Banca, minería y palacetes: Mohamed VI, el mandatario más rico de África
Con un patrimonio estimado en 5.700 millones de dólares y participaciones multimillonarias a través de los holdings Al Mada y Siger, la corona alauí posee la quinta mayor riqueza monárquica del planeta.
A más de un cuarto de siglo de su ascensión al trono en julio de 1999 tras el fallecimiento de su padre, el rey Hassan II, el monarca Mohamed VI de Marruecos ha consolidado una de las estructuras patrimoniales más voluminosas del planeta. Las estimaciones de la revista especializada Forbes situaron el patrimonio neto personal del rey en aproximadamente 5.700 millones de dólares, una cifra que lo posiciona como el monarca más acaudalado del continente africano y el quinto más rico a escala internacional.
La fortuna se sustenta fundamentalmente en un entramado de fondos de inversión, participaciones en sectores estratégicos de la economía norteafricana, así como en un valioso catálogo de bienes inmuebles, activos aeronáuticos, embarcaciones de gran eslora y colecciones privadas distribuidas entre Marruecos, Europa y África oriental.
El verdadero núcleo del poder económico de la dinastía alauí reside en el grupo corporativo Al Mada, un importante fondo de inversión privado de matriz familiar que opera en diversos sectores importantes del Magreb. Según cálculos difundidos por la publicación económica Billionaires Africa, la familia real marroquí controla participaciones valoradas en unos 17.500 millones de dólares en empresas cotizadas a través de este conglomerado. Entre sus activos más relevantes figura una participación del 46,5% en Attijariwafa Bank, una de las entidades bancarias y financieras más potentes del continente africano. El holding posee, además, un 10% de la compañía aseguradora Wafa Assurance y cerca del 81,6% de las acciones de la corporación minera Managem, una firma cuyo precio bursátil roza los 20.000 millones de euros.
A este entramado se suma el holding Siger, de carácter estrictamente privado del que Mohamed VI es propietario al 100%, según reveló una investigación publicada por el diario El País en 2021. Siger agrupa alrededor de 70 empresas filiales dedicadas a sectores tan variados como la promoción inmobiliaria, la explotación agrícola de gran escala y el turismo de alta gama, dentro del cual destaca la cadena de hoteles de ultralujo Royal Mansour. Calcular la valoración total de Siger resulta una tarea compleja incluso para los analistas financieros, dado que el holding no cotiza en los mercados bursátiles y la Casa Real no publica balances contables de sus filiales. Esta opacidad institucional, subrayada de forma reiterada por investigaciones del periódico francés Le Monde, dificulta establecer una línea divisoria clara entre los recursos financieros propios de la familia real, las ganancias empresariales privadas y los presupuestos asignados por el Estado marroquí.
En el ámbito inmobiliario, la monarquía alauí dispone de un inventario de residencias oficiales y privadas que abarca decenas de fincas estratégicas. Dentro del territorio marroquí, el Estado pone a disposición de la Corona un total de doce palacios reales e instalaciones oficiales distribuidas en ciudades clave como Rabat, Fez, Marrakech, Mequinez, Casablanca, Agadir, Ifrán, Tetuán y Tánger. Sin embargo, fuentes especializadas en el análisis de la economía marroquí señalan la existencia de numerosas fincas, residencias y terrenos de carácter exclusivamente privado pertenecientes al monarca o a sus sociedades familiares en varias ciudades más. Fuera del continente africano, la prensa internacional ha documentado también la posesión de una antigua residencia palaciega propiedad del rey en el archipiélago de Zanzíbar, en Tanzania.
Europa, y particularmente el Estado francés, constituye el otro gran polo patrimonial de la familia real. En la capital francesa, Mohamed VI ostenta la propiedad de un piso de más de 1.000 metros cuadrados ubicado en el exclusivo distrito 16, con vistas directas a la Torre Eiffel y una tasación en el mercado inmobiliario superior a los 80 millones de euros. A esta propiedad se suma el Hôtel de Broglie, un palacete histórico situado en el distrito 7, además de otras residencias urbanas de menor envergadura. Por el contrario, en febrero de este año, el monarca decidió poner a la venta el emblemático castillo de Betz, situado en el departamento de Oise. Esta finca rústica, adquirida originalmente por Hassan II en 1972, ocupa una superficie de 70 hectáreas, equivalente a la extensión de casi un centenar de campos de fútbol, e incluye jardines de estilo clásico, terrenos arbolados y zonas agrícolas. Las prolongadas estancias del monarca en estas residencias europeas le ha valido en diversos círculos políticos y mediáticos el sobrenombre informal de “el rey ausente”, en referencia a los prolongados periodos de tiempo que pasa alejado de la capital marroquí. En una de estas estancias, el rey fue grabado en vídeo caminando por las calles de París en un evidente estado de embriaguez.
El despliegue de activos de ultralujo por parte de la Casa Real marroquí abarca también el ámbito de la aviación ejecutiva, la náutica de recreo y el automovilismo de colección. De acuerdo con información publicada por el diario El Español, la flota aérea asociada al monarca y a la familia real incluye modelos de largo alcance como un Boeing 747, un Boeing 737 y dos aeronaves ejecutivas Gulfstream, cuyos costes unitarios pueden superar ampliamente los 350 millones de dólares. No obstante, los registros de aviación civil disponibles en la plataforma Planespotter.net precisan que mientras el Boeing 747-8 figura matriculado a nombre personal de Mohamed VI, otras de las unidades aéreas forman parte de la flota de transporte VIP del Estado marroquí, estando asignadas al servicio institucional de la Casa Real y de las altas autoridades del gobierno. En el sector marítimo, el semanario marroquí TelQuel confirmó en 2019 que el rey de Marruecos es propietario del Badis 1, clasificado como uno de los diez yates de vela más grandes y costosos del mundo.
Por último, en lo relativo al ámbito del automovilismo, diversos medios de comunicación han cifrado en unas 600 unidades la colección de vehículos vinculada al Palacio Real. Aunque no existe un inventario oficial publicado por las instituciones de Rabat, los historiadores y cronistas de la Casa Real señalan que este parque móvil no pertenece en su totalidad a Mohamed VI, sino que se trata de “un fondo histórico acumulado a lo largo de tres generaciones”. La colección fue iniciada por su abuelo, el rey Mohamed V, quien comenzó a adquirir automóviles de fabricación estadounidense de marcas como Ford y Cadillac, además de modelos británicos de la firma Rolls-Royce. Posteriormente, su padre Hassan II amplió el garaje real con una extensa gama de vehículos alemanes de la marca Mercedes-Benz. Mohamed VI, por su parte, ha continuado enriqueciendo este patrimonio comprando modelos deportivos y de alta gama pertenecientes a fabricantes como Ferrari, Porsche, Bentley, Rolls-Royce, Aston Martin, Jaguar, Maseratti y Mercedes.