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Huelgas combativas y exitosas en la actualidad

Objetivos concretos, unidad de acción, asambleas soberanas y la capacidad real de parar la producción de forma prolongada demuestran su efectividad en numerosos conflictos de los últimos años frente a la docilidad negociadora y la concertación.

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Imagen de archivo de una protesta sindical de CGT. Foto: CGT Catalunya.
Imagen de archivo de una protesta sindical de CGT. Foto: CGT Catalunya.

En noviembre de 2021, entre 20.000 y 30.000 trabajadores del metal de Cádiz 8 (Andalucía) pararon la bahía durante nueve días de movilizaciones y diez de paro indefinido. La patronal habían atascado la negociación del convenio y los comités buscaron descongelar la situación como ha hecho históricamente el movimiento obrero: con organización y confrontación; barricadas, cortes en los accesos industriales y una paralización amplia pusieron en jaque al sector. El acuerdo final incluyó un 2% anual desde 2021 hasta 2023 con efectos retroactivos y una cláusula que actualizaba las tablas con el 80% de la diferencia entre el IPC real y esa subida. En la práctica, los incrementos acabaron siendo muy superiores al 2% nominal: en 2021 alcanzaron el 5,6% y en 2022 el 4,96%, según La Voz de Galicia. No fue una victoria total porque la revisión no cubría el 100% de la inflación y parte del empleo era eventual, pero sirvió como prueba metodológica frente a otros modelos sindicales que ni siquiera llegan a alcanzar tales concesiones parciales. La huelga convirtió una oferta empresarial insuficiente en un convenio con protección salarial, recordaba El País. 

La lucha, sin embargo, no terminó ahí. En junio de 2025, el sector del metal gaditano volvió a estallar cuando muchos trabajadores le dieron la espalda en asamblea al preacuerdo firmado por UGT con la patronal FEMCA, calificado de “convenio basura”, y CGT y la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM) impulsaron una huelga indefinida que duró 23 días, del 23 de junio al 8 de julio. Los piquetes bloquearon los puentes Carranza y de la Constitución de 1812, la avenida de Astilleros, los accesos a Navantia San Fernando y los polígonos de Puerto Real, y cortaron la CA-34 y la A-7 en el Campo de Gibraltar, según EFE y Diario de Cádiz. La respuesta vino del Ministerio del Interior: la “operación Fuego” de la Brigada Provincial de Información se saldó con 25 trabajadores detenidos, acusaciones de “desórdenes públicos, daños y atentado”, fianzas de hasta 40.000 euros, una detención de camino a una luna de miel y prisión provisional para algunos. La huelga se desconvocó sin un nuevo convenio alternativo, pero dejó una lección: la patronal y UGT firmaron un acuerdo que no fue respaldado por toda la plantilla, la Policía impuso la “paz social” por la fuerza y la lucha continuó “empresa a empresa”, según CGT y CTM.

Un año después de la primera batalla de Cádiz, en A Coruña (Galiza), las dependientas de Inditex rechazaron en asamblea un primer acuerdo que consideraron pobre y prepararon una huelga impulsada por la CIG coincidiendo con el Black Friday. La amenaza de paro en plena campaña comercial llevó a un preacuerdo con una subida de 322 euros mensuales en 15 pagas para quien trabajara más de 15 horas al mes, equivalente a más de 4.800 euros brutos anuales; y para menos de 15 horas, 222 euros mensuales. Esto supuso un incremento salarial del 25%, unos 4.800 euros brutos anuales para jornadas a partir de 15 horas. La pantilla no se limitó a convocar y ver qué le ofrecían en la negociación: rechazó lo que la patronal le puso sobre la mesa y mantuvo la presión hasta que la empresa movió ficha.

CGT Airbus Getafe: “Se pelea hasta que la plantilla decida, no hasta que decida el sindicato”

En Airbus Getafe (Comunidad de Madrid) la CGT se organizó bajo esa misma lógica y ha llevado a cabo cuarenta y cinco días de huelga en una multinacional estatégica para el Estado que bate récords de beneficios: acabaron con el IPC para cuatro años, una recuperación del 2% anual y diez puntos más en el convenio. Los sindicalistas de CGT Felipe y Juan Pedro Torres Marcos lo resumen así: “19 reuniones en año y medio para la revisión salarial no pasaron del 1,5%. Después de 40 días de huelga se logra el IPC para cuatro años, más una recuperación del 2% anual, más otros 10 puntos”. La clave, explican, no fue solo el paro, sino la organización mediante la asamblea, que seguía una máxima que resumía Torres: “Se pelea hasta que la plantilla decida, no hasta que decida el sindicato”. Felipe añadía: “La asamblea dirige la opinión y la negociación del comité de huelga. Todos los elementos de avance los bajamos a la asamblea. Nosotros no damos ningún paso”. Ese mecanismo le da a la plantilla un poder de negociación que la empresa no puede comprar: “La empresa teme no tener que convencerte a ti (delegado), sino a la asamblea”, explica Juan Pedro. La huelga se sostuvo además contra el relato de los sindicatos mayoritarios y contra el Ministerio, que el 4 de septiembre escenificó un acuerdo con la dirección mientras el comité de huelga quedaba apartado de la negociación.

En Gazc Sevilla (Andalucía), empresa de mecanizados, la huelga indefinida convocada por CNT duró 72 días, del 6 de octubre al 16 de diciembre de 2025. El pacto que la cerró incluyó un nuevo plus que de trabajo nocturno, subidas de categorías profesionales, un sistema renovado de clasificación laboral, mayor participación de los trabajadores en el calendario y en la elección de vacaciones, corrección del abono salarial durante los descansos, medidas de estabilidad en el empleo y derechos ampliados para la representación sindical, según reportó CNT. La central valoró las conquistas como “equilibradas”, fruto de la presión sostenida. El conflicto evidenció que las empresas medianas son vulnerables ante huelgas indefinidas bien organizadas: la dirección de Gazc se resistió inicialmente, pero el pulso sindical desencalló las negociaciones. CNT recuerda que la victoria no fue casual, sino fruto de “la acción directa y prolongada” que obliga a las patronales a sentarse a negociar en serio.

