‘Cloacas’, algoritmos y bulos como pilares desinformativos del PP
Estrategias digitales encubiertas, mentiras mil veces desmentidas, granjas de bots y una red de pseudo-medios aliados financiados desde Génova.
En tiempos pasados algunos podían consolarse interpretándolos como “patinazos puntuales” o exageraciones al calor del mitin. La farsa mediática y política que atribuyó los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid a ETA fue más que un aviso en ese sentido. Y hoy ya nadie lo puede negar: existe un sistema coordinado de intoxicación informativa bajo la dirección del Partido Popular. A través de un engranaje que articula desde el uso indiscriminado de inteligencia artificial hasta la financiación de pseudo-medios afines, pasando por el cuestionamiento directo e infundado de la transparencia electoral, la formación ha consolidado una doctrina del esperpento y la agitación permanente que antepone el desgaste del adversario a la veracidad más elemental. El PP y el PSOE se encuentran envueltos en una dinámica en la cual temen destruirse mutuamente, advertía Enric Juliana.
El punto álgido de esta deriva parece no haber llegado aún. Los canales oficiales del Partido Popular difundieron varios vídeos manipulados con inteligencia artificial durante estas últimas semanas de precampaña. El PP clonó la voz y la imagen de destacadas figuras del PSOE para simular falsas confesiones de delitos. Hace un par de semanas, la cuenta oficial del PP de Madrid en Instagram publicó una imagen de la presidenta autonómica Isabel Díaz Ayuso. La publicación generó polémica en redes sociales al serr denunciada por diversos perfiles y analistas de haber sido supuestamente retocada con IA para alterar su anatomía y aumentarle el pecho. El episodio fue tachado por sectores de la oposición como un “síntoma de de desesperación” que recurre a la hipersexualización de sus figuras públicas femeninas con IA como reclamo visual.
En un extenso reportaje publicado en 2025, el diario El País advertía sobre la normalización de estas tácticas, bajo el título “El PP endurece la batalla en redes sociales y utiliza la IA para atacar al Gobierno con noticias desmentidas”. La tecnología ‘deepfake’ no ha sido una improvisación repentina. Ya en marzo de 2025, la formación había probado este formato con la difusión de “La isla de las corrupciones”, una simulación satírica que mezclaba hechos reales con datos falsos ya desmentidos por la justicia.
El peligro la mentira como estrategia alcanzó cotas aún más alarmantes en febrero de 2026 a propósito del debate sobre la regularización extraordinaria de personas migrantes. Como denunciaron el diario Público y El País, el propio presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, capitaneó una campaña que señalaba falsamente que dicho proceso buscaba “manipular el censo electoral regalando el derecho a voto a medio millón de inmigrantes”. La regularización no implica nacionalización, y por tanto, no concede derecho al voto. Pero lo que le interesaba al PP en este caso era mantener el clima de sospecha y normalizar la supresión de derechos políticos a los inmigrantes.
La explotación de la catástrofe
La instrumentalización del engaño por parte del PP ha vuelto a mostrar su cara más irresponsable durante momentos de graves crisis recientes. Tras la devastadora DANA que azotó al País Valencià en el otoño de 2024, la gestión política del gobierno autonómico popular fue blindada con una intensa ofensiva de distorsión mediática. El programa laSexta Columna, a través de una investigación firmada por el periodista Carlos Pastor bajo el título “El PP y la fábrica de bulos”, desgranó la maraña de falsedades proyectadas desde gabinetes autonómicos y perfiles afines para desviar responsabilidades hacia los organismos técnicos del Estado, como la Agencia Estatal de Meteorología o la Confederación Hidrográfica del Júcar. Informes de balance anual publicados por Diario Red y el portal Pandemia Digital en su recopilatorio “Los Bulos del Año 2024” situaron este episodio, junto a las falsedades difundidas sobre la crisis de los vertidos de pellets en las costas gallegas, acusando al aparato mediático del PP de actuar sin escrúpulos a la hora de blindar a sus barones territoriales a base de mentiras, incluso en situaciones de emergencia.
