Síguenos en:

El entramado de colaboración mediática entre España y Marruecos

Memorandos de colaboración de EFE y MAP, encuentros entre asociaciones de periodistas y agencias a sueldo de Mohamed VI que “orientan” la cobertura de cara al Mundial 2030.

Añádenos en Google

34º Congreso de Periodistas del Estrecho en 2016. Foto: diariocalledeagua.com

La relación mediática entre España y Marruecos se ha intensificado en los últimos años a través de una red de acuerdos formales, foros profesionales y estrategias de lobby que buscan influir en la cobertura informativa sobre el país vecino. En febrero de 2024, la agencia española EFE y la Agencia Maghreb Arabe Presse (MAP), el órgano oficial de información del régimen alauí, firmaron un memorando de entendimiento en Rabat que contempla formación conjunta, intercambio de contenido gráfico y asistencia técnica mutua en coberturas, enmarcado en la preparación del Mundial 2030 que coorganizarán España, Portugal y Marruecos. El acuerdo fue suscrito por el presidente de EFE, Miguel Ángel Oliver, y el director de MAP, Fouad Arif, con presencia del embajador español. Este tipo de acuerdos se suman a los tratados bilaterales más amplios, como el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación de 1991 y el Convenio de Asociación Estratégica de 2012, que incluyen cláusulas de colaboración audiovisual y cinematográfica.

Paralelamente, los foros de periodistas de ambas orillas del estrecho se han multiplicado, especialmente orientados al éxito mediático del Mundial 2030. En noviembre de 2024, el 40º Congreso de Periodistas de ambas orillas reunió en Tarifa a unos 60 profesionales españoles y marroquíes, mientras que en mayo de 2025 el Instituto Cervantes y el Sindicato Nacional de la Prensa Marroquí firmaron un convenio en Tetuán para ofrecer cursos de español con descuentos de hasta el 75% a periodistas marroquíes y talleres de periodismo deportivo. Estos encuentros, que incluían propuestas de creación de una plataforma digital común y un observatorio de medios, se presentan como “espacios de diálogo”, pero también han sido señalados como mecanismos de normalización de la narrativa oficial marroquí en el espacio mediático español.

De hecho, más allá de los acuerdos institucionales, existen denuncias de una estrategia de lobby y gestión de imagen pública por parte del régimen de Rabat. Según reportes publicados en algunos medios españoles como El Confidencial Digital, Marruecos lleva años contratando agencias de comunicación en el Estado español para monitorizar la cobertura sobre el país y “ofrecer” enfoques positivos a los periodistas, un “servicio” particular que, según las mismas fuentes, solo Marruecos y Arabia Saudí mantienen en España. La revista digital Atalayar, que se define como un espacio “entre dos orillas”, ha sido señalada como un medio que promueve y defiende los intereses de Marruecos, con una línea editorial consistentemente favorable a la política del régimen alauí —incluyendo su posición sobre el Sáhara Occidental— y que fue presentada con apoyo institucional español. Junto a otros medios como Marruecom o La Hora de África, formaría parte de una red de influencia que, según investigaciones periodísticas, cuenta con financiación o apoyo desde Rabat.

Aliados de Marruecos en la derecha mediática española

Sin embargo, la influencia del Mazjén no es solo externa. Dentro del entramado de la derecha mediática se perciben diferentes posturas públicas hacia el Estado marroquí. Por un lado, se aprecian figuras como el del director de La Razón, Francisco Marhuenda, que ha calificado recientemente a Marruecos como una “democracia” mientras denunciaba la sumisión del Gobierno de Pedro Sánchez a Rabat, en medio de la crisis migratoria en Ceuta y las tensiones diplomáticas. Anteriormente, en una intervención en el programa La Sexta Noche, del canal de televisión laSexta, Marhuenda aseguró que “el Sáhara Occidental no existe”, según recogió el El Salto en su momento. Más tarde, en abril de 2025, en una entrevista concedida a la cabecera marroquí Mares30, el director de La Razón sostuvo abiertamente que “el Sáhara tiene que ser integrado en Marruecos”.