Ejemplos en sectores precarios: la lucha es un hecho, la victoria es posible

En Litera Meat, el mayor matadero de Europa, situado en Binéfar (Huesca, Aragón) y propiedad del grupo italiano Pini, la huelga convocada por CNT durante cuatro días de diciembre de 2024 paralizó por completo una de las líneas de producción y redujo significativamente la actividad en la segunda, especialmente en la sección de matanza, donde se impidió el sacrificio de animales, según Izquierda Diario. Más de 400 trabajadores se concentraron en los accesos al macromatadero desde primera hora, con piquetes que detuvieron autobuses y consiguieron que numerosos compañeros se sumaran al paro. La plantilla, en su mayoría migrante, denunció incumplimientos en horas extra, descansos y prevención de riesgos, despidos arbitrarios de quienes estaban de baja médica, ritmos extenuantes de hasta diez horas deshuesando piezas con cuchillos desafilados y falta de acceso libre al baño. El seguimiento osciló entre el 50% el primer día y el 85% en los últimos, según CNT, mientras la empresa aseguraba que “la actividad no se ha visto interrumpida”. El sindicato calificó la huelga de “éxito rotundo” y destacó que se habría logrado romper el “miedo imperante” en la planta. No fue una victoria económica, ya que la empresa descartó abrir negociaciones, pero tuvo un valor sindical y organizativo especialmente alto: demostró que incluso en el sector cárnico, con plantillas de fuerza de trabajo migrante devaluada y alta rotación, la organización de la clase trabajadora es capaz de paralizar la producción y poner de manifiesto las condiciones que no corrigen los convenios estatales.

El patrón se repite en diferentes sectores y territorios. En Sevilla, una acampada del Servicio de Atención Domiciliaria duró 36 días y arrancó el compromiso de iniciar la municipalización del servicio, según CGT. En la limpieza viaria de Fuenlabrada, H&M, Prezero, Secomsa y Acrylicos Vallejo, CGT informó de huelgas en 2024 que consiguieron subidas por encima de la inflación. Son victorias parciales, desiguales, reversibles y a menudo invisibles, pero desmienten la creencia arraigada de que los sectores infrarremunerados “no pueden” hacer huelga; pueden, si articulan unidad, información y capacidad de paro real. Que se lo pregunten a las camareras de piso del Hotel Indautxu en Bilbo (Bizkaia, Euskal Herria): en marzo de 2026 pusieron fin a más de cuatro meses de huelga indefinida tras arrancar un acuerdo que supuso un avance importante para las trabajadoras del sector. El conflicto se originó en noviembre de 2025, cuando el grupo Hotusa-Eurostars decidió externalizar el departamento de pisos, una práctica habitual que precariza las condiciones. El acuerdo alcanzado gracias a la lucha garantizó que se aplicara el Convenio de Hostelería de Bizkaia, convirtiendo los contratos temporales y fijos discontinuos en indefinidos a jornada completa, estableciendo una distribución regular del 100% de la jornada, limitando el turno de tarde, garantizando 21 fines de semana completos de descanso al año, días de libre disposición retribuidos y vacaciones en verano. El punto más significativo ha sido la equiparación del tiempo asignado a la limpieza de habitaciones ocupadas y de salida, que hasta ahora tenía asignado un tiempo inferior pese a implicar una mayor carga de trabajo real, una discriminación que era una de las principales fuentes de sobrecarga y riesgos físicos para las camareras. La empresa se comprometió además a no tomar represalias contra las huelguistas, un temor recurrente en los conflictos laborales. Desde ELA valoran el resultado como una demostración de que “la organización y la lucha colectiva son herramientas eficaces para mejorar las condiciones laborales, incluso en contextos de externalización”.

CGT crece en afiliación

Las diferencias en las estrategias y los modelos sindicales a veces repercuten incluso en la afiliación, donde a veces la clase trabajadora valora la efectividad y la honradez sindical por encima del clientelismo y el corporativismo. Catalunya muestra tendencias interesantes al respecto: CCOO cerró 2025 con 146.350 afiliados, un 0,87% menos que en 2020, y UGT con 119.978, un 0,13% más, mientras CGT creció un 40% hasta los 25.688 y se convirtió en el tercer sindicato del país, e Intersindical subió un 34%, según elDiario.es. En Airbus Getafe, CGT pasó de unas diez afiliaciones anuales a casi un centenar en apenas dos semanas tras el conflicto. “La plantilla ha hecho de sí misma un valor: el elemento de presión”, aseguraba Felipe. “La clase trabajadora tiene que hacer su trabajo: pelear por los derechos que nos van a arrebatar si no lo hacemos”. Los ejemplos no prueban que cualquier paro gane por sí solo, pero prueban que las huelgas que funcionan comparten algunas condiciones: un objetivo exigible según las fuerzas disponibles, unidad e información en la plantilla, asamblea y participación política directa de la clase trabajadora, capacidad real de parar la producción, persistencia y conquistas escritas en convenio. En definitiva, los ejemplos indican que la huelga bien hecha no es puramente una explosión de rabia, sino una correlación de fuerzas que se construye políticamente: cuando los trabajadores comprenden que producen, transportan, limpian, cuidan, venden y hacen funcionar lo esencial para la reproducción de la vida y la ganancia, toman conciencia de que abandonar su labor tiene un precio que la burguesía y las instituciones no pueden ignorar.