La ‘pesoizada’ mediática y el clientelismo del “Todo va bien”
“Crecimiento económico” y “avance en derechos sociales”: el mantra del Gobierno cacareado por medios “progresistas” que reproducen el relato sin contrastar sus efectos reales.
La noche del 22 de octubre, en plena precampaña de las próximas elecciones generales del 29 de noviembre, Pedro Sánchez acudió a La Revuelta, el programa de David Broncano en La 1 de RTVE, para protagonizar una de sus principales apariciones mediáticas previas a la cita electoral. La entrevista pulverizó los registros del espacio: una media de 4,39 millones de espectadores y alcanzó un 33,9 % de cuota de pantalla (share), con más de 7,1 millones de espectadores únicos.
La conversación discurrió entre bromas (muchas bromas), anécdotas personales y preguntas sobre temas incómodos para el presidente: la crisis de la vivienda, la gestión de Ceuta, los casos de corrupción que afectan al PSOE y los procedimientos judiciales abiertos contra el entorno familiar de Sánchez. Broncano introdujo algunos reproches, como la tardanza del Gobierno en abordar el problema de la vivienda, y Sánchez “reconoció errores”, para contraatacar defendiendo su gestión, responsabilizando a la oposición de los bloqueos parlamentarios e incumplimientos autonómicos y reivindicando “la necesidad de una mayoría progresista más amplia”. El tono desenfadado y la complicidad inherente del formato se conjugaron así con cuestiones de indudable calado político, pero encuadradas siempre en una conversación cuyo ritmo, humor y dimensión personal contribuyeron a construir un artefacto mediático determinado: “La cara más humana de Sánchez”.
La recepción de la entrevista no fue unánime. Algunos celebraron que se abordaran cuestiones incómodas en un programa de entretenimiento, pero también aparecieron críticas por la frivolidad con la que podían quedar despachados problemas serios y por las evasivas de Sánchez sobre sus compromisos pendientes, entre ellos la derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza.
En el ámbito de la vivienda, además, Sánchez defendió las medidas adoptadas y atribuyó los obstáculos a las derechas parlamentarias. Sin embargo, sigue encontrándose de frente con un malestar social que no se lo termina de creer. La entrevista volvió a poner sobre la mesa esa tensión que va más allá de Broncano y a RTVE: la contradicción entre la imagen de un Gobierno que reivindica su “agenda social” y las demandas pendientes.
Buena parte de la pesoizada busca llenar ese hueco con la promoción desenfadada del poder y su representación mediática, la construcción y amplificación del “Todo va bien”, o mejor dicho, “Todo podría ir peor sin mí”, desplazando la pregunta periodística fundamental: ¿Quién se beneficia realmente de las políticas anunciadas? ¿Qué cambia exactamente en las condiciones de vida de la mayoría social?
La orquesta de Ferraz
El periodismo tiene, según la teoría de los estados democráticos liberales de derecho, la función de fiscalizar al poder, pero vemos que en el panorama mediático español la frontera entre la comunicación institucional, la cobertura informativa y el entretenimiento se ha vuelto cada vez más difusa.
En los últimos años, la estrategia del Ejecutivo liderado por el PSOE ha descansado sobre un medido engranaje del relato público que ha servido para justificar sus legislaturas [balance general de DIARIO SOCIALISTA de las últimas legislaturas]. Cabeceras de referencia del grupo Prisa como El País o la Cadena SER, diarios digitales de amplio alcance como elDiario.es, Público o InfoLibre, y el ente público de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE) o la cadena privada La Sexta han tendido a validar, en diferentes formas e intensidades, las cifras y los grandes anuncios de la Moncloa, a menudo con escaso contraste crítico. La agencia EFE, la principal agencia de noticias multimedia en español y la cuarta más grande del mundo, tiene actualmente como presidente a Miguel Ángel Oliver, exsecretario de Estado de Comunicación del Gobierno de Pedro Sánchez entre 2018 y 2021.
El PSOE pone la partitura, marca el compás y trata de fijar el tono de la conversación pública; después, cada medio interpreta la pieza desde su propia línea editorial, con sus matices, sus ritmos y sus instrumentos particulares. No todos tocan igual ni reproducen necesariamente cada nota, pero la convergencia de sus coberturas termina componiendo una melodía reconocible: un Gobierno que presenta sus decisiones como avances, sus indicadores como éxitos y sus promesas como pruebas de una imperfecta transformación social en marcha.
Este fenómeno no se cuestiona únicamente desde las filas de la oposición derechista, sino de forma cada vez más articulada y contundente desde sectores a su izquierda, sindicatos de clase y movimientos sociales como la acampada por la vivienda y los movimientos propalestinos, que denuncian cómo los medios “progresistas” tienden a presentar como transformaciones estructurales y éxitos legislativos medidas que, en la práctica, resultan ser intervenciones tibias, campañas de imagen pública o directamente medidas regresivas enmascaradas.