La Razón no es el único medio de derechas que mantiene simpatías con el régimen de Rabat. El diario conservador ABC, según un estudio académico publicado en 2025 en el European Journal of Communication, alineó su cobertura con la del Gobierno de Sánchez tras el giro de 2022 sobre el Sáhara Occidental, apoyando el plan de autonomía de Marruecos y normalizando la narrativa oficialista, aunque fuera impulsada por el PSOE. Esta doble estrategia que conjuga una crítica selectiva orientada a estigmatizar principalmente a la población marroquí migrante mientras se mantiene una amistad tácita o un alineamiento abierto con el régimen, revelando que la derecha mediática se mueve en función de los intereses y las redes clientelares del momento, pero siempre dentro de las líneas rojas que marca la política exterior de Estado, ideológicamente transversal en los principales medios. Esto permite a ciertos medios y sectores políticos derechistas articular discursos donde se presentan como “críticos con Marruecos” poniendo el foco en las personas migrantes de origen marroquí sin comprometer las líneas maestras del Estado y las grandes empresas del Ibex35, que tienen grandes intereses económicos y acuerdos de cooperación con la oligarquía marroquí.

Censura del régimen alauí: silencio ante las protestas de Marruecos e indiferencia con los ahogados en el mar

La otra cara de esta cooperación es la restricción de la libertad de prensa para los corresponsales españoles en Marruecos. El Código de Prensa marroquí protege “líneas rojas” como la figura del rey, el islam y la unidad territorial, lo que ha llevado en ocasiones a expulsiones y limitaciones de acreditación a periodistas extranjeros. Este mismo año, RTVE y EFE emitieron comunicados criticando las expulsiones de sus periodistas en la zona fronteriza de Fnideq durante una crisis migratoria. Un alto cargo marroquí responsable de acreditaciones fue condecorado por España en 2023, en un gesto que algunos sectores han denunciado como una normalización de estas prácticas restrictivas contra la libertad de información.

Lo cierto es que un escenario en el que la información sobre el país vecino no siempre fluye con la independencia de la que presume la “prensa democrática”. En octubre de 2025, mientras el país vecino ardía en llamas —seis días de protestas masivas impulsadas por el movimiento juvenil GenZ 212, varios manifestantes asesinados por la Gendarmería, cientos de heridos y más de 400 detenidos—, la mayoría de los grandes medios españoles mantuvieron un silencio atronador. Los jóvenes marroquíes, movilizados en redes como TikTok, Instagram y Discord bajo el lema “No queremos Mundial, queremos hospitales”, salieron a las calles de Casablanca, Rabat, Tánger y Agadir para denunciar el despilfarro en infraestructuras para el Mundial 2030, la precariedad sanitaria y un desempleo juvenil que roza el 47%. El rey Mohamed VI ordenó el despliegue del ejército y la policía intensificó su represión, arrestando incluso a niños y utilizando munición real. Sin embargo, la cobertura en la prensa española fue prácticamente inexistente en los grandes medios, un silencio que contrasta con la atención que estos mismos medios dedican a la crisis migratoria en Ceuta, presentando a quienes huyen de la miseria y la represión como “invasores”.

Esta doble vara de medir es la que marca las pautas ideológicas y culturales a la población española: indiferencia ante la represión interna de Marruecos y alarma cuando su población huye. Esto, junto con la normalización de las muertes “fronterizas”, revela la complicidad estructural del cuarto poder: mientras hoy denuncia la “invasión” sentando un marco discursivo que legitima la violencia contra trabajadores marroquíes que escapan de la pobreza, calla cuando éstos se ahogan en el mar tratando de huir o caen muertos o presos bajo las balas y las rejas por el mismo “régimen amigo”, a quien nadie parece cuestionar de verdad.

Apretón de manos bajo de la mesa

Toda esta red de influencia mediática que el Reino de Marruecos ha desplegado en el Estado español, que va desde los grandes acuerdos institucionales hasta la actividad de lobbies que ejercen su influencia sobre los medios de comunicación e imponen restricciones abiertas a la prensa, muestra una realidad más compleja y una integración profunda de intereses mucho más profunda de lo que estos mismos medios quieren presentar con un presunto “enfrentamiento” entre “Marruecos” y “España”. Lo que se oculta tras la retórica del conflicto es, en realidad, un apretón de manos entre las oligarquías, la clase política y los grandes medios de comunicación de ambos lados del Estrecho, que utilizan el discurso del enfrentamiento nacionalista para dividir a las clases trabajadoras española y marroquí mientras mantienen intactos sus privilegios.