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El Tesoro de EEUU calma la venta masiva de deuda con una subasta récord y los intereses en máximos de 24 años

La emisión de 39.000 millones en bonos a 10 años alivia temporalmente al mercado tras un día de pánico vendedor; el petróleo por encima de 100 dólares y la competencia de SpaceX por 40.000 millones en financiación presionan al alza los rendimientos.

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Foto: @USTreasury (X)

El Tesoro de los Estados Unidos de América logró este miércoles calmar parcialmente la venta masiva de deuda pública con una subasta de 39.000 millones de dólares en bonos a 10 años que los analistas calificaron de sólida. La operación se produjo después de que los rendimientos del bono de referencia a 10 años y del bono a 30 años alcanzaran máximos de 24 años, impulsados por el petróleo por encima de los 100 dólares el barril, lo que reavivó los temores de que la inflación se muestre más duradera de lo previsto.

El rendimiento del bono a 10 años llegó a tocar el 5,364% antes de cerrar en el 5,284%, mientras que el bono a 30 años alcanzó máximos no vistos desde 2002 y se situó en el 5,669%. La subasta se colocó a un tipo del 5,3%, por debajo del esperado, y los intermediarios financieros solo se quedaron con el 2,5% de la emisión, su porcentaje más bajo desde la crisis financiera de 2008, lo que indica que los inversores compraron masivamente. El respiro llegó después de que la Agencia Internacional de la Energía acordara acelerar la liberación de reservas de petróleo y priorizar el diésel para frenar los precios récord de los combustibles. La medida hizo caer el crudo estadounidense un 0,55%, hasta 88,97 dólares, mientras el Brent cerró con una leve subida del 0,40%, en 100,98 dólares.

Sin embargo, la presión no desaparece: según el Financial Times, SpaceX, la empresa de Elon Musk, busca 40.000 millones de dólares en financiación (10.000 millones en préstamos bancarios y 30.000 millones en deuda de grado de inversión) para financiar la compra de chips de Nvidia. Si SpaceX entra en el mercado de bonos, competirá con el propio Tesoro por el capital de los inversores.

Las actas de la reunión de septiembre de la Reserva Federal, publicadas también este miércoles, muestran a los responsables de política monetaria divididos sobre la razón para subir los tipos de interés: algunos veían la subida como necesaria para contener el impacto de los shocks energéticos, mientras que el núcleo más duro la consideraba imprescindible para protegerse de una inflación impulsada por la demanda. El mercado interpretó la subasta como una señal de que los inversores, lejos de huir de la deuda pública, están dispuestos a comprar a estos niveles.

La gravedad de las señales del mercado de deuda estadounidense no radica en la mera volatilidad de una jornada, sino en que apuntan a un cambio más estructural: la pérdida de confianza en la deuda del Tesoro como refugio global incondicional, con rendimientos en máximos de 24 años que encarecen hipotecas, créditos y refinanciación para hogares, empresas y gobiernos; la competencia por el capital que gigantes tecnológicos libran contra el propio Estado por los ahorros internacionales, generando un “efecto de expulsión” que traslada recursos desde la economía productiva hacia la cima de la burbuja tecnológica y financiera; la división interna de la Reserva Federal sobre las razones para subir los tipos, por su parte, añade incertidumbre y volatilidad a cada decisión futura; y un contexto internacional en el que Reino Unido, Francia y Japón enfrentan presiones similares, con primas de riesgo al alza y el FMI advirtiendo de una factura de intereses insostenible justo cuando los presupuestos ya están tensionados. La subasta calmó los nervios, pero no cambió los fundamentos: el mercado de bonos está diciendo que la era del dinero barato y la deuda soberana sin coste se ha terminado, y que el ajuste podría ser doloroso.