Las movilizaciones convocadas por las centrales sindicales CCOO y UGT para este 1 de mayo de registraron una asistencia notablemente menor que en ejercicios anteriores, según recogen informaciones de medios como Público. La pérdida de capacidad de convocatoria, unido a su más que evidente envejecimiento, resultó especialmente visible en Madrid, donde los organizadores tuvieron que acortar el recorrido previsto ante la escasa afluencia de manifestantes. Las estimaciones de la delegación del Gobierno y de observadores independientes cifran la participación en la capital en torno a las 3.000 personas, un dato que supone un desplome frente a las decenas de miles de asistentes que estas mismas organizaciones movilizaban años atrás.

Este descenso en la participación se replicó en diversos puntos del Estado; en Elche, los registros cayeron hasta los 1.300 asistentes frente a los 1.700 del año pasado, según detalla el portal A24. Los propios sindicalistas presentes en las marchas reconocieron que "cada año acude menos gente", una percepción que confirman los datos de Galicia Press, que apuntan a una crisis de credibilidad del modelo mayoritario. El retroceso en las calles de CCOO y UGT coincide con un aumento de la fragmentación y el trasvase de apoyo hacia organizaciones sindicales y revolucionarias combativas que rechazan la "paz social" y el seguidismo al Gobierno español, la CGT, CNT, Intersindical y el Movimiento Socialista, que logró movilizar en cinco ciudades a miles de trabajadores, especialmente jóvenes, desde posiciones antiimperialistas y de clase.

Pese a este vaciamiento de las convocatorias de UGT y CCOO, el sistema de medios de comunicación ha mantenido un dominio absoluto de las escaletas de RTVE, las agencias de noticias y las portadas de diarios como El País y elDiario.es en favor de las centrales mayoritarias. Bajo el lema "Derechos, no trincheras. Salarios, vivienda y democracia", el acto central de los sindicatos mayoritarios en Málaga se produjo en un ambiente de precampaña electoral para las elecciones andaluzas, y contó con la presencia de figuras del Gobierno español como Yolanda Díaz. Esta visibilidad mediática e institucional, además de reforzar objetivos políticos electoralistas, oculta las propuestas alternativas que plantean una ruptura con el orden económico y político establecido, presentando únicamente a un sindicalismo obrero unificado, moderado y servil hacia el Gobierno y la patronal, un sindicalismo que lleva sin convocar una huelga general desde 2012. Esta sobrerrepresentación mediática pretende relegar a la marginalidad las múltiples marchas que denuncian la complicidad con la patronal y el Gobierno, aunque varias de ellas cuenten ya con muchos más asistentes que los sindicatos tradicionales.

La estructura del sistema mediático prioriza a CCOO y UGT por su papel dentro del marco legal de la negociación colectiva y su acceso privilegiado a recursos estatales, lo que garantiza una interlocución cómoda para el capital y el Estado. Esto se traduce en la invisibilización de las marchas alternativas, impidiendo que el conjunto de los trabajadores acceda a información más completa que permita contrastar posiciones que cuestionen el modelo de concertación social. Esta desconexión entre el blindaje mediático y la realidad material en las calles muestra un sindicalismo institucional integrado en el aparato del Estado que, al renunciar a la confrontación directa contra los intereses empresariales, pierde su base social, envejece y mantiene su centralidad mediática de forma artificial y clientelar.