El comunismo marroquí frente a la monarquía alauí
Historia del movimiento comunista en Marruecos, desde el PCM, fundado en 1943 y posteriormente ilegalizado y reconvertido en el PPS, hasta Vía Democrática Obrera, que hoy mantiene viva la tradición marxista.
El movimiento comunista de Marruecos hunde sus raíces históricas en los círculos de debate que surgieron en las fábricas y minas del Protectorado francés a principios de los años veinte, impulsados por trabajadores y militantes franceses vinculados al Partido Comunista Francés (PCF). En este contexto organizativo, la Guerra del Rif (1921-1926) generó una ola de solidaridad internacionalista, pero la implantación local del marxismo fue reducida y estuvo sometida a una represión constante por parte de las autoridades coloniales.
Durante el período de entreguerras y la estrategia del Frente Popular francés se publicaron periódicos como Clarté y Maroc Rouge. La figura central en la estructuración de las primeras células comunistas fue Léon René Sultan, un abogado judío argelino de nacionalidad francesa. Los grupos se disolvieron oficialmente al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, aunque se reorganizaron en la clandestinidad. El Partido Comunista Marroquí (PCM) se fundó formalmente en noviembre de 1943, a partir de estos grupos preexistentes desde 1920, con Léon Sultan como primer secretario general. Tras su muerte en 1945, la dirección pasó a Ali Yata, nacido en Tánger en 1920, que impulsó un proceso de “marroquinización” del partido: el paso de una base predominantemente europea a una mayoría musulmana y con liderazgo local. En sus primeros años, el PCM mantuvo posiciones contradictorias hacia el nacionalismo marroquí, al que llegó a calificar en ocasiones de “provocación fascista hitleriana”, por temor a que la independencia solo sustituyera el protectorado francés por la influencia estadounidense. Sin embargo, bajo la dirección de Yata, el partido se alineó con la lucha independentista: firmó el Manifiesto de la Independencia en 1944, celebró su I Congreso en abril de 1946 —con un llamamiento a la unidad por la independencia, las libertades democráticas y la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera— y publicó en agosto de 1946 el manifiesto “Por la unificación y la independencia de Marruecos”, que propugnaba la formación de un frente nacional. En 1946, el sultán Mohamed V recibió a dirigentes del PCM, lo que otorgó al partido cierto reconocimiento. Los comunistas también participaron en la resistencia armada contra las autoridades coloniales francesas entre 1953 y 1956, y sus publicaciones principales fueron Hayat ech Chaab y Al-Mukafih. Los judíos marroquíes —Léon Sultan, Edmond Amran El Maleh, Abraham Serfaty, Simon Lévy, entre otros— tuvieron un protagonismo muy destacado en la militancia y la dirección del partido, que apostó por el antifascismo y la liberación nacional. La historiadora Alma Rachel Heckman ha documentado cómo estos militantes pasaron poco a poco de ser “judíos del sultán” a “comunistas del sultán”, y cómo más tarde el Estado marroquí los integró como símbolos de “convivencia”. Tras la independencia en 1956, el PCM reclamó la consolidación de la soberanía nacional, la evacuación de tropas extranjeras, nacionalizaciones, reforma agraria y mejoras sociales. Sin embargo, el nuevo poder monárquico no toleró la existencia de un partido que, aunque minoritario, representaba una oposición. El PCM fue ilegalizado en 1959-1960 con un decreto de suspensión que argumentaba su “incompatibilidad con el islam y la monarquía”. Sin embargo, el partido continuó operando en la clandestinidad. En julio de 1968 se refundó como Parti de la Libération et du Socialisme (PLS), que reconoció explícitamente la monarquía y el islam como religión de Estado para intentar legalizarse, pero fue prohibido de nuevo igualmente en 1969. En agosto de 1974, bajo el liderazgo de Ali Yata, se creó el Parti du Progrès et du Socialisme (PPS), que abandonó formalmente la nomenclatura comunista y se adaptó al sistema legal alauí. El PPS se convirtió en el heredero oficial del PCM y ha participado en la vida parlamentaria del régimen desde entonces, con resultados electorales que históricamente han oscilado entre el 2% y el 6% de los votos, e integrándose en coaliciones gubernamentales desde finales de los años noventa. La transformación del PCM fue completa: de partido revolucionario clandestino a socio posibilista del sistema. Ali Yata, que dirigió el partido durante cinco décadas, terminó apoyando la Marcha Verde en 1975 y las reivindicaciones territoriales expansionistas del régimen, alejándose definitivamente de cualquier posición revolucionaria. Sin embargo, los movimientos comunistas no desaparecieron en Marruecos. Paralelamente al proceso de integración del PCM/PLS/PPS surgió una corriente marxista-leninista revolucionaria. En 1970, un grupo de disidentes —entre ellos Abraham Serfaty y el poeta Abdellatif Laâbi— fundaron Ila al-Amam (“Adelante”), una organización clandestina que criticaba al PCM por reformista, promonárquico y por su insuficiente apoyo a causas anticoloniales como Palestina o el Sáhara. Ila al-Amam defendía la revolución popular, la república democrática y el derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental, con una fuerte implantación estudiantil a través de la UNEM. Esta organización fue duramente reprimida durante los “años de plomo”: sus militantes ufrieron detenciones masivas entre 1972 y 1977, torturas y muertes en huelga de hambre como la de Saïda Menebhi. Abraham Serfaty, ingeniero de origen judío, pasó 17 años en prisión y se convirtió en un símbolo de la izquierda revolucionaria marroquí. Ila al-Amam se disolvió progresivamente y en 1995 varios de sus exmiembros dieron origen a Annahj Addimocrati (Vía Democrática Obrera), legalizada en 2004. Esta formación opositora, que se define como heredera del movimiento marxista-leninista marroquí, sigue activa en la actualidad: celebró su sexto congreso en agosto de 2026, donde reafirmó su apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y su apuesta por “un Magreb de los pueblos, democrático y libre de tiranía”. Annahj Addimocrati mantiene sus principios marxistas, antifascistas y anticoloniales, ha boicoteado todas las elecciones celebradas desde su creación, está presente en el movimiento sindical, apoya las protestas juveniles e interviene en movimientos sociales más amplios. El movimiento comunista marroquí nunca alcanzó una base de masas comparable a la de los partidos comunistas europeos, pero su influencia se extendió al sindicalismo, la intelectualidad, las luchas anticoloniales y los debates sobre las libertades políticas y civiles en Marruecos. Su trayectoria ilustra las dificultades de implantar el marxismo en un contexto monárquico y postcolonial en el Sur Global.
Los debates centrales que han marcado al movimiento comunista en el país han sido la tensión entre nacionalismo e internacionalismo, la postura ante el islam y la monarquía, el papel de los judíos marroquíes en la “marroquinidad” y la estrategia de lucha, que atravesó desde la vía parlamentaria y las alianzas con la fuerzas democráticas hasta la lucha clandestina de Ila al-Amam y el trabajo de masas público de Vía Democrática Obrera bajo condiciones políticas restringidas.