La pesoizada ha trascendido también las fronteras del Estado español, proyectando internacionalmente la imagen de Sánchez como “referente progresista”, como se puede apreciar en numerosas entrevistas concedidas a medios internacionales [Aquí desmentimos las declaraciones de Sánchez ante The Wall Street Journal].
El mito del “crecimiento económico”
Uno de los ejes donde más se nota el dispositivo mediático del PSOE es en el relato económico. Bajo la consigna repetida en las comparecencias del Palacio de la Moncloa de que la economía española “crece más que la de nuestros vecinos europeos” o “va como una moto”, los boletines de RTVE y las portadas de El País abren con frecuencia sus ediciones destacando el crecimiento del PIB o los datos cuantitativos del empleo suministrados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Sin embargo, este despliegue editorial suele omitir o relegar a un segundo plano la realidad económica de la clase trabajadora. Los informes periódicos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social o del INE revelan que la inflación desbocada en la cesta de la compra, la dificultad creciente de acceso a la vivienda y el encarecimiento de los carburantes y otros suministros han erosionado gravemente el poder adquisitivo real. Al asumir la narrativa de la bonanza macroeconómica sin analizar la precarización laboral, el peso de los contratos parciales o la proliferación de la figura del trabajador pobre, estos medios actúan como altavoces de una “victoria gubernamental” que no se corresponde con las condiciones de vida reales de la mayoría social, lo que genera resentimiento en la clase trabajadora, resentimiento que luego capitalizan el PP y Vox.
“La legislatura de la vivienda”
El ámbito de la vivienda ofrece otro ejemplo ilustrativo de esta dinámica de propaganda compartida. Durante las sucesivas prórrogas de los “decretos sociales” desde la crisis pandémica hasta la actualidad, cadenas como RTVE o portales como InfoLibre han titulado de forma categórica anuncios gubernamentales como la “prohibición de los desahucios a personas vulnerables”. Este titular oficialista es reproducido casi como una verdad incontestable, ignorando de manera sistemática las advertencias de organizaciones del movimiento de vivienda. La realidad sobre el terreno, documentada por los propios datos del Consejo General del Poder Judicial, muestra que miles de lanzamientos continúan ejecutándose cada trimestre en el Estado español. Las excepciones contenidas en la propia norma, la falta de alternativa habitacional “obligatoria” para grandes tenedores en numerosos supuestos y la lentitud administrativa hacen que la presunta “prohibición” sea una moratoria llena de agujeros legales que benefician a los rentistas y los fondos de inversión. Pese a ello, la cobertura mediática afín prefiere enfatizar la aparente “vocación protectora” del gabinete de Pedro Sánchez.
El anunciado “embargo de armas a Israel”
En materia de política exterior, el sesgo de cobertura adquiere tintes de mentira descarada a raíz de la guerra en Oriente Medio y el genocidio contra el pueblo palestino. A lo largo de 2024 y 2025, declaraciones del Presidente del Gobierno y de la cartera de Asuntos Exteriores asegurando que Moncloa había decretado un “embargo total de armas a Israel” fueron saludadas con grandes titulares en El País, RTVE y otros medios afines como si fueran una especie de “hito de la diplomacia progresista”. No obstante, investigaciones de organismos independientes como el Centre Delàs o la red Solidaridad Contra la Ocupación de Palestina demostraron mediante registros del portal de comercio exterior que continuaron ejecutándose licencias de exportación e importación de material militar previamente autorizadas, además de permitirse el tránsito por puertos y espacio aéreo español de barcos y aviones con carga armamentística con destino al ejército israelí. En lugar de profundizar en estas realidades y exigir responsabilidades sobre el cumplimiento efectivo del embargo, casi todos los medios alineados con la línea gubernamental, a excepción de elDiario.es con sus investigaciones de Olga Rodríguez, han apostado por poner el foco en los discursos solemnes de Sánchez en los foros internacionales, ofreciendo una cobertura indulgente que protege el pretendido “perfil pacifista” del PSOE sin fiscalizar los hechos concretos.
La consecuencia de esta práctica periodística es que se consolida un espacio comunicativo y un sentido común donde el discurso del Gobierno se confunde con la realidad objetiva. Esta falta de distancia crítica termina desarmando el debate político y generando sumisión e idiotización, pues genera la ilusión de que los grandes problemas sociales y económicos ya estarían siendo resueltos por la vía legislativa, mientras las causas estructurales de la desigualdad, la especulación inmobiliaria y el gasto militar van de mal en peor bajo el amparo del “mal menor”, sus medias verdades y sus mentiras.