Los trabajadores de la multinacional aeronáutica Airbus han iniciado la tercera semana de huelga indefinida tras rechazar por unanimidad en las seis asambleas de centro la propuesta de acuerdo presentada por la dirección de la empresa. La movilización, que alcanza ya su decimocuarto día de paros continuados, afecta de manera directa a la actividad de las principales plantas de la compañía en el Estado español, entre las que se encuentran los centros de Getafe, Cádiz e Illescas. La resolución empresarial, respaldada únicamente por la representación sindical de CCOO, fue desestimada al considerarse insuficiente en materia de recuperación del poder adquisitivo y por ofrecer únicamente una restitución temporal de los complementos de incapacidad temporal retirados en el convenio anterior.

El rechazo a la propuesta acordada entre la directiva y la representación de CCOO se escenificó de forma contundente en los centros de trabajo. En la fábrica de Illescas, pese a contar con una amplia implantación de dicho sindicato, la opción del rechazo se impuso en las votaciones organizadas por la plantilla. Ante este escenario, la dirección de CCOO ha planteado la convocatoria de un referéndum propio para trasladar el preacuerdo a su afiliación, una iniciativa que la representación de la CGT ha calificado de invalidez formal, al señalar que rompe la unidad de acción sindical y contraviene lo dictaminado por los trabajadores en las asambleas soberanas de fábrica.

La protesta ha mostrado una elevada capacidad de convocatoria en las calles. El pasado jueves, alrededor de 7.000 trabajadores marcharon por la avenida John Lennon hasta la plaza del Ayuntamiento de Getafe en una de las movilizaciones más multitudinarias registradas en el sector aeronáutico madrileño en las últimas décadas. La huelga no solo ha detenido la cadena de montaje en las factorías españolas, sino que ha logrado sumar la adhesión de los pilotos de las aeronaves de carga Beluga, encargadas de trasladar las estructuras de los aviones a las líneas de ensamblaje final europeas, lo que compromete los plazos de entrega del grupo.

La prolongación del conflicto genera especial preocupación en la alta dirección de Airbus por el riesgo de reactivar las protestas en sus plantas francesas, donde las plantillas ya protagonizaron paros durante los meses de mayo y junio por discrepancias vinculadas a las primas de participación y al trabajo a distancia. Las tensiones laborales coinciden con un contexto de alta demanda de producción en el sector de la aviación militar.