Dependencia energética europea: de Rusia a Estados Unidos
Una de las funciones históricas de la Unión Europea ha sido la gestión de un mercado energético común alimentado, de manera significativa, por hidrocarburos rusos. Esa función se ha reconfigurado por completo en los últimos años.
Antes de febrero de 2022 Rusia cubría en torno al 45% de las importaciones de gas de la UE. En 2025 esa cuota había caído a alrededor del 12%. En volumen, las importaciones pasaron de más de 167 000 millones de metros cúbicos (bcm) en 2021 a unos 38 bcm en 2024 y 2025. El gas ruso por gasoducto se desplomó un 44% en 2025, hasta unos 18 bcm, el nivel más bajo desde mediados de los años setenta, tras el cierre del corredor de tránsito ucraniano en enero de ese año. El reglamento aprobado a finales de 2025 fija la prohibición total; el GNL ruso queda vetado a finales de 2026 y el gas por gasoducto en otoño de 2027, con cierre definitivo el 1 de enero de 2028.
El hueco lo ha ocupado, sobre todo y de manera interesada, Estados Unidos. Sus exportaciones de GNL a la UE pasaron de 18,9 bcm en 2021 a más de 50 bcm en 2022, y se triplicaron entre 2021 y 2025; en ese último año EE. UU. suministró en torno al 54-58% del GNL importado por la Unión. En Alemania, el GNL estadounidense representa cerca del 90% de las importaciones de gas licuado del país.
El acuerdo comercial UE-EE. UU. de julio de 2025 vino a formalizar la tendencia que se estaba propiciando por Washington. A cambio de rebajar del 30% al 15% los aranceles sobre bienes europeos, la UE se comprometió a comprar 750 000 millones de dólares en energía estadounidense hasta 2028 —unos 250 000 millones anuales— e invertir otros 600 000 millones en EE. UU. Las importaciones energéticas europeas procedentes de EE. UU. rondaron los 75 000-80 000 millones de dólares en 2024, de modo que cumplir el objetivo exigiría triplicarlas o cuadruplicarlas; según distintos análisis, cerca del 70% de la demanda europea de petróleo y GNL tendría que cubrirse con producto estadounidense.
El coste industrial de la transición, se traduce en un mayor debilitamiento de la ya palidecida base industrial Europea. El informe Draghi (con datos mas optimistas que los que se están viendo actualmente con la guerra en Irán) cifró los precios eléctricos europeos en 2-3 veces los de EE. UU. y los del gas en 4-5 veces. En Alemania, la producción de las ramas industriales intensivas en energía se mantuvo en 2025 en torno a un 17% por debajo de los niveles previos a 2022, y llevaba dos años oscilando entre el 80% y el 85% de su capacidad anterior a la crisis. El consumo de gas de la industria alemana cayó de una media de 327,6 TWh en 2018-2021 a 256,5 TWh en 2023, un 22% menos. En el segundo trimestre de 2025 la tonelada de cemento costaba 229 dólares en Alemania frente a 96 en EE. UU. y 54 en China.
El resultado agregado es una reordenación de los flujos energéticos y comerciales del bloque, en detrimento de la clase trabajadora que acarrea con casi la totalidad de los gastos y encarecimientos tanto directos como indirectos de la falta de suministro energético, pero en beneficio de los estados unidos, los cuales han logrado afianzar en mayor medida de sus aliados en el viejo continente. De esta manera, la UE anuncia que ha eliminado una dependencia respecto a Rusia, para acabar adquiriendo otra respecto a su principal proveedor de GNL y garante militar en el otro lado del charco, mientras sus sectores intensivos en energía operan con costes estructuralmente más altos que los de sus competidores.