Durante la campaña de las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo de 2023, la cúpula popular activó un relato de fraude. Un exhaustivo trabajo de investigación publicado por infoLibre en abril de 2024, titulado “El bulo del pucherazo que adulteró el 28M”, documentó minuciosamente cómo dirigentes del PP y medios de su órbita amplificaron teorías conspirativas sobre el voto por correo y la empresa tecnológica encargada del escrutinio, Indra. Esta maniobra de desgaste, que buscaba deslegitimar una posible victoria del PSOE y sus socios de forma preventivo-defensiva, volvió a replicarse en las elecciones generales del 23 de julio de 2023, y se está volviendo a escuchar durante la precampaña de las generales anticipadas para este noviembre de 2026.
Cuentas falsas, dinero público y la correa de transmisión de la ultraderecha
La eficacia de esta maquinaria desinformativa no se explica sin la existencia de un ecosistema mediático y digital alimentado desde las propias estructuras del Partido Popular. En octubre de 2023, el periodista Juan Tortosa escribió en Público el artículo “El PP en el mundo de los bulos”, donde detallana cómo altos cargos como Cuca Gamarra o Borja Sémper actúan como altavoces parlamentarios de falsedades generadas en redes sociales por perfiles de extrema derecha o pseudo-medios. En una investigación paralela sobre “El ciclo de las noticias falsas y sus consecuencias”, Público puso al descubierto la vía de financiación que sostiene este entramado: millones de euros procedentes de la publicidad institucional de gobiernos autonómicos en manos del PP, con la Comunidad de Madrid y Andalucía a la cabeza, son desviados hacia portales derechas o instrumentalizados en cadenas públicas con una marcada tendencia favorable al PP como Telemadrid, garantizando que acusaciones infundadas salten de los blogs marginales a las cabeceras de los periódicos de mayor tirada.
Esta estrategia de manipulación digital hunde sus raíces en prácticas de legalidad cuestionada que cuentan con con un amplio recorrido histórico. Informes oficiales de la red social X, recopilados por la agencia de datos epdata, revelaron en el pasado la clausura de redes compuestas por cientos de cuentas falsas y bots gestionados de manera encubierta por el PP para inflar sus discursos y acosar a rivales políticos. Asimismo, la radiografía publicada por El País sobre la “guerra sucia” impulsada durante la etapa de Jorge Fernández Díaz en el Ministerio del Interior expuso cómo la denominada “policía política” al servicio del Gobierno fabricó informes falsos sin sello ni firma judicial para alimentar portadas de periódicos contra los líderes de Podemos y otras organizaciones. El uso de algoritmos y deepfakes en la actualidad supone, por tanto, la evolución tecnológica de las herramientas del Estado burgués que el PP lleva décadas utilizando para atacar y criminalizar a sus rivales.
Una estrategia cuantificada por la ciencia
Frente a la tentación de presentar estas prácticas como ‘meras anécdotas de la refriega política’, la evidencia científica y los datos acumulados por los verificadores independientes dibujan una realidad incontestable. Un estudio cuantitativo publicado en la plataforma académica ResearchGate en 2023 sobre la desinformación en la política española situó al Partido Popular como una de las organizaciones que de manera más prominente genera o difunde piezas desmentidas, ocupando una posición central en la intoxicación del debate público junto a otras fuerzas como Vox. De forma complementaria, investigaciones recogidas en la Revista Mediterránea de Comunicación tras analizar los archivos de agencias como Newtral y Maldita.es destacan que líderes como Feijóo o Ayuso figuran de manera sistemática en el pódium por emitir mentiras y bulos en sus intervenciones públicas.
Esta conducta ha sido una constante histórica en la dirección del partido. Un renombrado análisis sobre la anatomía del bulo electoral elaborado por el centro de pensamiento internacional CIDOB y la Universidad de Málaga en relación con las elecciones generales de abril de 2019 reveló que el entonces candidato popular, Pablo Casado, fue el aspirante a la presidencia que cosechó el mayor número de desmentidos categóricos durante la campaña. La reiteración de estos comportamientos a lo largo de los mandatos de distintos liderazgos confirma que el uso deliberado de la mentira, la manipulación mediática y la difamación tecnológica constituyen la doctrina de comunicación política arraigada en el Partido Popular.