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Alemania prepara sus hospitales para la guerra con Rusia

Las autoridades alemanas calculan recibir hasta 1.000 soldados heridos diarios y prevén forzar la selección y prioridad de asistencia sobre la población en caso de conflicto directo.

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Centro Regional Médico de Landstuhl (Alemania). Foto: Marcy Sanchez/U.S. Army, vía Associated Press
Centro Regional Médico de Landstuhl (Alemania). Foto: Marcy Sanchez/U.S. Army, vía Associated Press

El Gobierno alemán ha comenzado a adecuar su infraestructura sanitaria civil y militar ante la perspectiva de un enfrentamiento armado directo entre la OTAN y la Federación Rusa. Según un informe interno de las Fuerzas Armadas alemanas (Bundeswehr) revelado recientemente por la agencia Bloomberg y recogido por elEconomista, el Ejecutivo ya desarrolla de forma más precisa el plan del sistema de salud para absorber un flujo constante de hasta 1.000 soldados heridos por día. Esta planificación logística anticipa que los cinco hospitales militares del país se saturarán en pocos días, lo que obligará por ley a los centros hospitalarios civiles a subordinar sus instalaciones y priorizar la atención a pacientes militares frente a la población civil.

Como parte de este plan de contingencia militar, el Ministerio de Defensa evalúa reactivar y modernizar el búnker médico subterráneo del Hospital Militar de Ulm, construido en 1979 durante la Guerra Fría y con capacidad para albergar a 2.000 personas durante 90 días. Benedikt Friemert, comandante y director médico del centro de Ulm, declaró a Bloomberg: “¿Está preparado nuestro sistema sanitario? La única respuesta es: no. Lo que nos espera es una maratón”. Friemert confirmó que ya se ha iniciado la instrucción de médicos civiles en cirugía de guerra, el blindaje de infraestructuras de salud con cristales antibalas y barreras antidrón, además de la acumulación de reservas de plasma y medicamentos.

El acondicionamiento del frente interno alemán se produce en un escenario de incremento del gasto presupuestario destinado al rearme en Europa, donde varios Estados miembros de la OTAN dedican ya más del 4 % del producto interior bruto al sector militar. Estas prioridades presupuestarias impulsan la producción de sistemas de ataque de largo alcance, munición y dispositivos no tripulados, al tiempo que benefician a la industria del complejo militar-industrial. Sin embargo, la patronal armamentística alemana enfrenta cuellos de botella fabriles para cubrir los pedidos acumulados, según señalan las mismas fuentes. Por su parte, el Estado ruso mantiene entre un 7,5 % y un 10 % de su PIB vinculado al gasto militar y la reconstrucción de sus capacidades bélicas en la frontera noroccidental.

El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, ha justificado estas medidas asegurando públicamente que “Rusia podría disponer de capacidad operativa para atacar territorio de la Alianza atlántica hacia el año 2029”. En paralelo, la confrontación material se ha manifestado en el ámbito de las infraestructuras de transporte e industriales: el Gobierno alemán atribuyó oficialmente a Moscú un presunto intento de ataque con dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig/Halle el pasado mes de agosto, al que se suman denuncias por ciberataques e incursiones en el espacio aéreo de países del flanco este como Lituania, Polonia y Rumanía.

Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, acusó a la OTAN en un discurso ante graduados de las academias militares del Kremlin de instrumentalizar “afirmaciones falsas” sobre la amenaza rusa para justificar el avance militar occidental. Análisis del Institute for the Study of War (ISW) sostienen que el marco de operaciones estratégicas contempla la posibilidad de incursiones convencionales en los países bálticos o Polonia para medir la cohesión del bloque atlántico. Mientras el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, tilda las maniobras de Moscú de actos para “sembrar miedo”, las clases trabajadoras europeas asistan a una gran transferencia de fondos públicos desde los servicios esenciales hacia el aparato de guerra estatal.