança Nacional Libertadora (ANL), Luís Carlos Prestes, quien terminaría siendo su pareja y padre de su primera hija, Anita Leocádia. Junto a su amado y compañero de lucha, Benário se dedicó a preparar la revolución contra el dictador Getúlio Vargas, un proceso que estallaría en noviembre de 1935 con los levantamientos de la Intentona Comunista en Natal, Recife y Río de Janeiro; el gobierno de Vargas los aplastó con una sangrienta represión.
La policía brasileña arrestó a Olga y Prestes el 5 de marzo de 1936, cuando Olga estaba embarazada de su segunda hija. El Supremo Tribunal Federal aprobó su deportación ilegalmente, a pesar de que se encontraba en el séptimo mes de gestación; el ministro Vicente Rao y Vargas rubricaron la orden el 18 de septiembre de 1936. Embarcaron a Olga en el barco La Coruña rumbo a Hamburgo, donde fue arrestada por la Gestapo y confinada en el campo de concentración de Barnimstrasse, donde dio a luz a Anita el 27 de noviembre de 1936. Leocádia Prestes, abuela materna, recogió a la niña, reconocida finalmente como ciudadana brasileña. Sin embargo, la liberación de la pequeña Anita enfrentó obstáculos: la Gestapo cuestionó la paternidad de Prestes y el parentesco con Leocádia, hasta que campañas internacionales en la prensa forzaron la entrega.
“Comunista peligrosa y obstinada”
Las autoridades nazis confinaron a Olga en Lichtenburg en marzo de 1938 y en Ravensbrück en 1939, donde mantuvo una actitud revolucionaria tenaz bajo condiciones extremas. Aunque los nazis la sometieron a torturas y macabros experimentos médicos, siguió impartiendo clases de gimnasia e historia a prisioneras del campo. La Gestapo la interrogó sin éxito, intervino y censuró sus cartas, le prohibió las visitas y amenazó con separarla de su hija, alegando que era “inteligente y peligrosa”. Era cierto: los jerarcas nazis se quedaron sorprendidos con la capacidad de resistencia de Benario, recogida en informes de la Gestapo para el mismísimo Heinrich Himmler, donde la señalaban como “comunista peligrosa y obstinada” que se negaba a colaborar. El 23 de abril de 1942, con tan solo 34 años, la ejecutaron en una cámara de gas en Bernburg junto a otras 199 presas, como Sarah Fidermann y Hannah Karpow. Un papel escondido en una falda confirmó la fecha de la ejecución. En su carta final a Prestes y Anita, fechada en abril de 1942, dejó unas palabras para la posteridad:
“Luché por lo justo, por lo bueno y por lo mejor del mundo. Te prometo ahora, al despedirme, que hasta el último instante no tendréis por qué avergonzaros de mí. Quiero que me entendáis bien: prepararme para la muerte no significa que me rinda, sino saber hacerle frente cuando llegue”.
El expediente más extenso de la Gestapo sobre una sola persona
El Proceso Benario ocupa ocho tomos con más de 2.000 páginas, el expediente más extenso de la Gestapo sobre una sola persona. Los archivos fueron capturados por el Ejército Rojo tras la victoria sobre la alemania nazi. Vargas y Filinto Müller forzaron la deportación violando leyes brasileñas; la Gestapo censuró las cartas y registró sus bienes como “robo de una prisionera judía fallecida”. Anita Prestes publicó 50 cartas de Olga en su libro Olga Benário Prestes: uma comunista nos arquivos da Gestapo (2017). Las misivas fueron digitalizadas en 2015 y están accesibles públicamente. La obra también incluye detalles sobre torturas, castigos por resistir trabajos forzados y episodios de solidaridad con otras presas en Ravensbrück. Solo Eugénie Benario, madre de Olga, recibió notificación oficial de la muerte; Prestes no lo supo hasta 1945.
En 1998, Celso de Mello, del STF, admitió el “error” de las autoridades brasileñas: “Permitió la entrega de una persona a un régimen totalitario como el nazi, una mujer que estaba embarazada”. Sin embargo, Benario demostró ser mucho más que una mujer embarazada; era una comunista ejemplar, y por ello la deportaron y la asesinaron.